Calor y Café contra el olvido y la exclusión

La sede de la ONG, recién estrenada, abre la puerta a nuevos talleres y recursos para personas sin hogar y familias asfixiadas por la crisis. El colectivo invita a los vecinos contrarios a su apertura en el barrio a conocer su labor.

“Nadie que no lo haya vivido puede llegar a entender lo doloroso que es verse en la calle”. Lo describe con la mirada cansada de quien se ha sentido demasiadas veces juzgado por el estigma y los prejuicios que persiguen al que nada tiene. “Aunque algunos nos contemplen como a basura indeseada junto a su puerta somos personas a las que la vida le ha dado un duro revés. El peor en una sociedad consumista: perder tus posesiones. Sin nada pasas a ser un nadie”, continúa, sin arrojar detalles sobre su vida, más que una larga lista de ausencias.

“Cuesta mantener la cordura en la calle”, comenta este licenciado en paro antes marcharse con su única posesión: una mochila en la que demasiados “pudo ser” y “debió ser” pesan sobre su espalda.

He pasado de ser un empresario con holgura económica a verme de la noche a la mañana durmiendo en un cajero automático

Tras su marcha quedan en el lugar, la sede de Calor y Café, otros naúfragos de la vida ocupados en charlas, juegos y risas compartidos que, por unas horas, los alejan de la espalda del mundo. En este refugio las personas sin hogar pueden entregarse a sencillos gestos cotidianos desapercibidos para la mayoría, pero de incalculable valor cuando se carece de techo: recoger su correspondencia, merendar, asearse, lavar la ropa o encontrar abrigo, no solo contra las inclemencias climáticas, también humano para resguardarse de una soledad no elegida. “Solo nos tenemos los unos a los otros. Esto es lo más parecido a un hogar, lo más cercano a una familia”, coinciden los usuarios de esta oenegé.

Desde hace más de dos décadas los voluntarios de Calor y Café combaten con comprensión y afecto la marginación, el abandono y la exclusión social asociados a la calle, donde los perfiles son diversos: ancianos sin parientes, mujeres maltratadas, enfermos mentales -la ONG tiene un convenio con Salud para seguir su tratamiento médico ante los recortes- desempleados con y sin estudios, familias desahuciadas, personas con vidas rotas por el alcohol o las drogas… todos comparten un denominador común: están solos y necesitan ayuda para seguir adelante.

sede Calor y Cafe

Antigua sede de Calor y Café en la calle Colegios.

La labor humanitaria de Calor y Café, en esta línea, ha provocado que la apertura de su nueva sede en la calle el Guerra despierte un fuerte rechazo vecinal en el barrio de la Cruz, donde se oponían a la apertura por “miedo a los problemas que los transeúntes puedan generar” , señalan los residentes de la zona.

“Respeto a los vecinos que no quieren que estemos aquí. El desconocimiento lleva al miedo y al recelo. Por eso me gustaría que vinieran para que sepan lo que hacemos”, invita la directora de la ONG, Ana Sánchez, para la que resulta comprensible que determinada realidad se prefiera mantener alejada. Pero este problema social “no desaparece ni se puede esconder” porque “hay demasiadas personas en la calle”, comenta con el talante respetuoso que la caracteriza.

Respeto a los vecinos que no quieren que estemos aquí. El desconocimiento lleva al miedo y al recelo

Al margen de la polémica, el colectivo ha arrancado este verano una nueva etapa sin las limitaciones de la calle Colegios, donde sobraba cariño pero faltaba espacio. “Solo había un aseo interior para tantas personas. Carecían de intimidad y de condiciones dignas”, lamenta Sánchez. Las recién estrenadas instalaciones, en cambio, cuentan con varios baños, además de lavandería. Estos recursos hacen posible que también familias con hogar, pero sin dinero para suministros básicos acudan al colectivo para ducharse o lavar su ropa. “Se están dando entre 15 y 18 duchas diarias y se ponen alrededor de ocho lavadoras cada tarde. No da tiempo a más”, detalla la directora de la ONG, pendiente de que Sevillana subvencione la electricidad –con Emasagra ya han alcanzado un acuerdo.

Bonobús solidario

La directora de Calor y Café ha solicitado, por otra parte -aunque sin éxito de momento- un bonobús solidario para aquellos usuarios con problemas para desplazarse al barrio de la Cruz desde el centro, donde se encuentran recursos como el comedor social o el albergue. «Esta zona está lejos y tienen que volver a pie, cargados con sus cosas, para cenar y dormir por no poder pagar el autobús. No todos están en condiciones de andar tanto», explica.

Con esta petición sobre la mesa, la ONG se prepara para impartir cursos de manualidades y de autoestima, ya que “suelen tenerla por los suelos”, aprovechando el aula para talleres de las nuevas instalaciones. Este equipamiento, presidido por un graffiti del Niño de las Pinturas, abrirá las puertas, además, a proyecciones de películas de temática social para posteriormente debatir su contenido.

La sede cuenta, por otro lado, con biblioteca y zona de ordenadores donde los usuarios pueden contactar con sus familias, buscar empleo y redactar sus currículums, cuenta Sánchez, “muy en contacto” con una realidad social «totalmente ajena» a la pregonada recuperación económica.

Calor y Café

La directora de Calor y Café junto a voluntarios del colectivo en el aula de talleres.

Reparto de alimentos

De hecho, la ONG reparte alimentos a más de 150 familias derivadas por los Servicios Sociales . “La lista de espera para rotar supera las 100”, señala la representante del colectivo. Estos ciudadanos golpeados por la crisis también suelen merendar en Calor y Café. Es el caso de Encarni y su marido, ambos en paro a una edad en la que todas las puertas laborales se cierran. “Al conocer a gente tan buena y hacer tantos amigos” el matrimonio frecuenta la ONG cada tarde, relata Encarni, siempre amistosa y sonriente, pese a la depresión que arrastra. “La vida da muchas vueltas y cualquiera se puede ver con necesidad de ayuda”, refiere.

Coincide con ella Rafael, residente en un piso de acogida de Calor y Café. En su caso conoce de primera mano cómo las circunstancias juegan a la montaña rusa con la existencia, llevándola a lo más alto para después arrojarla al vacío en caída libre: “He pasado de ser un empresario con holgura económica a verme de la noche a la mañana durmiendo en un cajero automático pasando un frío fuera de lo normal y sin dinero ni para un café”, recuerda abatido.

El piso de acogida de Calor y Café le abrió la puerta a un hogar temporal mientras buscaba trabajo. La detección de un tumor y el posterior inicio de tratamiento con quimioterapia, ha roto de momento sus planes de viajar al extranjero en busca de otra oportunidad.

Pisos de acogida

La ONG dispone de dos pisos de acogida, uno para hombres y otro para mujeres, cuya ubicación mantiene en secreto porque entre las residentes alojadas se encuentran víctimas de malos tratos amenazadas por sus ex parejas. La residencia, salvo excepciones, suele ser temporal ante la necesidad de “dar techo a cuantos más mejor”.

calor y cafe

Fachada de la nueva sede de Calor y café, situada en la calle El Guerra.

La cantidad de personas sin hogar haría necesario contar con más pisos, pero Calor y Café carece de recursos suficientes. La oenegé, que se financia a través de las cuotas de los socios y rastrillos benéficos, hace un llamamiento a la solidaridad. «Toda colaboración resulta vital . Ya sea con cinco euros mensuales o donando cosas que no deseen (ropa, muebles, libros, etc.) Con estos recursos podemos hacer grandes cosas por los demás», resalta Sánchez, siempre pendiente de los olvidados del sistema, entre éstos, las prostitutas, a las que el colectivo visita dos veces en semana para llevarles café, preservativos, consejos de salud y compañía.

No en vano la ONG nació para contrarrestar con calor y café el abandono ligado a la calle, donde la realidad se empeña en mirar hacia otro lado convirtiendo en ‘invisibles’ -«o peor aún, en ‘indeseados’- a los más vulnerables».

Comentarios en este artículo

  1. Enhorabuena por el nuevo local. Os conocí hace ya algunos años y me encanta el entusiasmo que teneis. Ánimo y a seguir adelante. Algún día me pasaré por el nuevo local para conocerlo.

    María Jesús
  2. Si tan buena labor realizan me quieren explicar por qué hace unos días se negaban a atender a un indigente con la cara ensangrentada que estaba a sus puertas, alegando que no era de los suyos? Quienes son los suyos? Aquellos qué figuran en sus lista por las cuales reciben subvenciones? Eso parece. Los demás independientemente de su estado no merecen su atención. Menuda oenegé

    Carlos
  3. Hola Lorena, soy Ana Sanchez, darte las gracias por lo que has escrito de CyC, eres una mujer y una periodista maravillosa, íntegra, llegarás muy lejos, desde el corazón todo nuestro amor y agradecimiento.

    ana sanchez
  4. Muchas gracias Ana! Y enhorabuena por el trabajo que hacéis.

    Lorena Moreno
  5. He seguido vuestro proyecto y la larga lucha por abrir. Admiro vuestra constancia y vuestro valores cívicos . , vuestra entrega y vuestra generosidad.

    Mercedes Rueda
  6. Hacéis una labor encomiable con todas estas personas que por un motivo u otro se han visto abocadas a vivir en la calle. Sois un ejemplo a seguir. Cualquiera de nosotros no esta libre de verse en una situación similar.

    Maruja Leblic Lozano

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