Una ciudad paralizada y preguntas sin contestar

El Ayuntamiento de Granada ha vivido en las últimas semanas una auténtica sacudida y el gobierno, ahora, lo forman el alcalde y un concejal. La ciudad tiene muchos asuntos pendientes y pide a gritos una solución rápida.

luis salvador crisis de gobierno en el ayuntamiento de Granada

Luis Salvador gesticula, con Sebastián Pérez detrás, en una imagen de archivo. CEDIDA

“Pero no busques muy dentro de mí porque allí encontrarás
Un corazón destrozado y preguntas sin contestar”

Si se cambian las palabras “corazón destrozado” por “ciudad paralizada”, lo que dice la canción La torre de la vela, que editaron 091 hace ya 33 años, se ajusta como anillo al dedo a lo que pasa ahora en su ciudad. Granada ha vivido y sigue viviendo días convulsos y la Plaza del Carmen, donde se ubica el ayuntamiento, se parece mucho a un polvorín que no es que esté a punto de estallar, sino que ya ha saltado por los aires.

Destapó la caja de los truenos Sebastián Pérez, cabeza de lista del Partido Popular en las elecciones municipales de 2019. El PP fue la segunda fuerza con más votos (25.288) y Ciudadanos la tercera (16.183). Ambos se aliaron para impedir que el socialista Paco Cuenca, que ganó esos comicios con 35.346 votos, accediese a la alcaldía, y Pérez siempre sostuvo que aunque permitió que el bastón de mando fuera para el líder de la formación naranja, Luis Salvador, en virtud de un reparto de sillones entre ambas formaciones en varios puntos de España (una estrategia de ética por lo menos cuestionable), cedió porque acordó con Salvador el famoso 2+2: Ciudadanos estaría al mando los dos primeros años del mandato y le pasaría el testigo al PP en los dos últimos. 

Día del Orgullo Gay Ayuntamiento de Granada

Imagen de archivo del Ayuntamiento de Granada.

Ese pacto, que según bastantes fuentes de distinto signo existió, aunque fue sólo verbal, se lo recordó al ya alcalde en los primeros meses de la nueva singladura municipal, pero Salvador le dio largas. O se hizo el sueco. O como se diga. Cada vez que salía a la palestra la cuestión del 2+2, el que fuera senador del PSOE contestaba que eso no tocaba, que el acuerdo no existió, que a los granadinos les interesaban más otras cosas que saber quién iba a ser su alcalde a dos años vista. 

Sebastián Pérez vio cómo el grupo municipal que supuestamente debía dirigir primero agachaba la cabeza y después directamente le daba la espalda a excepción del concejal Francisco Fuentes, el único que le mantuvo fidelidad. En su partido tampoco le arroparon y fue perdiendo peso específico a la vista de todos. La historia política de quien durante 16 años fue presidente provincial de la formación parecía que tocaba a su fin. 

Morir matando

Pudo irse a casa y a lo mejor no habría sido mala idea. Prefirió enredar. O morir matando. O como se diga. A sus íntimos les había avisado de que, cuando se aproximara el ecuador del mandato, daría un sartenazo. Tuvo tiempo para urdir su plan y cumplió su advertencia: el 26 de mayo de 2021 anunció en rueda de prensa que dejaba su partido de toda la vida («porque éste no es mi PP», afirmó) y le dio un ultimátum a sus antiguos compañeros: o buscan 14 votos para garantizar un gobierno presidido por ellos, o ya los encontraría él mismo.

Traducido al román paladino, quiso decir que o los populares quitaban de la alcaldía a «un alcalde tóxico y lesivo para Granada» y ponían a alguien de sus filas, que para ello tendría que estar apoyado, además de por el PP, por Ciudadanos y Vox; o era capaz de secundar a PSOE y Podemos IU Adelante para que Cuenca fuera alcalde. Eso le convertiría en tránsfuga, pero aseguró que le daba lo mismo y que si Luis Salvador, en el anterior mandato, ya le dio una alcaldía al líder socialista, a ver por qué no iba a hacer él lo mismo. Si total, concluía, Cuenca «es Churchill al lado de Luis Salvador». 

Y lo que son las cosas. El PP, que en los dos años anteriores se había movido con la lentitud de un paquidermo, reaccionó con extrema rapidez. De inmediato pidió al alcalde que se «echara a un lado» y que cumpliera con ese célebre 2+2 que, ahora sí, les convenía sacar del baúl de los recuerdos. En esa operación rescate contó con la inestimable ayuda de Manuel Olivares, portavoz del grupo municipal de Ciudadanos, cuyas desavenencias con el regidor han sido un secreto a voces casi desde el inicio del mandato. «Mis padres me enseñaron a no mentir; el acuerdo del 2+2 existió», dijo. El precioso consejo de sus progenitores también lo podía haber esgrimido en todo este tiempo, pero por lo que fuera no lo hizo.

Unos y otros elevaron consultas, algo lógico en partidos piramidales. El aparato del PP respaldó la idea de apartar a Luis Salvador y poner en su lugar a un popular, en concreto a Luis González (que por cierto no fue el que sugirió Sebastián Pérez el día de su sartenazo: él abogó por Fuentes) y la dirección de Ciudadanos, por su parte, se mantuvo en la idea de que el acuerdo que sí que se firmó, el único que consideraban por tanto válido, establecía que la alcaldía de Granada sería suya durante cuatro años. 

«Garrapata política»

Satisfecho con ese apoyo, aunque procediera de un partido en evidente proceso de desintegración, Luis Salvador se atrincheró en su puesto, una postura que llevó a Macarena Olona, diputada de Vox por Granada, a llamarle «garrapata política». Un epíteto que hace recordar que todos los insultos pierden algo de peso cuando se le añade ese sufijo; ya se sabe que no es lo mismo que se metan con tu madre que con tu madre política.

Siguiente capítulo: los seis ediles que les queda al PP se retiran del equipo de gobierno. Dos de los cuatro de Ciudadanos se pasan al grupo de no adscritos para acompañar allí a Sebastián Pérez. Como él, podrían haberse ido. Adiós a la política, hola de nuevo a las antiguas ocupaciones. Pero no. Se ve que el gusanillo de la política es muy fuerte. 

Luis Salvador y José Antonio Huertas, el único concejal de Ciudadanos que le apoya, en un acto con mayores celebrado esta semana. Foto: Javier Algarra

Manolo Olivares y Lucía Garrido, los concejales que eran naranjas y ya no, se han llevado por cierto más de un comentario hiriente y seguramente innecesario lanzado por sus antiguos correligionarios. Alguno ha procedido de José Antonio Huertas, el único apoyo que le queda a Luis Salvador. Hombre eficaz y trabajador, pero sin experiencia política anterior, ha decidido unir su destino al de su jefe.

Una tarea imposible

Pero por mucho que se pusieran a la tarea, se trata de dos personas. Mantenerse en el gobierno dos años más es imposible. La situación no se sostiene. Granada, desde que empezó todo este monumental lío (hay quienes aseguran que mucho antes) está paralizada, la crisis política lo polariza todo. El mismo alcalde admite que esto no puede durar, pero aun así tira de soberbia y proclama que, como posible, sí que lo sería; que el fuerte, como el de los ingleses en la película Zulú, podría ser defendido. Si cae, da a entender, no será por lo valerosos y eficientes que son los nuevos numantinos, sino por la presión que sin duda ejercerán todos los demás concejales, estén en el grupo que estén.

Ojo, que existe un caso cercano (en el tiempo y en el mapa) en el que un regidor se empecinó en seguir aunque estaba absolutamente solo. El hombre se llama Francisco Abril Tenorio y el municipio, Deifontes. Y el caso es que, después de esa travesía en el desierto, las siguientes elecciones locales las ganó con mayoría absoluta. Pero, dicho con todo el respeto y el cariño, Deifontes no es Granada.

Este artículo pone en el titular que hay preguntas sin contestar, y la más importante de todas es, obviamente, qué va a pasar. Formulada de otra manera: quién va a ser el alcalde a partir de ahora. 

Las posibilidades

No es fácil contestarla. Aunque Luis Salvador termine por entregar la cuchara, su voto y el del leal Huertas seguirán siendo determinantes para articular una u otra mayoría. Si el PP quiere salirse con la suya y situar al frente del ayuntamiento a Luis González (para lo que necesita un paso atrás de Fuentes, el ungido por Sebastián Pérez), las cuentas no le salen a no ser que la propuesta la arropen sus seis ediles, los dos de Ciudadanos, los tres de Vox y los tres no adscritos. ¿Apoyaría Sebastián Pérez esa fórmula pese a que Luis González no es su candidato? Pues teniendo en cuenta que en realidad no quiere un gobierno del PSOE, a lo mejor se conforma con que el que fue su partido toda la vida le rehabilite de alguna manera, que haga un acto de contrición y diga que en sus años al frente del partido las cosas no les fueron tan mal. 

Algunos de los niños que aparecen en esta foto podrían ser alcalde o alcaldesa en el futuro. Foto: Javier Algarra

En el otro bando, aunque a estas alturas hablar de bandos suene pueril, están PSOE y Podemos IU Adelante, que suman trece concejales. Si consiguieran un apoyo más, sólo uno, el nuevo alcalde sería, en buena lógica Cuenca. ¿Ese voto podría ser el de Luis Salvador? Y en ese caso, ¿a cambio de qué? ¿Qué estarían dispuestos a ceder los socialistas? 

¿Y si Salvador apoyara al candidato popular, lo haría de forma altruista después de todo lo que se ha liado? En los corrillos políticos se ha dado por hecho desde hace mucho que el todavía alcalde tiene las puertas del PSOE cerradas a cal y canto (no le faltan enemigos allí dentro) y que su única alternativa para seguir en política sería tocar la del PP. Después de este embrollo cabe pensar que tampoco allí sería bien recibido. Sí que podría serlo, en cambio, Manolo Olivares. 

La sombra de la Junta

Imperdonable: se ha mencionado una y otra vez a PP, a Ciudadanos y a su entente cordiale que dejó de serlo en Granada, y sin embargo no se ha dicho ni una palabra hasta ahora de que esos dos partidos también tienen un acuerdo, éste sí firmado, para gobernar juntos en Andalucía. Lo que lleva a otra pregunta: ¿lo que pase aquí tendrá repercusión fuera? 

Eventualmente, una ruptura de relaciones entre ambos podría desembocar en un adelanto de las elecciones autonómicas. Ahora bien, y volvemos a los signos de interrogación: ¿le importa mucho eso al PP? Según todas las previsiones, las ganará con holgura mientras que Ciudadanos seguirá cayendo en picado, hasta el punto de que quizás hasta desaparezca. De hecho, ahora mismo al PP le interesa más llevarse bien con Vox que con sus actuales aliados, a los que, visto lo visto, les queda como opción plegar velas y, eso sí, decir muy alto, como ha hecho su líder regional, Juan Marín, que la Junta bicolor abanderará los importantes proyectos en los que está inmersa Granada… desde fuera. Lo mismo que ha dicho Elías Bendodo.

Y a todo esto: ¿qué fue de aquellos proyectos? Se supone que la unión de PP y Ciudadanos en gobierno local serviría para desarrollar el lema de unos (La Gran Granada) y otros (Granada, ciudad elegida). En la práctica, cosas como éstas, cuya conveniencia no se va a valorar aquí porque no es el momento: construir una escalera mecánica a la Alhambra, hacer un túnel subterráneo que atravesara la ciudad de norte a sur, completar la Ronda Este (o el anillo de circunvalación), convertir en navegable un tramo del Genil, desarrollar un plan de calidad del aire, apostar por las llamadas empresas startup, rescatar del olvido al Palacio de la Ópera, unir la ciudad con la sierra por teleférico…

Poco o nada se sabe de todo eso, pero Granada, que entre otros problemas arrastra de un tiempo a esta parte un grado de suciedad tremendo, impensable para una ciudad que antes ganaba premios nacionales por su limpieza, que sigue sin mantener a raya la contaminación y que ve cómo ciudades próximas le comen la tostada en el ámbito cultural y en el científico, no está ni mucho menos paralizada, según a quién se le pregunte. Oh, no, eso sí que no. 

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