El difícil oficio de la subsistencia

Sólo dos de los treinta miembros de la familia de Antonia y Enrique en edad laboral tienen empleos que cotizan a la Seguridad Social. La crisis ha cambiado los papeles: ahora son las mujeres las que, en gran medida, sostienen la economía familiar.

Familia de Antonia y Enrique

Parte de la familia, residente en el barrio de Cartuja. Por la izquierda, Mari, Úrsula y Antonia, con la nieta en brazos. A la derecha, Diego y Enrique. En el centro, Enrique hijo, con su prima Alba.

Cada sábado el piso de Antonia y Enrique, en la calle Conde de Torrepalma de Cartuja, acoge a la familia extensa: hermanos y hermanas, cuñados y cuñadas, sobrinos y sobrinas y una nieta a punto de cumplir su primer año. Con la excusa del café y el bizcocho preparado por Úrsula, una de las hijas del matrimonio, hablan de cómo ha ido la semana y de cómo ayudarse mutuamente.

Sólo 2 de los 30 miembros de la familia en edad laboral tienen un puesto de trabajo y cotizan a la Seguridad Social, comenta Diego, hermano de Antonia y en paro desde 2009. La cifra es fácil de extrapolar a todo el barrio, donde los cálculos más conservadores apuntan a que la tasa de desempleo supera el 70%. En la Zona Norte hay muchos problemas estructurales, pero ahora mismo la sed universal se llama empleo.

Los cálculos más conservadores estiman que la tasa de desempleo supera el 70% de la población activa en la Zona Norte

La esposa de Diego, Tere, es afortunada. También el esposo de Úrsula. Los empleos de ambos no están relacionados con la construcción y eso, a juicio de Diego, es lo que los ha “salvado”. La construcción fue hasta hace bien poco el sector empleador del barrio. Incluso muchos jóvenes abandonaban los estudios para trabajar en la obra y ganarse la vida. Hasta que estalló la burbuja y el ladrillo se convirtió en un lastre.

La crisis ha cambiado definitivamente los papeles. Las mujeres del barrio siempre procuraban trabajos extradomésticos para aportar un dinerillo a la de por sí débil economía familiar. Pero ahora ese dinerillo es el sostén de los hogares y a duras penas.

Antonia, sin ir más lejos, empezó a limpiar dos o tres casas a la semana en el año 2000. Para entonces, la familia decidió mejorar, cambiar a un piso a 100 metros del que tenían (la ‘prosperidad’ en este barrio de Granada a veces está a escasos 100 metros) y se metieron en una hipoteca. No tenían para grandes cosas, pero se las arreglaban.

Las mujeres sostienen a duras penas la economía familiar limpiando casas a razón de 10 euros por hora

En 2009 Enrique quedó en el paro y, tras agotar los 10 meses de prestación que tenía acumulados, no ha encontrado otra alternativa que el subsidio por desempleo para mayores de 52 años: “ni una sola oferta de empleo en casi dos años”, asegura. Al inconveniente de la edad, suma otro de mucho peso: vivir en el Polígono. “Cuando dices de dónde eres ni siquiera te llaman”, comenta.

La dos o tres casas que limpiaba Antonia se han tenido que multiplicar por cinco. “Hay días que salgo a las 7.30 de la mañana y regreso a las 7 de la tarde”, explica la ahora cabeza de familia, que ha cedido a su marido el control de los trajines domésticos. Úrsula, que trabajaba en una tienda hasta que quedó embarazada y la despedieron, asiste al padre en estas labores, al tiempo que cuida de su casa y de su hija, Nayara, a punto de cumplir el año de nacida.

Un bastón y una esperanza

El otro bastón de la familia es Bea. Tiene 26 años y limpia en una tienda del barrio. Una parte de lo que gana lo aporta a la economía del hogar y con la otra intenta ayudar al resto de la familia, como a su tía Mari, que tiene que sacar adelante dos hijos con el marido en paro también desde 2009 y con la prestación por desempleo agotada.

“A mis hijos los visten y calzan mis sobrinas”, afirma Mari, que limpia también en dos casas donde cobra 10 euros por hora sin contrato. Vivir en un piso de protección oficial le ahorra la hipoteca, pero tiene que hacer frente al seguro del coche, las facturas y seguros y hasta a la vacuna del niño, que es alérgico. “No sé ni cómo me las arreglo”, dice.

La esperanza de la familia se llama Enrique, como el padre. Tiene 21 años y acaba de hacer un curso en Cruz Roja de Animador de Ocio y Tiempo Libre. Antes hizo otro de Primeros Auxilios. “Ahora voy a hacer prácticas y dicen que es algo que tiene mucha demanda”, asegura.

En la Zona Norte el paro es una cifra indecente que tiene miles de rostros e historias. ¿En tu familia hay una situación similar? ¿Quieres compartirla con nosotros?

Comentarios en este artículo

  1. […] Con velas y en silencio. El movimiento 15M en la Zona Norte inauguró ayer el ‘encendido’ del Corpus bajo la pancarta ‘que sea delito dejar a una familia sin recursos’. Se trata del primer acto reivindicativo del movimiento aprobado en una de las asambleas con vecinos del distrito, donde “hay miles de familias” en situación de desamparo y donde la tasa de desempleo ronda el 70%. […]

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