El abandono de una mina de oro

Lancha del Genil alberga un yacimiento de este mineral precioso ligado a personajes históricos como el galerista de Van Gogh, que lo explotó hasta su muerte. Un pasado minero olvidado por la política, aunque objeto de estudios.

lancha del genil

Fábrica de lavado de oro de Lancha del Genil’.

El esqueleto de una fábrica de lavado de oro, construida hace más de un siglo y semiderrumbada por el paso del tiempo y los saqueos, guarda entre sus muros el olvidado legado minero del Hoyo de la Campana, en Lancha del Genil, donde la fiebre del oro que contagió a Granada a lo largo del XIX encuentra uno de sus exponentes. Las huellas de este capítulo de la historia del barrio se hunde entre los vestigios de galerías subterráneas y canales que rodean el yacimiento aurífero, también explotado durante la época romana: los túneles sellados conducen al empeño del franquismo por liquidar posibles refugios para los maquis; los que escaparon a la sepultura de la dictadura, aún transitables, atesoran el pasado vinculado a este mineral precioso; y los convertidos en gallineros y cochiqueras recuerdan el “abandono” del que es víctima en la actualidad esta mina de oro, objeto de estudio, sin embargo.

mina de oro lancha del genil

Jesús Luis García Pulido, con una de sus obras dedicadas a la mina.

Entre los expertos que han ‘excavado’-teóricamente hablando- en la memoria de este yacimiento, situado a espaldas de la Alhambra, se encuentra Luis José García Pulido, investigador postdoctoral del Laboratorio de Arqueología y Arquitectura de la Ciudad. Parte de su tesis, centrada en el análisis evolutivo del Cerro del Sol, aborda la historia de esta mina, en cuyos pasajes se cruzan célebres personajes de del siglo XIX como Eugenia de Montijo o el industrial francés y galerista de Van Gogh, Adolphe Goupil, que trató de extraer el oro de la zona en los últimos años de su vida.

Dada la “necesidad de conservar” este yacimiento ante su importancia arqueológica e histórica, García Pulido ha intentado promover su declaración como Bien de Interés Cultural con la tramitación de su expediente. No obstante, tuvo que aparcar este punto, que se muestra dispuesto a completar de haber interés institucional en su protección.

Requesens: “Aunque muchos creen que los terrenos pertenecen actualmente al Ayuntamiento, lo cierto es que los adquirió Ávila Rojas, lo que ha dificultado que se impulse alguna iniciativa pública”

Según explica, la antigua fábrica de oro, hoy día propiedad del constructor Ávila Rojas, combina técnicas arquitectónicas locales y francesas –incluso contiene hormigón que en el momento de su construcción casi no se empleaba España. Sus peculiaridades convierten el edificio industrial levantado por Goupil en un bien singular. Poco queda, sin embargo, de su antiguo esplendor. Varios graffitis, algunos con el sello inconfundible del Niño de las Pinturas, embellecen sus ennegrecidos muros, escenario además de performances artísticas no hace mucho, como evidencian restos de cordeles colgantes que, en su momento, se intuye, complementaron las obras de spray formando figuras geométricas y hoy parecen haber salido de alguna escena ritual de True Detective.

No lejos, distintos túneles se hunden en la tierra. “Estamos tratando de diferenciar qué galerías tienen un origen histórico, ya sea por la guerra civil, la de la independencia contra los franceses o la de los moriscos, y cuáles se deben al pasado minero de la zona”, indica García Pulido, que estudia su diferenciación con Antonio González, de la Unidad de Granada del Instituto Geológico y Minero de España (IGME) y la Asociación de Espeleólogos Velezanos.

Para su tesis, el investigador ya llevó a cabo la prospección en superficie y subterránea de las galerías que se adentran en la mina. En su exploración lo acompañaron policías de la Unidad Especial de Subsuelo y Protección Ambiental, responsable de examinar los túneles de la ciudad para garantizar su seguridad y descartar cualquier artefacto explosivo. “Debíamos tener sumo cuidado al recorrer los túneles porque pueden albergar gases tóxicos, se pueden producir desprendimientos, etc.”, advierte el investigador, que ha dedicado a esta mina –y otras que pueblan la orografía granadina- su obra ‘El oro aluvial en la provincia de Granada: desde la minería hidráulica romana hasta las últimas tentativas de explotación del siglo XX’. El libro, editado por la Fundación Ibn al-Jatib, el Ayuntamiento de Loja y la Diputación, se publicará online “en breve”.

Los viajes del arquitecto al ‘inframundo’ aurífero de Lancha del Genil desmontan una de las leyendas más extendidas del barrio, donde circula la tesis errónea de que alguno de estos conductos conducían a la Alhambra.

En el barrio existe la extendida (y errónea) tesis de que algunos de los túneles de la mina conducen a la Alhambra

Más allá del mito, las galerías despiertan gran interés turístico. Más de 500 personas han recorrido ya sus túneles gracias a las rutas que organiza el periodista César Requesens, fundador de la Asociación Pura Vida y de Granada Secreta y Subterránea, que colabora actualmente en el Taller en Busca del Oro de Granada de la Casa de Porras.

Este curso muestra la historia y geología ligada a este mineral, además de enseñar a sus alumnos a batear en el río Darro, donde los buscadores de oro hacían cola a mediados del XIX. Fue en este siglo cuando la mina de oro de Lancha atrajo a distintos “personajes con biografías interesantísimas”, señala el periodista, que espera poder publicar en otoño un libro sobre este asunto. Y es que el mismísimo galerista de Van Gogh explotó la mina después de que Eugenia de Montijo le vendiera sus acciones en 1880, cuenta Requesens. Su ingeniero jefe, Guillemin Tarayre, que había aprendido los métodos de extracción de la Baja California, entonces parte de México y perteneciente a Francia, implementó estas técnicas en Granada. El método consistía en conducir grandes cantidades de agua hasta la montaña para hacerla deslizarse. “Tardaron una década en construir las canalizaciones y conseguir los permisos necesarios, ya que se enfrentaron a numerosos pleitos de los regantes de la zona por la cantidad de agua que necesitaban, principalmente, pero también por la toxicidad del mercurio, que se usa para amalgamar el oro”, cuenta García Pulido. “400 personas trabajaron en la obra para llevar agua desde Quéntar”, añade el arquitecto. Con los años, el Ayuntamiento terminaría adquiriendo esta infraestructura hidráulica, que hoy día forma parte de la red de Emasagra y se conoce popularmente como ‘el canal de los franceses’ por su origen.

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Debido al tiempo que tardó en iniciar la explotación, Goupil solo llegó a extraer oro durante pocos años antes de su muerte en 1893, con lo que no recuperó la fortuna que invirtió. Parte de su oro lo empleaba para “aumentar la calidad de las litografías con las que comenzó a reproducir obras de arte destinadas a aquellos que no podían costear el original”, indica Requesens. De hecho, el empresario fue de los primeros en hacer “algo parecido a las postales de hoy día”, informa García Pulido, por su parte.

La mina fue cambiando de manos hasta que los derechos de explotación se extinguieron en 1942. Una multinacional canadiense trató de retomar la extracción en la década de los 70, pero obtuvo informes desfavorables por la cercanía de la Alhambra, del propio barrio y la contaminación ligada al mercurio. “Según dicen los terrenos los llegó a adquirir por 200 pesetas un temido cacique del barrio al que apodaban Platero”, detalla Gerónimo Palma, integrante de la asociación de vecinos de Lancha del Genil que también ha profundizado en la historia del yacimiento, refugio de los Hermanos Quero tras la Guerra Civil, cuentan.

“Aunque muchos creen que los terrenos pertenecen actualmente al Ayuntamiento, lo cierto es que los adquirió Ávila Rojas, lo que ha dificultado que se impulse alguna iniciativa pública”, señala Requesens. Tanto el periodista como García Pulido son partidarios de crear un centro de interpretación en las ruinas de la fábrica de Lancha del Genil, cuyo entorno podría transformarse en un parque geominero similar al de las Médulas, en León. Un proyecto que atraería turismo y que cada uno por su parte ha presentado a partidos de todo signo, aunque sin éxito.

“El olvido de este paraje es una metáfora perfecta de lo que sucede en esta ciudad, con una mina de oro literalmente abandonada”, denuncia Requesens. Y, aunque “los políticos parecen no ser capaces de verlo”, en el Hoyo de la Campana sí es oro (piritas aparte) todo lo que reluce.

Comentarios en este artículo

  1. Buenas tardes. Acabo de leer el artículo sobre la mina de oro de Lancha del Genil y hay una información que no es del todo correcta, el lebrillo es otra instalación, con forma de lebrillo muy grande, en la que los niños nos metíamos para jugar dando carreras dentro de él.
    Muchas gracias. Saludos.

    Cati Herrera Guzmán
  2. Gracias por la matización Cati! Corregimos el dato. Saludos!!

    GranadaiMedia
  3. Muy interesante la informacion del proyecto de hacer un parque temático cultural sobre la Mina de Oro de Granada.
    gracias a los que han trabajado desisteresadamente en ese grab proyecto

    Mercedes Moll

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