Botellón con vistas

Muchos jóvenes sucumben a la tentación de disfrutar de un botellón con vistas desde los miradores del Albaicín. Detractores y simpatizantes están llegando a un punto de encuentro donde se premia el respeto sin penalizar este hecho, que prohíben las ordenanzas municipales.

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San Nicolás, Carvajales, San Miguel Alto o Puerta de Monaita. Cada año, cientos de jóvenes suben a ciertos puntos de la ciudad, en particular del Albaicín, a contemplar las vistas que ofrecen las alturas. La hora mágica, que tiene lugar desde el crepúsculo hasta la llegada de la noche, suele ser el momento preferido de los asiduos a estos miradores. Ese sentimiento adictivo de infinitud.

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Dos jóvenes beben cerveza en el techo de la Puerta de Monaita. Foto: Leo Rama

“Un mirador es el sitio más idílico y encantador, pero no es el lugar más apropiado para ir a beber”, cuenta Regina, una malagueña que estudia en Granada. Considera que “la gente no sabe distinguir entre los miradores y acaba deteriorando lugares importantes, como la muralla zirí”. El patrimonio urbano suele presentar desperfectos cuando se frecuenta, lo cual molesta a los vecinos. Precisamente allí, en la Puerta de Monaita –parte de la muralla zirí- pueden encontrarse multitud de firmas garabateadas con grafiti, o botellas de vidrio ya escanciadas.

El botellón con vistas es un tema candente en el barrio. Aunque han quedado atrás las grandes congregaciones de jóvenes, sigue trayendo cola. Durante los últimos meses, el Huerto del Carlos ha sido el foco de las miradas después de que el Ayuntamiento decidiese su vallado. Esta ha sido la respuesta institucional a las quejas de unos vecinos hartos de ruidos, suciedad y pintadas. Hace unos meses ya protestaron en el Huerto del Carlos ante el estado que presentaba el único parque infantil del Albaicín, aunque las súplicas vienen de largo y la campaña del Ayuntamiento por preservar de botellones el barrio patrimonial parece haber dado resultado. No son pocos los jóvenes concienciados, como cuenta Lorena, de paso por Carvajales: “Mis amigos y yo siempre recogemos los desperdicios. No nos gusta que esto se quede mal. Entiendo a la gente que vive por la zona cuando se molesta, por eso procuramos no dejarlo sucio”.

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El Huerto del Carlos está en el punto de mira de los vecinos. Foto: Leo Rama

De manera casi ineludible, la relación entre el botellón y la delincuencia está presente en el imaginario colectivo. No es de extrañar que algunos vecinos aúnen conceptos y desvirtúen el beberse un litro de cerveza, confundiéndolo con el destrozo del patrimonio. Así ocurre con una residente del Lavadero de la Manchega, situado en la Cuesta Beteta: “Hay ruidos y botellazos los fines de semana. Suelen dejar la plaza muy sucia, pero ya está. No roban ni nada así”.

Pero no todos los vecinos del barrio se muestran enfrentados a esta práctica. A 20 metros de allí, en la Calle Zenete, vive Mª Ángeles Serrano desde hace 65 años. “Por aquí pasa gente todas las noches para ir a los miradores y me alegro mucho”, cuenta. Mª Ángeles, que dice echar de menos el bullicio de antaño, pero se muestra encantada con la situación actual: “Hay mucha más seguridad ahora. A mí no me molestan los que vienen”.

Miguel e Irene, que rondan la treintena, han vuelto a Granada para pasar unos días. Vivieron hace años en la ciudad, y durante aquel tiempo también subían a los miradores a beber cerveza. “Hace mucho tiempo que no lo hacemos porque ahora la economía nos permite ir de bares”, dice Irene, a quien le ha llamado la atención ver a extranjeros emulando esta práctica en el Mirador de San Nicolás, generando una estampa ya habitual. Es ahí, en San Nicolás, donde suben a beber de vez en cuando Paula y su pareja. A sólo 15 metros de la Policía Local, consumen copas tranquilamente sin importarles la presencia de los agentes: “Nosotros no hacemos nada malo”.

Sin ser muy conscientes de ello, parece que tanto detractores como simpatizantes están llegando a un punto de encuentro donde se premia el respeto sin penalizar este hecho. No hay que olvidar que está prohibido según las ordenanzas municipales, aunque goza de una relativa aceptación social, al menos de parte de los que lo hacen.

Comentarios en este artículo

  1. Esto claramente es un problema de civismo. Esta ciudad tan bohemia y cada día mas libertina. Cada día esta peor. Ahora vivo en Alemania y tendrán sus cosas; pero ésto no pasa. Hay unos señores por la ciudad paseando que se llaman ordnungdienst o algo así. Lo que significa servicio de orden. Si te saltas el semáforo de peatón o no respetas las normas con la bici, tiras un chicle al suelo o cualquier cosa te echan una charla moral de morirte y ademas te multan. Como debe de ser. Aquí falta algo así pero con una vara verde bien gorda. Aun recuerdo al «civico» italiano que molieron a palos en San Miguel y el articulo que le dedicaron. Imagino con motivo.

    Fernando M
  2. Ya pedimos hace unos meses en la junta de distrito camaras para estas zonas cada vez mas «calientes». Solicitamos la limpieza del mirador de la cruz de la rauda y una ueva placa. Vinieron a arreglarlo con los impuestos de todos. Y tres días duro limpio y sin grafitis. Ahora han pintado hasta el suelo. Y son los niñatos botelloneros y los bohemios de la zona cuevera que no quedan indiferentes con la expresion artística y poética tan burda. Lo vemos todos los dias. Policia = 0. Por eso se necesitan camaras

    Fernando M
  3. Estoy de acuerdo con Fernando M. y en todo lo que dice lo apoyo . A ver si llevando los cristales de las botellas a casa del ilustrisimo Alcalde se puede convencerlo en cambiar algo .. Habria que poner multas para este tipo de «civismo» y tambien para quien no recoje las cacas de los perros y entonces con ese dinero se pagaria la nueva policia .. a parte de criar nuevos puestos de trabajo .. Si pero policia con «cojones» : que trabajan de verdad y no a los jilipoyas que tenemos … que miran y con la porra en su casa ( no la llevan ya ? ) no hacen nada sino solo tomarse un traguito en el bar de ronda .

    Alizarina

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