Absuelto el profesor acusado de pintadas

El juez de lo Penal 5 de Granada, Miguel Ángel Torres, no tiene la «certeza absoluta» de que J. O. T. sea el autor de las pintadas obscenas.

El profesor de la UGR, de espaldas, pasea con su perro por el Albaicín.

El profesor de la Universidad de Granada, acusado de realizar pintadas obscenas en el barrio del Albaicín, ha sido absuelto de un delito de daños contra el patrimonio histórico al no tener la «certeza absoluta» de que haya sido el autor, según la sentencia del juez de lo Penal  5 de Granada, Miguel Ángel Torres, a la que ha tenido acceso Granadaimedia. El fiscal y la acusación personada en representación de la Junta de Andalucía solicitaban dos años de cárcel y una multa de 450 euros.

El juez concluye que no existe la «certeza absoluta del hecho», sin embargo  considera «con casi toda probabilidad» que una de las testigos «dice la verdad» y no descarta que el acusado «haya realizado las lamentables pintadas». Al no existir pruebas concluyentes y sí «versiones contradictorias», resulta «obligado, ante la duda, dictar sentencia absolutoria».

Miguel Ángel Torres no ve del todo verosímil el relato de los dos vecinos que declararon durante el juicio y que dijeron haber sorprendido al profesor ensuciando las fachadas de varios inmuebles. Tampoco el acusado, según el magistrado, reúne el perfil del típico gamberro grafitero pues «se trata de una persona de 67 años de edad, en el momento de los hechos, y profesor universitario».

Para el juez, el relato del primer testigo, que solicitó por temor declarar tras una mampara, no destacó «por su firmeza, mostrándose dubitativo y nervioso» y tampoco fue «especialmente rotundo en sus apreciaciones» ni en los detalles, puesto que «no puede decir, si cuando vio los supuestos hechos, era de día o de noche». Entiende el magistrado que el vecino no concreta de qué manera se realizaban las pintadas pues, en el juicio, afirmó que el acusado «podía tener un rotulador en la mano y que llevaba un palo para poder pintar más alto». También le resulta extraño que los dos testigos no intervinieran, si lo pillaron ‘in fraganti’, dado que, en el caso de una de los testigos, iba acompañada de otras dos personas, y el procesado presenta «una edad avanzada y escasa corpulencia«.

No obstante, el juez sí ve «contundente, lógica y verosímil» la declaración de la segunda testigo, aunque «no alcanza la total certeza de que lo que ella manifiesta sea cierto». En el juicio, ella sostuvo que había otros testigos que por temor se habían negado a declarar. Aunque vio al acusado que llevaba un pincel y una lata de pintura y que iba acompañado de su perro, ni le llamó la atención ni lo denunció a la Policía.  La decisión de denunciarlo ante la Fiscalía vino tras una posterior reunión en  la asociación de vecinos. Esta actitud, según el juez, «genera dudas en tanto que no parece lógico que la testigo dejara al acusado realizar sus pintadas sin más, sin acercarse al mismo, sobre todo cuando iba acompañada de otras dos personas».

Otro dato que para el juez no pasa desapercibido se refiere a la «mala relación» entre el acusado y el entonces presidente de la asociación, la persona que presenta la denuncia ante la Fiscalía en nombre del colectivo vecinal y que aporta, entre otros documentos, «un panfleto poético» atribuido al acusado. El magistrado echa en falta que no se personara como testigo. Lo cierto es que entre la documentación que la asociación entregó a la Fiscalía se encontraba un reportaje fotográfico con más 200 pintadas que, por sus características, le atribuían al profesor.

En su declaración, J.O.T.  se presentó como víctima de una persecución e incluso dijo temer por su vida. Negó los hechos que se le imputan y, aunque confesó conocer las pintadas -”todo el mundo las puede ver. Imagínese, toda una enciclopedia“- dijo no recordar su contenido.

Para el juez no existen elementos objetivos de que el acusado haya sido el autor pues, de los cuatro testigos, sólo comparecieron dos y sus testimonios no fueron concluyentes y presentan «contradicciones» en ausencia, dice el juez, de «testigos imparciales» que otorguen mayor credibilidad.

Se refirió al glaucoma ocular crónico que le ha ocasionado una pérdida de visión, lo que le obliga a seguir un tratamiento y le impide salir de casa por las noches. “Tengo una perra lazarillo por mi falta de visión”, puntualizó el profesor, quien afirmó además tener problemas de movilidad tras sufrir una caída y producirse un esguince.

Se refirió a las tensas relaciones con la Asociación de Vecinos del Bajo Albaicín desde que se negó a ser miembro porque “tenía trabajo en la Universidad como para estar pendiente de ciertos comadreos de barrio”. Incluso aseguró haber interpuesto denuncia contra alguno de sus miembros por reproducir en la web vecinal la noticia sobre el decreto de Fiscalía que le imputaba un delito por daños al patrimonio. Este extremo, al igual que la supuesta animadversión hacia él, ha sido negado por los vecinos.

(20-7-2011)

Comentarios en este artículo

  1. Si eres profesor universitario y poeta
    pintorrear el barrio del Albayzin
    no te cuesta ni una peseta.

    Carmen

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