La lista roja del Albaicín

Muralla-zirí

Veinte años después de la declaración del Albaicín como Patrimonio Mundial de la Humanidad, el Centro Unesco se ha pronunciado sobre el “nefasto abandono” del popular barrio por parte de las administraciones. No está en juego su título, pero la organización sí hace una serie de recomendaciones para que el Albaicín siga defendiendo con la cabeza alta un reconocimiento que atrae cada año a miles de turistas pero que los vecinos notan poco.

Más allá de la imagen de postal que se vende del Albaicín, el Centro Unesco Andalucía ha hecho público hoy un decálogo donde le da un tirón de orejas al Ayuntamiento y a la Consejería de Cultura de la Junta y les pide que cumplan con urgencia y juntos lo que hace años parece que han olvidado.

Llama la atención que por fin las reivindicaciones de los vecinos y las asociaciones culturales del barrio coincidan con las de los expertos. La principal saca los colores a las instituciones que supuestamente deberían salvaguardar, sin que nadie se lo diga, la imagen del barrio más conocido de Granada: finalizar cuanto antes los Planes especiales en tramitación que regulan y controlan la actividad urbanística y edificatoria en el barrio.

Es la primera de las recomendaciones de un seminario que reunió, entre otros, a arquitectos para celebrar el 30 y 20 aniversario de la declaración como Patrimonio Mundial de la Alhambra y el Albaicín.

Se han abandonado muchos elementos de su exterior: pavimentos, viviendas a punto de derruirse, cableado aéreo, contenedores de basura, señalización obsoleta, antenas, cartelería pública y privada, etcétera, pero sobre todo piden que se “refunde” la Agencia Albaicín, vacía en la actualidad de contenido, para que gestione de una forma permanente la situación del barrio “propiciando una remodelación de sus estatutos, funciones y competencias” para ejercer “una función transversal” capaz de incorporar la participación vecinal y coordinar áreas importantes en el Albaicín, que no sea sólo la turística: urbanismo, cultura, patrimonio, participación, movilidad, medio ambiente y servicios sociales, entre otras.

Pero donde el Centro Unesco se detiene es en analizar los bienes patrimoniales del barrio que considera están desde “hace mucho tiempo en una situación de deterioro muy avanzada”. Nombra el Paseo Lineal de Muralla Zirí, el Maristán, el Convento de la Merced, el Cerro de San Miguel, los Baños Árabes de Hernando de Zafra, la Iglesia de San Nicolás, los Baños Árabes del Albaicín, y el Carmen del Granadillo-Hotel Reúma.

Estas conclusiones las han presentado el presidente del Centro Unesco de Andalucía, Ángel Bañuelos, y el vocal de Patrimonio de Unesco Andalucía, Miguel Valle, que fue concejal de Urbanismo del Ayuntamiento y director de la Fundación Albaicín. Ninguno de los dos ha querido opinar sobre la polémica de los dos euros que pedía el alcalde, José Torres Hurtado, a la Alhambra para solucionar los problemas del barrio.

La presidenta de la Asociación del Bajo Albaicín, Lola Boloix, recomienda a los políticos que pasen a diario por las calles de este barrio y así “verían la basura que se acumula la mayoría de las veces en las zonas menos turísticas, las pintadas, las casas medio derruidas” o la falta de comodidades que tienen quienes viven allí, unas 6.000 personas que sufren a diario la tortura de habitar en una de las zonas más caras de Granada pero también “la más olvidada”.

Más allá de las dos o tres calles turísticas que suben al Mirador de San Nicolás, que tienen un empedrado fino y con dibujos bonitos”, el barrio podría considerarse “tercermundista”. Alguna vez la han tachado de alarmista, pero para Boloix es una verdad que cualquiera puede constatar si sube por cualquier otra calle que no sea la calle Calderería.

Por lo pronto, en sus 26 kilómetros de vía el arquitecto Vincent Morales Garoffolo detectó veinte tipos de empedrado diferente que no obedecen a ningún criterio, diez de ellos colocados en los últimos diez años.

La presidenta de la asociación denuncia que es tal el “abandono” por parte de Ayuntamiento y Junta que el barrio ha cambiado “bastante a peor” desde que posee el título hace 20 años. Una muestra es que la Agencia Albaicín, antes Fundación Albaicín, que se encarga de gestionar todo lo referente al barrio, antes era coordinada por Urbanismo y ahora ha pasado a manos de Turismo. Hasta ese punto “importamos quienes vivimos aquí”, que ven con incredulidad cómo se levantan muros donde no se debería o se cambian fachadas sin que una inspección revise las obras.

Sobre ese abandono ni siquiera los políticos se ponen de acuerdo. La costumbre común de ver pasar la pelota de uno a otro tejado es preocupante en lo referente al Plan Albaicín, un texto que contempla las normas de obligado cumplimiento en el barrio vigente desde hace 20 años que el PSOE exige al Ayuntamiento que cambie, y el PP pide a la Junta que firme.

La despoblación y el abandono del barrio siguen su curso al mismo ritmo que los rincones más emblemáticos, los edificios patrimoniales y las viviendas catalogadas sufren la ruina del tiempo.

“Lo último que se ha hecho en este barrio es cerrar” el Museo Arqueológico hace ya cuatro años. No hay a juicio de Boloix una política de rehabilitación que vele por los edificios de forma constante: “Aquí si se rompe algo, lo cierran”.

Parece que por fin el Centro Unesco alerta de esta situación, aunque este decálogo no sirva más que para poner sobre la mesa lo que ya se sabe.

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