La larga sombra de los ‘romanes’ en el Zaidín

iglesia San Juan María Vianney

Iglesia de San Juan María Vianney, donde ejercía como párroco el líder de los romanes.

Imposible intuir al lobo bajo la piel del cordero. Para muchos vecinos del Zaidín solo así se puede explicar que los sacerdotes investigados por supuestos abusos contra menores, llamados los ‘romanes’ o ‘los romanones’,  se ganasen la confianza de más de un parroquiano sin despertar sospechas de la doble vida que, al parecer, llevaban.

La iglesia de San Juan María Vianney, donde el líder de clan, Román Martínez, ejercía como párroco, transmitía una imagen de “tolerancia y modernidad”. Hace un año acogió la conferencia anual de un conocido imán, abriendo sus puertas a la comunidad musulmana. Tras convertirse en escenario de un espectáculo de Gospel y unas jornadas sobre África, su salón de actos empezaba a valorarse por estar “abierto al barrio”, donde describen a los integrantes grupo (cuatro de ellos están imputados por graves abusos sexuales a menores y otros ocho son investigados por encubrimiento), como “los típicos curas modernos” conscientes de que el hábito no hace al monje: “iban sin sotana y la mayoría de las veces sin alzacuellos”, detallan los zaidineros, que hablan del líder del grupo, en libertad con cargos tras pagar una fianza de 10.000 euros, como alguien “muy carismático y cercano”.

iglesia San Juan María Vianney

Primeras pintadas aparecidas en la iglesia tras el escándalo.

Sus homilías –tanto en Vianney como en San Pío X, donde también ejercía como párroco desde hace un año- no solían dejar indiferentes a los fieles. Mientras en otras parroquias del barrio se “sermoneaba recurriendo al demonio”, el padre Román, actualmente apartado de sus funciones pastorales, despertaba la fe defendiendo la necesidad de ser un buen cristiano. “Hay que reconocer que se trata de un gran teólogo”, confiesa una feligresa, para la que sus palabras contrastaban con la vida opulenta y alejada del voto de pobreza que predica el evangelio. Quizás por este motivo no comulgaban con los curas y monjas obreros del barrio, se rumorea en el Zaidín.

“Al ver sus móviles de última generación y algunos de sus coches nos preguntábamos cómo un cura puede mantener ese estatus”, coincide más de un vecino, que echa en falta “algún símbolo” denunciando lo sucedido. Y es que después de que el mayor escándalo de presunta pederastia haya sacudido los cimientos de la Iglesia granadina “nada recuerda esta aberración en el barrio”, lamentan.

Padre José (San Pío X): «Igual si lo hubiese oído de otros compañeros me callaría, pero por estos pondría las manos en el fuego»

En las dos iglesias donde Román ejercía como párroco, la actividad transcurre con normalidad. No solo no se han visto resentidas, sino que han aumentado su público. Durante la celebración de la Inmaculada Concepción en la pequeña parroquia de San Pío X más de 50 parroquianos oían con atención la homilía. Oficiaba la ceremonia Manuel Quintana, uno de los sacerdotes investigados por posible encubrimiento. Su hermano Sergio es el seglar al que han apartado cautelarmente de sus funciones como profesor de Religión. Se encuentra en libertad con cargos, al igual que otros dos curas presuntamente implicados en los abusos: Francisco José Campos Martínez, juez del Tribunal Diocesano, y Manuel Morales Morales, párroco en Órgiva, ambos muy conocidos en el barrio, de donde son oriundas sus familias.

Manuel Quintana prefiere no hacer ninguna declaración a Granadaimedia sobre el caso, bajo secreto de sumario, y se limita a sostener su inocencia, remitiendo a las palabras de «nuestro abogado defensor». Baja la mirada y la aparta segundos antes de confirmar con un “por supuesto” que denunciaría una perversión así en caso de conocerla. “Si algo así hubiera estado pasando me habría enterado porque los conozco muy bien”, asegura.

Los parroquianos de San Pío X, conocida por su labor en Cáritas en su etapa con los Salesianos, tampoco quieren opinar hasta que la justicia se pronuncie. Sí destacan la reforma de la iglesia cuando llegó Román. “Cambiaron las ventanas, pusieron bancos nuevos y han hecho mucho por mejorar las instalaciones“, cuentan.

El padre José, que ayuda actualmente a Quintana en la parroquia, no da crédito a la denuncia. “Igual si lo hubiese oído de otros compañeros me callaría, pero por estos pondría las manos en el fuego”, asegura, subrayando su “altura moral” y las lecciones de bondad que aprendía cada vez que se cruzaban en su camino.

Amiga de Daniel: «Lo está pasando fatal. Y se lo pensó mucho antes de escribir al Papa»

Sus palabras difieren radicalmente del infierno que Daniel describía en su carta al Papa, quien lo animó a denunciar y le pidió perdón personalmente por teléfono tras iniciar una investigación canónica sobre lo ocurrido.

El joven zaidinero, hoy profesor en una ciudad del norte de España y supernumerario del Opus Dei, es conocido por muchos por sus años de monaguillo en la parroquia, pero también por su carácter cordial y bondadoso. “Lo está pasando fatal. Y se lo pensó mucho antes de escribir al Papa”, asegura una fuente cercana, para la que su intento de “evitar que otras posibles víctimas” caigan en «las garras de los romanes» lo impulsó a denunciar.

Gran parte del barrio aplaude la celeridad y sensibilidad con la que el Papa respondió a su misiva y lamenta el supuesto intento de ocultar lo ocurrido por parte del arzobispo de Granada, al que el Vaticano retirará de su cargo tras la Navidad, anuncian medios como ElDiario.es.

Aunque el prelado ha apartado de sus funciones a los sacerdotes y el profesor de Religión directamente implicados en la denuncia de Daniel, para fuentes cercanas a la víctima su esfuerzo a la hora de tratar de “destapar esta cloaca” fue inversamente proporcional a la rapidez que se dieron a la hora de eliminar de San Juan María Vianney las pintadas de “pedófilos” y “sucios pederastas” que en dos ocasiones han aparecido en su fachada, critican. “Años de pedofilia borrados en apenas un par de horas”, denunciaba al respecto algún vecino en las redes sociales.

Con o sin pintadas, el escándalo ha conmocionado al barrio, así como a las numerosas congregaciones religiosas implicadas desde hace años por la transformación de su realidad social.

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