Ganivet, de ‘milla de oro’ a ‘milla de la caña’

La calle Ganivet ha pasado en poco tiempo de acoger tiendas de lujo a terrazas y restaurantes, además de varios pubs de moda. Pocos comercios tradicionales sobreviven, algunos contentos y otros molestos con el cambio.

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La calle Ganivet, otrora milla comercial de Granada, ahora alberga terrazas de bares y restaurantes exclusivos. Foto: GiM

En poco menos de dos años, la calle Ganivet ha pasado de albergar ‘la milla de oro‘ de Granada a ‘la milla de la caña’. La céntrica vía, conocida no hace tanto por tener el mayor número de tiendas de moda y joyerías de la ciudad en menos espacio, es ahora lugar de encuentro para las tapas, las cañas y las copas de vino, aunque sin haber cambiado el tipo de cliente, de alto poder adquisitivo.

En la antigua ‘milla de oro’ sí que sobreviven al menos tres joyerías, además de la tienda de antigüedades de la galería, pero entre ellas han aparecido estos últimos dos años varios establecimientos, algunos de ellos de vida breve. El comienzo de todo fue la polémica remodelación que convirtió la calzada en plataforma continua y eliminó los aparcamientos.

Rafael Echevarría, del Herbolario Ganivet, cree que «el acceso a los soportales ha sido la clave. Antes era una calle de aceras anchas en la que había acceso fácil a los comercios, pero la obra permitió que mereciese la pena poner terrazas. Además, como el comercio pequeño está en crisis, pues era fácil que llegasen los bares y restaurantes de cierto nivel adquisitivo. Y es una calle de paso».

Rafael no cree que sea «sólo cuestión de Ganivet. Hemos visto como las tiendas de ropa se iban a Recogidas y se convertían todas en grandes cadenas. Es el ciclo de la economía que nos ha tocado. Los grandes centros comerciales nos destrozan». En su caso, y tras 30 años en la galería ganiveteana «nos va muy bien, pero porque mantenemos a los clientes, que vienen a buscarnos directamente aunque estemos escondidos. Pero todos no han tenido las mismos circunstancias».

Lo cierto es que el corte se produce a las espaldas del Teatro Isabel la Católica, siendo la zona entre Correos y la esquina del teatro. Allí se acumulan Tinta Fina, La Platea, el Pinot Noir y La Castellana, aunque en la otra mitad permanece el Sibilare y los pubs Ganivet 13 y Artika. En construcción están varios pubs y restaurantes nuevos, aparentemente con sitio para todos.

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La Platea Téxun ha sido el último en llegar, pero en breve se incorporan nuevos establecimientos. Foto: GiM

El último en llegar ha sido La Platea Téxun, que apenas lleva seis meses. Carlos Rey, el gerente, explica que «ya llevábamos tiempo pensando en trasladarlos al centro, antes incluso de que Ganivet se convirtiera en una zona de restaurantes. Estar ubicados en el centro de una ciudad es una ventaja, y desde que estamos aquí hemos notado un incremento notable de clientes que también ha repercutido en la clientela de nuestro primer restaurante, La Platea Forum».

La mayor afluencia es de turistas porque «hay que tener en cuenta que tenemos en la calle un hotel importante«, pero también «gente de Granada, y la gente que se mueve en el Centro suele tener un poder adquisitivo medio-alto, como en casi todas las ciudades».

En el polo opuesto, veteranos desde el año 2000 en Ganivet y desde 1982 en Granada,  la Pizzería Mamma Rosa, también celebran el cambio. El gerente actual, Sebastián Borja, explica que hasta la transformación a zona de tapas «la idea es que a Ganivet se venía a comprar lo que sea y ya comías en cualquier otro sitio del Centro. Pero ahora está asumido que es un sitio para comer, así que nos trae más clientela. Aunque siempre hemos sido un sitio de paso, y tenemos nuestros habituales, sobre todo vivimos del turismo«.

Aunque no para todos los ‘antiguos’ ha sido un cambio a mejor. Juan, de la Administración de Loterías, ha notado «que las ventas disminuyen, porque pasan menos habituales. Los de toda la vida aguantamos regular, seguimos nosotros o Viajes Ecuador, o Juan Manuel el de la joyería, pero poco más».

Sobre todo notan «que ya no es calle de paseo para la gente de aquí, sino la extensión de los bares de calle Navas porque allí ya no cabían más». Juan lamenta «que la única política para la ciudad parezca convertirla en el bar más grande del mundo. Granada debería poder vivir de otras cosas aparte de ocupar la calle con terrazas».

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