Manuel Martín: «Las administraciones no son tan abiertas como deberían»

Manuel Martín lleva nueve años al frente de la Oficina del Defensor del Ciudadano de Granada y cada vez tiene más trabajo. La crisis causada por el coronavirus ha hecho que se multipliquen las quejas y las reclamaciones, como apunta en su último informe.

Martín, en su despacho de la calle Horno de San Matías, lleno de papeles pero ordenados. Fotos y vídeo: Lucía Rivas

Manuel Martín García nació en Nigüelas hace 57 años y lleva casi treinta en el ámbito social. Empezó a trabajar en el Ayuntamiento de Granada cuando era alcalde Antonio Jara, ha pateado durante años las calles de La Chana y Norte y desde hace nueve años está al frente de la Oficina del Defensor del Ciudadano de Granada.

Llegó al cargo por consenso casi generalizado de los grupos políticos y asegura que los tres alcaldes con los que ha ejercido su función (José Torres Hurtado, Paco Cuenca y Luis Salvador, por este orden), han respetado su tarea, aceptan su intervención y la tienen en cuenta.

Se confiesa amante de la utopía y asegura que todos los días se propone «comprender el sufrimiento humano por encima de ideologías o creencias». En su despacho, atiborrado de papeles (ordenados, eso sí), tiene una foto con José Chamizo, que una vez le dijo que el cargo de Defensor del Pueblo Andaluz que él ocupó le vendría como anillo al dedo, y otra con el Papa Francisco, que, asegura, le cautivó cuando tuvo la oportunidad de charlar con él antes de una audiencia pública en Roma.

Pregunta: ¿Cómo funciona la Oficina del Defensor del Ciudadano, cómo llegan las quejas y las peticiones de ayuda y cómo se tramitan?

Respuesta: Llegan de distinta forma. Algunas por registro del Ayuntamiento; otras a través de nuestra web, donde hay un formulario fácil de rellenar y donde se pueden adjuntar fotos y documentos; también por teléfono, y de hecho una gran mayoría de las que recibimos en 2020 fueron por esa vía; y además de todo eso, muchas por redes sociales. Yo no era muy partidario de las redes, no me convencían mucho, pero ahora las llevo personalmente. Lo que quiero es que ésta sea una oficina abierta y que cualquiera que tenga una queja nos la pueda hacer llegar.

P: Trabajo no le ha faltado en este último año. Según el informe de actividad recientemente publicado, se produjo un incremento del 24,6% en quejas, reclamaciones y consultas. ¿Es habitual ese crecimiento o ha habido un boom?

R: Ha sido habitual ir creciendo desde que estoy, porque cuanto más se conoce el servicio, se acude más. Pero este año ha sido récord, ha habido un aumento muy grande porque ha sido el año de la pandemia. Sobre todo en llamadas de teléfono. Entre marzo y mayo hubo récord de llamadas. Pudimos casi 8.000 durante esos tres meses, contando las consultas telefónicas y las que se nos hicieron por Twitter o Facebook. 

P: Ante la Covid, cuya gestión no es de una sola administración específica, ¿qué puede hacer el Defensor? 

R: Hay muchas quejas que no son competencia específica del defensor o del ayuntamiento, pero las personas ven la oficina como una tabla de salvación. Algunos piensan que debo ser un Superman con una capa y poderes y no es así. Pero hacemos lo que podemos hacer. Lo que sí logramos es escuchar, hablar, remitir a los servicios correspondientes y hacer que esa persona no esté sola. El 22% de los temas que nos han llegado están relacionados directamente con la crisis, pero todas las peticiones en general guardan relación, porque lo que ha hecho el virus y la crisis que ha generado ha sido destapar o aumentar problemas que ya estaban ahí, que no han surgido de la noche a la mañana.  

P: ¿Quienes recurren al Defensor se dirigen también a otras instancias?

R:  Evidentemente, mucha gente lo ha hecho. Yo creo que si algo tenemos que aprender de esta pandemia es que las administraciones no han estado todo lo abiertas que debieran. Nos vino todo esto de sopetón, es cierto, no estábamos preparados para el teletrabajo y todo eso… Pero muchas quejas que han llegado a la oficina son porque no me han escuchado, no me han cogido el teléfono, no me dan cita… Esto me ha servido para darme cuenta de lo importante que es tener mecanismos para ayudar a los que no tienen mucho o no tienen nada. El sistema tiene que estar abierto, las puertas de las administraciones deben estar abiertas y haber mecanismos para dar respuesta. Creo que esto debería haber servido para que las administraciones se dieran cuenta.

Las crisis nos dan la opción de aprender de los errores y por desgracia no estamos aprendiendo. Los desahucios siguen, aunque hay un decreto del Gobierno que los impide

P: ¿Y cree que sí se han dado cuenta?

R: Quiero creer que sí, aunque hay que ser realistas. A las administraciones se les está empezando a olvidar pronto. Se dieron cuenta de lo que ocurría, porque la situación fue alarmante en todas los departamentos, sociales y no sociales. Pero creo que deberían ponerse las pilas, hacer una reflexión profunda y ver qué podemos hacer. Tenemos que aprender de esto. La crisis es una oportunidad para salir mejor de ella y estos problemas están ahí y no se van a ir por mucho tiempo, y luego llegarán otros. Cualquier crisis tiene dos dimensiones: una es advertirnos de que algo se está haciendo mal, porque los problemas que la crisis ha destapado no son nuevos. La pobreza, los desahucios, las viviendas que no son dignas… Eso ya existía. Y luego, la crisis nos da la opción de aprender de los errores, y pienso que por desgracia no estamos aprendiendo. Los desahucios siguen, por ejemplo, aunque hay un decreto del Gobierno que los impide.

El de los cortes de luz en la zona Norte es un problema tan grave, tan inhumano y tan injusto que nunca me voy a cansar de denunciarlo

P: En el informe se mencionan problemas que vienen de muy largo, como los cortes de luz en la zona Norte. ¿Es que acaso debemos acostumbrarnos a que eso esté ahí, enquistado?

R: Ese es un problema tan grave, tan inhumano, tan injusto, que nunca me voy a cansar de denunciarlo. Es injusto que unas personas paguen luz y no la tengan. Ese es el verdadero diagnóstico. ¿Es un tema complejo? Sí, porque está pasando mucho tiempo y hay una gran dejadez. De Endesa, que ha reconocido tarde que había un problema y ha empezado ahora a hacer inversiones para arreglar instalaciones. Pero allí se producen cortes de luz a diario y mientras haya una familia que pague su luz y no la tenga, yo no voy a parar. Allí, la mayoría paga y no tiene luz. Luego, hay otras personas que no tienen recursos para pagar y hay una minoría que hace un uso ilícito. A cada grupo hay que darle una solución diferente. Pero los que pagan tienen que tener luz. Endesa y las administraciones tienen que ofrecer soluciones y comprometerse. Y las personas que no pueden pagar su luz porque no tienen recursos, deben tener también su luz.

P: Es decir, que el compromiso no sólo debe ser de Endesa sino también de las administraciones

R: Naturalmente. Sobre esto se ha dicho casi todo pero el problema sigue. Mientras no se aborde de forma integral, lo que se haga serán parches. Lo que no podemos permitir es que se culpen  unas administraciones a otras, porque así no se soluciona el problema. Si existe, vamos a arreglarlo. El problema, allí, es el abandono institucional durante muchos años de una zona marginal donde se están desarrollando historias como fruto de la marginación y de que la gente tiene que vivir. Esto no puede ser un juego de competencias porque estamos jugando con la salud de las personas. Allí hay dramas humanos. Ayer se arregló allí un ascensor que estuvo tres días sin funcionar por falta de luz. Eso significa que personas mayores no pudieron ir al médico, eso es tener recluidos en sus casas por problemas eléctricos que pueden solucionarse. Ahí hace falta unidad, no echarse la pelota unos a otros. Ante los problemas hace falta unión, no colores políticos y enfrentamientos.

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Manifestación contra los cortes de luz en la Zona Norte, en imagen de archivo. Foto: L. Rivas

P: ¿Hubo el año pasado muchas reclamaciones o quejas por la contaminación, sin duda un problema grave en Granada?

R: Alguna, sobre todo de colectivos concienciados, pero en general no estamos concienciados sobre ese tema. Y deberíamos estarlo, claro que sí. Esta crisis nos debería haber enseñado a cuidarnos y a cuidar nuestro planeta, y la contaminación es una demostración de que no cuidamos nuestra casa.

Es tiempo de abrir puertas y no hacer tantos compartimentos estancos. Si utilizamos el Área Metropolitana y el Área utiliza Granada, ¿por qué poner trabas? Nos estamos volviendo un poco insolidarios y ponemos barreras donde no las hay

P: También resalta el informe que en ocasiones no ha habido la colaboración necesaria con otros municipios del Área Metropolitana. ¿Está mal avenida, la función del Defensor debería traspasar los límites geográficos de la capital, haría falta que esta figura abarcara también a los pueblos del Cinturón?

R: Mis competencias son sólo de Granada, pero atiendo a personas de otros sitios. Es verdad que nos estamos volviendo un poco insolidarios y ponemos barreras donde no las hay. Las competencias no pueden ser una traba más. Las administraciones no deberían ponerlas porque todos somos humanos. Es tiempo ya de abrir puertas y no hacer tantos compartimentos estancos. Nosotros utilizamos el Área Metropolitana y el Área Metropolitana usa Granada. Entonces, ¿por qué poner trabas?

Las administraciones deberían sentarse, como para el transporte, para temas como el de las personas sin hogar. Aquí vienen muchas que no son de Granada y hay que alojarlas. Ahí, por ejemplo, entiendo que la Diputación y el ayuntamiento deberían ir de la mano.

P: Cuando presentó el informe en el pleno, hizo una llamada a la unidad de los políticos. Tal como está el patio, ¿no es una ingenuidad?

R: Puede que sí. Igual, más que ingenuo, es que soy un utópico convencido. Nada en esta vida se ha conseguido sin la utopía. El progreso, decía un gran pensador, es la realización de la utopía. Creo en la utopía porque la realidad me parece tan espantosa que, si no me levanto con utopía…  Yo, cada día que me levanto, creo que los problemas tienen solución. Si no lo creyera, saldría deprimido.

Cada queja es un regalo (señala un pequeño cartel que tiene colgado en el despacho que dice exactamente eso). Las quejas dan la oportunidad de cambiar lo que no funciona. Este es un observatorio de la realidad. Es algo muy importante, una especie de encuesta continua para que un partido vea cuáles son los problemas vea cuáles son las cosas que preocupan a la ciudadanía.

Soy como el médico, éste es el diagnóstico, lo que llega aquí es eso y el político que no lo quiera ver, lo siento

P: ¿Cuántas veces le han dicho que esta oficina está politizada, que es un órgano del Ayuntamiento? ¿Le molesta eso? 

R: No me gusta escucharlo porque no es la realidad. Esta oficina depende del ayuntamiento, que en un momento está gobernada por un partido y luego por otro. Pero a mí me nombraron por consenso mayoritario y eso es importante.

Yo intento, todos los días me lo propongo, comprender el sufrimiento humano por encima de ideologías, de las creencias de cada uno. Lo que aquí llega lo transmito sin filtros. Digo lo que ocurre en Granada, soy como el médico. Ese es el diagnóstico, lo que aquí llega es eso.

El político que no lo quiera ver, yo lo siento. Intento por todos los medios que esta oficina no se politice y creo que lo estoy consiguiendo. Y digo que los tres alcaldes que he tenido, cada uno a su forma, me han escuchado y me ha respetado, a pesar de que lo que llevo son quejas: los vecinos de Ganivet, los botellones, la limpieza, la falta de seguridad en el Albaicín… Pero también recibo muchas gratificaciones de vecinos que nos felicitan por nuestro trabajo.

Los políticos aceptan mi intervención y me tienen en cuenta. ¿Me gustaría que más? Sí. Y me gustaría que se acabaran los problemas de Granada, que son los de España y Andalucía.

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