Arte contra los desalojos

Para Antonio Benítez, pintor autodidacta del Zaidín, el arte se ha transformado en un modo de expresión desde que una amnesia temporal le arrebató parte de sus recuerdos. Precisamente para impedir que los embargos caigan en el olvido ha donado dos de sus lienzos a Stop Desahucios, que organizará una rifa para conseguir fondos.

Antonio Benítez, pintor autodidacta del Zaidín.

Antonio, junto a uno de sus bocetos, en el salón de su casa.

Resultaría difícil saber las veces que su pincel ha dibujado el perfil de la Alhambra, los detalles que se distinguen en el horizonte de la ciudad o los recodos más insospechados de las calles del Albaicín… Porque para Antonio Benítez, pintor autodidacta del Zaidín, el arte se ha transformado en un modo de expresión desde que un accidente le arrebató parte de sus recuerdos. Precisamente para impedir que  los embargos que sufren muchas familias caigan en el olvido ‘Moni’, como lo llaman sus conocidos, ha donado dos de sus lienzos del monumento nazarí a Granada Stop Desahucios, que organizará una rifa para conseguir fondos.

La afición de Antonio por la pintura nació siendo un niño. Entonces no había personaje de ficción o viñeta de tebeo que se resistiera a su lápiz. Con apenas 10 años se vio obligado, sin embargo, a dejar atrás su infancia, los estudios y la pintura para comenzar a trabajar, cuenta este artista, que se trasladó al Zaidín siendo muy joven, tras contraer matrimonio.

Obras de Antonio Benítez.

Algunos de los paísajes urbanos pintados por Antonio.

“Nos casamos en casa de mi padre, una de las primeras viviendas que se construyeron en el barrio, concretamente en Santa Adela, donde empezamos nuestra vida en común”, relata Encarni, su esposa. Juntos retratan con palabras el barrio de principios de los 60. “No había nada… pero el Zaidín era precioso. Toda la zona estaba rodeada de Vega. En esa época nadie cerraba la puerta de su casa. Los vecinos formábamos una gran familia y, aunque la pobreza era extrema, no se pasaba hambre porque nos ayudábamos. Solo había dos tiendas en los bajos de unas casas, a las que se accedía por las ventanas. Íbamos a lavar al río, sacábamos las sillas a la puerta todos los veranos y el día de la Cruz decorábamos todas las casas juntos”, resume el matrimonio con cuatro pinceladas.

Aquella estampa bucólica cambió radicalmente en los 80, cuando aquello de “Zaidín, ciudad sin ley” se impuso en el barrio hasta bien entrados los 90. “Se creó un gueto donde residíamos. A la zona la llamaban entonces el barco velero porque los edificios se asemejaban el perfil de un navío”, señala Antonio, al que todos respondían con exclamaciones de sorpresa (no grata, se entiende) cada vez que daba a conocer su lugar de residencia.

Antonio Benítez muestra una de las obras que ha pintado recientemente.

Antonio Benítez muestra una de las obras que ha pintado recientemente.

“Como ahora, sufrimos una gran crisis. Teníamos que ir al Banco de Alimentos para sobrevivir. Además una de nuestros cuatro hijos enfermó y el tratamiento contra la polio costaba mucho más de lo que ganaba “echando muchas horas por un puñado de higos secos”, ironiza haciendo alusión a una precariedad “de sobra conocida actualmente”.

Cuando la vida empezaba a ‘sonreír’ con un empleo en Cervezas Alhambra, un accidente a la salida de la fábrica –una moto atropelló a Moni- hizo que la realidad de la familia superase la ficción de cualquier guión cinematográfico. “Desperté tras un tiempo en coma y no recordaba absolutamente nada, ni siquiera a mi mujer o mis hijos”, confiesa el pintor, que aún hoy no ha logrado recuperar muchos de los recuerdos perdidos.

Óleo de una calle del Albaicín, de Antonio Benítez.

Óleo de una calle del Albaicín retratada por el pincel de Antonio.

Aquella época en la que experimentó su propio ‘A propósito de Henry’ o ‘Todos los días de mi vida’, sintiéndose ajeno a todo, sobre todo a sí mismo como los protagonistas de ambas películas, “lo cambió para siempre”. “Sufrió amnesia durante un año más o menos y nunca más ha vuelto a ser el mismo. Antes del accidente era más extrovertido y tenía un carácter muy fuerte”, describe Encarni, con el beneplácito del aludido, hoy día muy perfeccionista –“podría haberlo hecho mejor”, se dice siempre que finaliza una obra-, y más reservado.

Tras el accidente también se perdieron, en parte, las palabras. “Ahora prefiero escuchar y observar, por eso he encontrado en la pintura un lenguaje único, una herramienta de expresión de incalculable valor. Cuando se acaban las palabras, aun queda el arte para seguir diciendo”, reconoce Antonio, cuyos óleos y plumillas han resultado terapéuticos.

“Me olvido de todo mientras pinto y todo lo he aprendido experimentando”, señala este artista nato, que nunca ha intentado vivir del arte, aunque ha vendido muchas de sus obras sin proponérselo, “la mayoría en la Redonda”, mientras trabajaba como portero en un edificio. Entonces aprovechaba el tiempo libre creando en el cuarto de contadores, convertido en estudio improvisado. “Los inquilinos y sus conocidos me hacían muchos encargos al observar mis pinturas. Uno me pidió que le hiciera la réplica de un conocido artista para regalarla. Cuando acabé lo colgó junto a su original, que había sobrepasado el millón de pesetas, y me llamó para ver si sabía cuál era el que yo había hecho. A primera vista incluso para mi resultaba difícil distinguirlos”, subraya Moni, que aún no ha podido cumplir su sueño de exponer sus obras.

Óleo de la acera del Darro, de Antonio Benítez.

Óleo de la acera del Darro, de Antonio Benítez.

“Me lo propusieron en varias ocasiones, pero tenía que costear el importe de los marcos para los cuadros, algo que no nos podíamos permitir”, indica el pintor, que desde su jubilación dedica la mayor parte de su tiempo a dar vida a distintos paisajes urbanos sobre lienzo o papel. “Suelo visitar todas las exposiciones que se celebran en Granada. Cuando alguna obra me impacta consigo el folleto para reproducirla”, cuenta Antonio, que ha transformado el caballete en un elemento más de su hogar.

“Moni, tú pinta mucho, que así nos calentamos”, suele repetirle su hija cuando sobrepasa las cinco horas seguidas pincel en mano (prácticamente a diario). Con sus palabras hace un guiño a lo mal valorado que está el arte, explica su padre que, aunque conforme con la afirmación, ha encontrado en ‘el arte por el arte’ un medio de expresión incalculable, así como una original forma de recaudar fondos contra los desahucios.

(11/04/2012)

Comentarios en este artículo

  1. […] Precisamente en apoyo a las víctimas de desahucios, Antonio Benítez, pintor autodidacta del Zaidín, ha donado dos de sus obras a Granada Stop Desahucios, que organizará una rifa para conseguir fondos. Lo cuenta Lorena Moreno para GranadaiMedia. […]

    con la boca tapada | Granada despierta
  2. que ben pinta ese hombre se merece un premio bess

    Elias
  3. tio eres un crak hazme uno por mi mejor k picaso

    Elias

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