‘Ayuda Mutua’ contra el maltrato

La asociación de mujeres Ayuda Mutua del Zaidín asesora a víctimas de violencia de género y ofrece atención individualizada a personas con problemas sociales y familiares de distinta índole. Unas 18 alumnas aprenden corte y confección, entre otras habilidades, en uno de los talleres que impulsa el colectivo.

asociacion ayuda mutua

Taller de corte y confección del colectivo.

Tras años conviviendo con el miedo, Emilia Aguilar reunió el valor suficiente para romper las cadenas del maltrato. Con cinco hijos y “sin ayuda alguna” comenzó de cero. Esta dura experiencia animó a esta zaidinera de adopción a fundar una asociación para ayudar a otras víctimas de violencia de género. Así nació hace 16 años Mujeres Ayuda Mutua, un colectivo del Zaidín que además de prestar apoyo a quienes sufren esta lacra social, ofrece “atención individualizada para solventar problemas sociales y familiares de distinta índole”, explica Emilia. 

“Ninguna mujer debería atravesar sola la difícil separación de un maltratador. No quiero que nadie sufra lo que yo pasé. Y por eso lucho”, confiesa. 

Emilia Aguilar, asociación de mujeres Ayuda Mutua

Emilia Aguilar, fundadora de la asociación.

Con esta filosofía de base, la asociación celebra “reuniones periódicas para conocerse y compartir inquietudes”; charlas, coloquios y dinámicas de grupo “que permitan ampliar temas de interés común, adquirir estrategias para afrontar problemas y valorarse favoreciendo la autoestima”, además de cursos orientados a “salir de la monotonía realizando actividades lúdicas y de aprendizaje común que motiven a las usuarias”, detalla Emilia. 

Sus integrantes también comparten visitas culturales para conocer el patrimonio de la tierra y encuentros con distintos colectivos con los que intercambian y comparten intereses, agrega esta linarense de origen, rodeada de retales, lana, hilos y cuentas. En unas semanas –a veces varios días- estos materiales se transformarán en bonitos mantones de manila, bolsos de macramé, abalorios y todo tipo de originales prendas y accesorios gracias a la imaginación y habilidad de las 18 mujeres que participan actualmente en uno de los talleres del colectivo.

Dos veces en semana -lunes (10-12.30 horas) y miércoles (18.30 a 20.30 horas)- llenan una de las salas del centro cívico de ideas sobre posibles creaciones y mucho talento. 

Ninguna mujer debería atravesar sola la difícil separación de un maltratador

“El último curso fue de lectura y escritura. Ahora estamos inmersas en éste que combina manualidades, arreglos, corte y confección…”, indica la fundadora de Ayuda Mutua, que elige la temática de los cursos en función de los intereses y gustos de sus integrantes. 

Las artísticas artesanías que ahora confeccionan encierran, en algunos casos, dramas que en compañía lo son menos. Pero también incontables alegrías y momentos para el recuerdo. No en vano, la idea de fondo es compartir problemas para encontrar soluciones. A este particular intercambio se dedica personalmente Emilia tres días en semana (martes, jueves y viernes) en el hotel de asociaciones, donde presta asesoramiento individualizado (de 10.30 horas a 13.00 horas).

“Se pasan muy malos ratos porque sufres los problemas de los demás, pero no me importa. Dejo los míos en la puerta para enfrentarme a los ajenos”, refiere.

Con este propósito oye cada caso concreto y ofrece información sobre ayudas, pisos de acogida y recursos a los que pueden recurrir las mujeres que sufren maltrato, cuya principal dificultad hoy día pasa por encontrar trabajo en la mayoría de los casos, advierte Emilia, con un hombro también dispuesto para las personas mayores, a las que asesora en tramitaciones de pensiones, el botón, etc.

Su dedicación a los demás la alterna con sus estudios en la Facultad de Mayores, donde cursa seis asignaturas (Anatomía, Arte y Creatividad, Derecho Penal, Historia e Historia del arte) con la intención de “transmitir estos conocimientos” a las interesadas del colectivo, pero también para ampliar su formación.

El talante inquieto y decidido de Emilia, de 71 años, no se queda ahí. Angustiada con la idea de que muchas familias del barrio pasan hambre, suele sacar las ollas tamaño XL que guarda en casa y cocinar durante horas para después repartir –principalmente los fines de semana- hasta 15 raciones, carrito de la compra en mano, entre los hogares más castigados por la pobreza.

“Todo el mundo debería tener derecho a un plato caliente sobre la mesa. Eso me enseñaron mis padres”, resalta esta “zaidinera y socialista de corazón” -milita en el PSOE desde hace 50 años. Por eso sigue luchando por esa necesaria ‘ayuda mutua’ para aquellos que no tienen nada, confiesa.

(28/10/2013)

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