La pobreza mata y lo hace aquí al lado

La Escuela Andaluza de Salud Pública ultima un ambicioso Atlas de Mortalidad que en Granada muestra profundas desigualdades entre barrios. El distrito Norte es sin duda el más desfavorecido.

molino nuevo lucía rivas

Molino Nuevo, en Rey Badis, es de las zonas con mayor índice de privación. Foto: Lucía Rivas (archivo)

Al margen de que cada cual tenga derecho a pensar que después de la vida hay un más allá, si hay alguna verdad inmutable y contra la que no podemos luchar es que aquí no nos vamos a quedar para siempre, que llegará un momento en el que nos moriremos.

¿De qué? Pues en principio, podría ser de cualquier cosa. Pero, atendiendo a ciertos estudios, es más probable que sea por unas causas que por otras. ¿Y para qué queremos saber eso? Pues puede haber mucha gente a la que eso no le importe lo más mínimo, pero a los científicos sí, porque detectar un mayor número de decesos asociados a uno o varios factores de riesgo puede servir para eliminar esos factores de riesgo, o al menos para intentarlo. 

Uno de esos estudios es el proyecto Medea3, probablemente el mayor mapa sobre las causas y los riesgos de mortalidad que se ha hecho nunca en España; un análisis muy exhaustivo que abarca entre los años 1996 y 2015 en 26 ciudades de España, entre ellas Granada.

Un análisis exhaustivo

Lo más interesante de todo es que los datos sobre Granada no son genéricos, sobre el conjunto de la ciudad, sino que se profundiza barrio a barrio y prácticamente calle a calle. Para el caso, Granada tiene en cuenta 131 secciones censales, los polígonos en los que se divide la ciudad para los procesos electorales. La frecuencia de fallecimientos por una causa de muerte u otra determina una tasa en cada sección censal, que estará por debajo o por encima de la media.

Por poner un ejemplo: si lo normal es que en una sección censal de mil habitantes se produzcan al año diez fallecimientos por cáncer de pulmón y en una determinada zona de la ciudad donde viven aproximadamente mil personas (pongamos que las calles Alhóndiga, Puentezuelas y Mesones, aunque insistimos en que esto es sólo una suposición), han fallecido por cáncer de pulmón catorce personas, entonces esa sección está por encima de esa tasa media. Si murieron tres, entonces está claramente por debajo.

Este atlas de mortalidad, financiado por el Instituto de Salud Carlos III, se publicó por primera vez en el año 2005 y ya va por su tercera edición. Entre las ciudades que han sido incluidas están las ocho capitales de provincia de Andalucía y los investigadores encargados de aportar los datos trabajan para la Escuela Andaluza de Salud Pública  (EASP).

El jefe de la investigación en Andalucía es Pablo Sánchez Villegas y también han intervenido Antonio Contreras, Virginia Ballesteros (del Observatorio de Salud y Medio Ambiente de Andalucía), Andrés Cabrera (Centro de Investigación Biomédica en Red de Epidemiología y Salud Pública), Carmen Sánchez-Cantalejo (Instituto de Investigación Biosanitaria) y José Vela (Consejería de Salud de la Junta de Andalucía). El estudio, en Andalucía, comenzó en 2018 y debe concluir en junio de 2021.

Una foto que abre una ventana

«Esto es una foto, o si se prefiere una radiografía, que lanzamos para abrir una ventana a posteriores investigaciones, a estudios que profundicen en el porqué ocurren ciertas cosas», resume Pablo Sánchez Villegas. El investigador principal, matemático y experto en epidemiología e investigación clínica, pone el acento en que su trabajo es «una descripción geográfica de la mortalidad» volcada en unos gráficos, un estudio epidemiológico en toda regla que establece qué es lo que ocurre, que «estudia las enfermedades pero no su cura, que se encarga de analizar la salud de la población en su conjunto». Aunque él no lo dice abiertamente, parece claro que el conocimiento de unos datos tan exhaustivos, la exposición en cuadros de ese conocimiento teórico de la realidad, debería servir de algo. 

índice de privación granada medea3

Sobre todo porque el mapa dibuja una realidad bien distinta para los granadinos en función del barrio en el que viven. «Es un estudio ecológico porque no estudia personas individuales, si una tiene más riesgo de morir por esto o por lo otro, sino que analiza el riesgo por zonas, no el individual», detalla. 

En los mapas que se muestran en estos gráficos se puede revisar toda la información. Moverse por ellos es relativamente sencillo, pero conviene saber algunas cosas antes de empezar. En especial, que hace un análisis socieconómico de las causas de mortalidad. Y que dentro de ese análisis juega un papel crucial el índice de privación y sus efectos. Ese índice, que en los mapas aparece reflejado en números, resume una serie de variables que se producen, en mayor o menor grado, en cada una de las 131 secciones censales de Granada. Variables como el porcentaje de trabajadores manuales, el de asalariados eventuales, el desempleo, el de personas con nivel educativo bajo, el de jóvenes que tienen ese bajo nivel educativo o el de hogares sin internet.

Traducir colores a números

Eso se traduce en números. Si se echa un vistazo al mapa del índice de privación, se verá que hay zonas pintadas en rojo, otras en blanco, otras en azul… Las que están en rojo más intenso son las que tienen un mayor índice de privación. Esa alta privación corresponde sobre todo al distrito Norte y, en menor medida, a algunos puntos del Zaidín y de La Chana. En cambio, las zonas de menor privación (marcada en azul oscuro) se sitúan en los distritos Centro, Beiro, Ronda o Genil.

A esa capa de condicionantes socioeconómicos, se le superpone la de frecuencia de fallecimientos por determinadas causas de muerte evitables (sida, accidentes de tráfico, EPOC y algunos tipos de cáncer) y sale un retrato del impacto que tiene el índice de privación en estos fallecimientos. 

EPOC y cáncer de pulmón entre los hombres

Por desgracia, Norte se lleva la peor parte en la mayoría de las causas de muerte. El riesgo de que un hombre (no una mujer, el estudio también distingue entre sexos) muera allí por una Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC) supera en un 100% al promedio en la ciudad. En ese mismo distrito, el riesgo relativo de contraer el sida es un 500% mayor que en el resto de la ciudad. O sea, 5 veces. 

Lo mismo se podría decir con los casos de cáncer de pulmón. El efecto del índice de privación es mucho mayor en Norte, donde el efecto atribuible es, en una determinada sección censal (Molino Nuevo, en el barrio de Rey Badis), de 48,81 puntos por encima de la media. 

Sobre esto último, Pablo Sánchez Villegas hace una puntualización interesante: el exceso de riesgo de esa enfermedad en concreto «no sólo se da en Norte, aunque allí sea más atribuible al índice de privación. También existe en el resto de la ciudad, que es algo que podremos determinar con más precisión cuando valoremos otra variable, que la de la contaminación atmosférica».

En junio, cuando el estudio se dé por finalizado, el mapa no sólo tendrá en cuenta la incidencia de las desigualdades sociales, sino también de un problema que también es palpable. Granada, conviene repetirlo, es la tercera capital española en nivel de polución, sólo detrás de Madrid y Barcelona

¿Se conseguirá algo con todos estos datos? Sánchez Villegas confía en que sí. «Aquí hemos puesto el foco para seguir indagando. Los números no arreglan nada, pero añaden conocimiento y establecen que las cuestiones socioeconómicas generan desigualdades en la mortalidad. Esto que estamos haciendo es demostrar con datos que la pobreza mata, y que no mata en otros continentes o en otros países, sino aquí al lado, a nosotros mismos», detalla. 

Enfermedad ligada a pobreza

Amparo Lupiáñez, socióloga especializada en salud pública que también trabaja para la EASP, incide en que, aunque no se pueda hablar abiertamente de que hay enfermedades para ricos y para pobres, sí es cierto que el nivel sociocultural o los hábitos de vida «determinan lo que le ocurre a las personas a lo largo de sus vidas». A veces, explica, esa correlación entre los determinantes sociales y las enfermedades «no es muy obvia», pero sí que existe. «Dependiendo del nivel educativo, por ejemplo, la interpretación de los mensajes que aconsejan hábitos de vida saludables es distinta. No todos son igual de capaces de entender que hay que comer sano, no es un consejo al que todos den el mismo valor», comenta. 

Añade, en el mismo sentido, que es un hecho que «sale más barato comer mal», con lo que en zonas desfavorecidas se mira mucho más el bolsillo y se compra comida a más bajo precio que, no por casualidad, engorda más. «Como tampoco tienes mucho dinero para comprar algo más caro y que sea más saludable y engorde menos, al final tu nivel económico influye en tus hábitos de vida, al igual que influye tu entorno», razona. 

La diabetes en las mujeres

La socióloga se detiene en una enfermedad en concreto, la diabetes, que es causa de muerte en muchas más mujeres del distrito Norte que en el resto de Granada. Es algo que relaciona con dos cosas. «Por un lado está su rol de madre y cuidadora de niños que tienen allí muchas mujeres. Si están todo el día en casa, entonces se mueven menos, tienen menos tiempo para ellas y menos vida social, no se cuidan mucho. Además, terminan cayendo en las mismas tentaciones de sus hijos», dice. Y eso no es ninguna tontería. «Los productos de desayuno ideados para los niños tienen un treinta por ciento más de azúcar».

El segundo factor al que se refiere la especialista es el embarazo. En zonas de bajo nivel socioeconómico abundan las madres con muchos hijos, que no tienen mucha formación cultural o se dejan llevar por antiguos dichos, hace tiempo refutados por la ciencia, como que, cuando se está encinta, hay que comer para dos. 

Respecto a si se puede revertir esta terrible situación, Amparo Lupiáñez opina que «sobre todo habría que contar con unas políticas públicas que incorporaran la perspectiva de la desigualdad en toda la estrategia de la investigación y de la forma de afrontar las enfermedades», algo que debería complementarse «con una legislación que protegiera una alimentación infantil saludable y que se enfrentara a los intereses, muy poderosos, de la industria alimentaria y farmacéutica».

En su opinión, si no se hace así, cualquier lucha que se emprenda contra enfermedades como la obesidad (y también el tabaquismo) «estará condenada al fracaso».

Mortalidad más precoz en Norte

Miguel Melguizo es médico de familia y lleva ejerciendo desde el año 1990 en el Centro de Salud de Almanjáyar. Todos los que le conocen, y son muchos, coinciden en que es un genuino referente de un barrio que «sigue teniendo muchas carencias y donde subsiste la desigualdad» pero que está mucho mejor que cuando él empezó a trabajar allí. «Entonces estábamos completamente aislados del resto de Granada, veías a niños por la calle sin zapatos… Ahora, por lo menos, tenemos los mismos servicios sanitarios y las mismas prestaciones, aunque por supuesto sigue habiendo mucho desempleo y muchos otros problemas, como el alto índice de fracaso escolar». 

Entre Norte y el resto de Granada observa dos diferencias. «Allí la mortalidad es más precoz, la esperanza de vida es menor. Y a esto se une el factor de la morbilidad, el del tipo de enfermedades que prevalecen, que en Norte son la diabetes, la obesidad, la artrosis o la EPOC. Que todo eso se dé más allí que en el resto de la ciudad tiene que ver con factores de riesgo como el alcohol, el tabaco, la droga y una dieta inadecuada, pero también con la pobreza. Tanto la mortalidad más precoz como la morbilidad están ligadas a la pobreza y sus factores: el desempleo, la falta de una vivienda adecuada…», resume. 

El círculo vicioso

Todo es, en cierto modo, un círculo vicioso allí. Es difícil, explica el doctor, mantener a raya la diabetes y otras enfermedades derivadas de los hábitos de vida poco saludables si se está en un barrio «donde no se dispone de muchos espacios para hacer deporte al aire libre» y que tiene un claro déficit de zonas verdes. Por añadidura, la falta de recursos impide a muchos habitantes «acceder a un gimnasio» y tanto el entorno como su bajo nivel educativo «les llevan a tener una menor conciencia de que es importante un tratamiento médico, además de físico, para combatir esas enfermedades». 

Pese a lo anterior, Miguel Melguizo se resiste a tirar la toalla. «Soy optimista por naturaleza y en este barrio he visto unos niveles de solidaridad entre los vecinos impresionante. Existe aquí un sentido de pertenencia a una comunidad que no creo que se dé en el resto de Granada. La situación de adversidad que comparten les hace ayudarse más entre ellos».

Para finalizar, recalca que Norte tiene la ventaja añadida de que allí conviven muchas comunidades diferentes. «Es un territorio muy amplio, desde el Alcampo hasta Pulianas hay mucho espacio y en ese espacio hay una gran mezcla y diversidad. Hay gitanos, marroquíes, subsaharianos, suramericanos… Eso es positivo, eso enriquece».

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