Callejero de Granada en clave de sol

Antes de entrar en faena, un matiz importante: el callejero de Granada no dispone de un patrón de búsqueda que permita encontrar a todos los músicos que tienen una calle en la ciudad. No ocurre como en una base de datos en la que el usuario teclea una palabra en concreto -en este caso, músico– y ya le aparece un listado completo.

De manera que esto que sigue, aunque trata de ser una relación completa, no es exhaustiva. Es seguro que no están todos los que son. Pero, a falta de una información enciclopédica, puede resultar sugerente conocer algunas de las historias que están detrás de esas calles musicales granadina. Hechas las salvedades, comienza el recorrido.

Lo haremos por un granadino de pura cepa llamado Carlos Cano. Nacido el 28 de enero de 1946 en la Cuesta Rodrigo del Campo, en el barrio del Realejo, donde desde el año pasado hay una placa que recuerda ese hecho, comenzó su carrera profesional muy a finales de la década de los sesenta junto a otros ilustres locales como Enrique Moratalla o Juan de Loxa

Durante los setenta fue un cantautor al uso y lo que hacía estaba en la onda de lo que se conoció como canción protesta. Pero en la década posterior se abrió a muchas otras corrientes musicales como el bolero o las habaneras, género este último que, por cierto, le hizo ganarse muchas simpatías en Cádiz. Su famoso estribillo «La Habana es Cai con más negritos, Cai es La Habana con más salero» caló allí hasta el punto de que el coro de Julio Pardo, probablemente el más laureado en la historia de sus carnavales, grabó una versión con el artista. 

El revitalizador de la copla

Pero el nombre de Carlos Cano también va unido al de la copla, a la que quiso quitar el sambenito de ser un estilo excesivamente cañí y aliado del régimen franquista. Recreó clásicos como Pena, penita, pena y reivindicó el papel de cantantes, sobre todo femeninas, denostadas por parte de la izquierda. Falleció en 2000 y un año más tarde se inauguró una plaza a su nombre en su barrio del Realejo. 

Fachada de la casa donde nació Carlos Cano y placa conmemorativa. Foto: GIM

Pero más vinculación entre Cádiz y Granada sugiere el nombre de Manuel de Falla. El célebre compositor nació en la capital gaditana en 1876 pero desarrolló gran parte de su carrera artística en Granada, donde vivió desde 1919 hasta que terminó la Guerra Civil. En 1939 se trasladó a Argentina, donde falleció en 1949. 

No llegó directamente a Granada desde Cádiz. Antes había empezado a trabajar como músico en Madrid y París. Pero es innegable que lo que encontró aquí fue clave para su obra, empezando por su elenco de amistades: Federico García Lorca, Hermenegildo Lanz o Fernando de los Ríos, entre otros. En 1922 se instaló en una casa en la Antequeruela Alta que ahora es su museo. Poco más arriba está el auditorio que lleva su nombre, que fue inaugurado en 1978, destruido en 1986 por un incendio intencionado y reinaugurado un año después. 

Pero es que, además de todo eso, Falla también tiene una calle a su nombre. Muy céntrica además: perpendicular a Pedro Antonio de Alarcón y paralela a Recogidas. Manuel de Falla está considerado uno de los mejores músicos españoles de finales del XIX y principios del XX, junto a Isaac Albéniz (que tiene una calle en su honor cerca de la plaza de toros) y Enrique Granados (que la posee muy cerca del Camino de Ronda y a tiro de piedra del notable compositor de zarzuelas Federico Chueca).

Manuel de Falla tiene una calle y también un auditorio, del que en la imagen se ve el exterior. Foto: Lucía Rivas

Y aunque no es español, sí que murió en nuestro país el cubano Ernesto Lecuona, más conocido como Maestro Lecuona, un revolucionario del piano que no estuvo de acuerdo con otra revolución, la de su país de origen, Cuba. En Granada se le recuerda con una vía en el Distrito Ronda. 

Un tótem del jazz

En la reinauguración del auditorio Manuel de Falla actuó el pianista Tete Montoliú, nacido en Barcelona en 1933 y fallecido en esa misma ciudad en 1997. Considerado un grande del jazz, no sólo de nuestro país sino del mundo entero, y comparado con gigantes de la talla de John Coltrane, su vinculación con Granada, así en principio, sería más difusa. Nunca vivió aquí ni tiene vínculos familiares. Pero actuó a menudo en la ciudad y en otros puntos de la provincia y fue una gran ayuda para Rafael Fernández Piña cuando el concejal José Miguel Castillo Higueras le encomendó la dirección del Festival Internacional de Jazz. Todo eso le ha hecho valedor de una avenida en el Distrito Norte. Por cierto, en Granada hay un grupo que se llama Tete 2.0 y que toca jazz. No hará falta decir quién es su principal influencia.

Todavía dentro del panorama clásico, no se puede obviar la figura de Andrés Segovia, músico que da nombre a una larga y transitada avenida en el Zaidín. El guitarrista nació en Linares (1893) y falleció en Madrid (1987), pero su longeva vida dio para mucho, entre otras cosas para estudiar en el conservatorio de Granada y debutar en público con 14 años. Mucho después, tras un montón de idas, venidas y hasta de un exilio, residió en Almuñécar. En un alarde de surrealismo, en 1970 fue nombrado Marqués de Salobreña, localidad colindante.

Interior del Auditorio Manuel de Falla. Foto: Lucía Rivas

Aunque tampoco nació aquí, no se puede dudar de la relación entre Granada y Agustín Lara. El artista mexicano, nacido en 1897, compuso en 1932 la celebérrima ‘Granada’ con la particularidad de que nunca la había visto. La escribió a ciegas, por así decirlo. No fue hasta 1954 que vino a conocer la ciudad que había adoptado su canción como himno oficial. Todos los días, a las doce del mediodía, suenan unas campanas en el edificio central de la Plaza del Carmen, sede del Ayuntamiento, que rememoran esa estrofa inicial que dice: «Granada, tierra soñada por mí. Mi cantar se vuelve gitano cuando es para ti». Tiene una calle y un busto que le inmortaliza en el Zaidín.

Tras apuntar aunque sea de pasada que Beethoven tiene una calle en el Zaidín y Mozart en el Distrito Ronda, y que Chopin no ha sido honrado con ella en Granada pero sí en Alhendín, pasamos al mundo del rock para detenernos en la figura de John Graham Mellor, más conocido como Joe Strummer. Nacido en 1952 en Ankara (Turquía), pasó sus primeros años en países como Egipto, México o Alemania porque su padre era diplomático. Pero a los nueve años la familia se estableció en Londres y ahí se formó como músico, primero en The 101’ers y después como cantante y guitarrista rítmico de The Clash, grupo que inició su andadura en 1977 y la acabó en 1986. Más adelante lideró otras bandas, como The Mescaleros, y murió de un infarto en 2002. 

‘Desenterrando’ a Lorca

La relación de Strummer con Granada podría decirse que comenzó en 1979 cuando, en el magistral disco London Calling, en concreto en la canción Spanish Bombs, la mencionaba. Pero se intensificó en 1984, cuando trabajó como productor del segundo elepé de 091, Más de cien lobos. Desde entonces vino de manera intermitente y pasaba algunas temporadas aquí y otras en Cabo de Gata.

Hizo buenos amigos, como el músico y periodista Jesús Arias, que narraba en un documental un episodio que vivieron juntos. Cerca de Víznar, descansando tras un paseo, Arias le contó que por allí cerca, no se sabía a ciencia cierta dónde, estaba enterrado Federico García Lorca. Fuera de sí, el inglés replicó preguntándole dónde se podía comprar por allí cerca un pico y una pala. Estaba decidido a cavar por las bravas hasta encontrar sus restos.

Inauguración de la Placeta Joe Strummer, en 2014. Foto: GIM

Su placeta en el Realejo, en la unión de la Cuesta de Escoriaza con Avenida Las Palmas y la calle Vistilla de los Ángeles, se suma a la calle que tiene en Níjar (Almería) La rumorología apunta a que hay una tercera en Croacia. En realidad, lo que existe es un mural en la ciudad de Rijeka dedicado a The Clash.

¿Estuvo alguna vez en Granada Silvio Fernández Melgarejo? El cantante y músico (La Roda, 1945-Sevilla, 2001), famoso por su bohemia, su genialidad dentro y fuera del escenario y su tremenda adicción al alcohol y al tabaco, era muy conocido en las provincias de Sevilla, Cádiz y Huelva e incluso en la región portuguesa del Algarve, pero su fama apenas trascendió de esos sitios. En el resto de Andalucía, Silvio tenía seguidores dispersos. Lo que pasa es que algunos tenían cierto peso. De ahí que en la barrida de La Rosaleda, en el Distrito Ronda, haya un Paseo del Rockero Silvio Fernández Melgarejo.

En Granada, su valedor fue sin duda Sebastián Pérez, fan confeso que en el año 2012, cuando era concejal en Granada y presidente de la Diputación Provincial, contribuyó a que Silvio fuera homenajeado en el teatro Isabel la Católica. Allí tocaron algunos de sus músicos más fieles, como el batería Pive Amador o el guitarrista Andrés Herrera ‘Pájaro’. Aprovechando esa circunstancia, se inauguró también esa vía. Silvio cuenta con otras dos calles dedicadas a su recuerdo, en La Roda y Sevilla. 

Presencias y ausencias flamencas

En el mundo del flamenco no queda fuera de este repaso. Manuel Cano Tamayo, que nació en Granada en 1925 y también dejó este mundo aquí, en 1990, destacó como compositor, profesor y concertista. Desarrolló parte de su carrera en Córdoba, fue amigo personal de Andrés Segovia y, un año después de su muerte, el Ayuntamiento le concedió la Medalla de Honor de la ciudad y dio su nombre a una plaza entre la calle Arabial y la circunvalación, justo delante de un centro comercial donde también se erigió un monumento para destacar su grandeza como músico.

Y, siguiendo con el flamenco, cabe hablar de presencias pero también de ausencias. ¿Por qué no hay ninguna calle en Granada dedicada a Enrique Morente, cantaor revolucionario y uno de los símbolos mundiales de este arte? Pues algún intento de homenajearle ha habido, pero por ahora nada ha fructificado. Conviene repasar los hechos. 

Enrique Morente tiene una placa en la casa donde nació, pero todavía no una calle a su nombre. Foto: Lucía Rivas

El artista, que vio la luz en 1942 en el Albaicín (en su casa natal sí hay una placa conmemorativa) y murió en Madrid en 2010, fue enterrado con todos los honores después de que su cuerpo sin vida fuera velado en el teatro Isabel la Católica. Por la capilla ardiente pasaron miles de personas. 

El por entonces alcalde, José Torres Hurtado, dijo entonces que la Comisión de Honores y Distinciones se reuniría con prontitud para decidir «cómo tenemos que homenajear a Morente», que en vida ya había recibido la Medalla de Honor de la ciudad. 

Todo parecía indicar que se le daría una calle, pero eso aún no ha ocurrido. Ya las tiene en Vegas del Genil, Vélez de Benaudalla o Churriana de la Vega, pero no en su ciudad natal. Cuentan que eso se puso encima de la mesa pero que no se llegó a un acuerdo con la familia, como tampoco llegó a buen puerto la idea de darle el nombre del cantaor al teatro La Chumbera, en el Sacromonte. 

Es más: en el año 2019, hubo quien propuso que la estación de trenes de Granada llevara el nombre de Enrique Morente aprovechando que la alta velocidad estaba a punto de llegar. Lo que pasa es que no fue el único nombre que salió a la palestra. Otros colectivos propusieron a Mariana Pineda o Luis Portero, el fiscal asesinado por ETA que, por cierto, vivía muy cerca de allí. Finalmente, para no contentar a unos y disgustar a otros, el consistorio optó por mantener el nombre de siempre: Estación de Trenes de Andalucía. 

Miguel de Molina no, Concha Piquer sí

Sigue pendiente eso como debería continuar reivindicándose algún homenaje póstumo a Miguel de Molina. No debe bastar con la estupenda exposición que pudo verse hasta julio en el Centro Cultural Gran Capitán. 

Miguel de Molina nació en Málaga pero su trayectoria está unida a Granada por dos hechos sobre todo. El primero, que participó en el primer Concurso de Cante Jondo, hace justo un siglo. El segundo, que interpretó de manera magistral Ojos verdes, canción compuesta por Rafael de León, Manuel Quiroga y Salvador Valverde, que, según reza su partitura original, es una zambra (o sea, un estilo flamenco granadino) y cuenta una arrebatadora historia que se desarrolla en Granada. «Vimos desde el cuarto despuntar el día y sonar al alba la Torre la Vela». Curiosamente, sí que tiene una calle en Granada, en La Chana para ser más exactos, Concha Piquer, que interpretó ese tema por lo menos tan bien como él.

Plaza Carlos Cano, en el Realejo. Foto: Lucía Rivas

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