Las risas de la infancia vuelven a las calles

Hablamos con distintas familias para ver cómo han vivido el primer día de desconfinamiento infantil. Si bien los pequeños lo han disfrutado a lo grande, los adultos han experimentado sentimientos antagónicos.

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Primer día de desconfinamiento en Granada para los más pequeños. Foto: Lucía Rivas

La estampa distópica que domina Granada desde que arrancó la cuarentena ha cambiado de semblante este 26 de abril, fecha que ha marcado el principio del desconfinamiento infantil. El sonido de las risas infantiles ha vuelto tímidamente a las calles, poblando de alegría contenida el silencio sepulcral reinante los días atrás. Los patinetes, bicicletas y monopatines se han ido escalonando en un día que, si bien los pequeños han disfrutado a lo grande, los adultos han vivido con sentimientos encontrados: miedo, en unos casos, sensación de libertad y felicidad en mayúsculas, en otros.

“Un hombre que estaba en el balcón me ha dicho que echaba mucho de menos oír a los niños jugar en la calle y reírse… Y es verdad. Esa alegría contagiosa de los niños en las calles la necesitábamos todos”, cuenta Isabel, madre de dos pequeños, Pablo y Sofía, que no ha podido evitar que se escaparan las lágrimas de emoción cuando un conductor de autobús les ha pitado en señal de saludo. “Mis niños también estaban emocionados. Me decían: mamá, estamos en la calle”, parafrasea.

El día gris y lluvioso no ha logrado nublar la ilusión con la que los menores han disfrutado de la jornada. “Me llamo Gabriel, tengo 7 años y estoy felizzzzz”, cuenta un pequeño después de su paseo.

Un respiro tras más de 40 días de encierro

Tras más de 40 días de encierro, su hermana Eugenia, de 13 años, es consciente de haber experimentado un momento “único”. “Me he sentido diferente. Nunca había vivido la situación de salir a la calle y pensar lo bien que se siente uno. Me he cruzado con los niños más pequeños con una sonrisa en la cara, que saludan muy amables porque llevan mucho tiempo sin ver a nadie que no sean sus padres o sus hermanos. Me ha encantado respirar el aire puro y pasar un buen rato. Es una experiencia nueva para mi que jamás olvidaré y que de mayor podré contar a mis seres queridos”, refiere.

Su padre, Nacho, también es consciente de que algo ha cambiado. “Nos hemos cruzado con varios padres y madres que iban con sus hijos y se notaba reticencia a acercarse. Todos hemos guardado la distancia de seguridad, pero todo el mundo ha saludado cuando hace unos meses apenas te decían hola y adiós, y además todos comentaban la sensación de libertad. Me esperaba encontrarme a más gente, la verdad”, señala este residente en los Rebites, partidario de que la decisión de dejar salir a los menores “en estas circunstancias controladas se hubiera tomado antes”.

«Ha sido raro, estábamos deseando, aunque algo temerosos llegado el momento. El día tan frío, gris y húmedo no acompañaba, pero eran mayores nuestras ganas de salir», resalta Ainhoa, también vecina de Los Rebites. A sus pequeños -Jaime y Ainara de 8 y 10 años- les ha encantado airearse y hacer un poco de ejercicio. «Nos hemos sentido muy bien y necesitábamos salir a la calle», coinciden, aunque Ainara matiza que, «al mismo tiempo», le ha resultado «muy extraño porque no había casi nadie y estamos acostumbrados a ver a mucha gente junta y las calles llenas. Nadie se acercaba y todos los que nos hemos cruzado iban con mascarillas», reseña y añade: «tenían que habernos dejado salir antes».

Un momento temido y esperado

El fin del confinamiento infantil ha sido uno de los momentos más temidos y esperados de la crisis sanitaria provocada por el Coronavirus. Había quien reclamaba para la infancia -“la gran olvidada” en estos tiempos de pandemia, según apuntan algunos expertos-, el mismo derecho que para los perros. Pero también, en el extremo opuesto, no pocas voces se han alzado en contra de la salida de los niños, a los que se apunta como vector de contagio.

Es el caso de Fer, para la que el final del encierro infantil es una decisión «política que llega demasiado pronto», de ahí que haya optado por «no sacar aún a Biel (de 2 años) porque pensamos que todavía hay muchos contagios. Él nunca pide salir y lo lleva bien”, detalla esta vecina del Zaidín, quien sostiene que “los niños son portadores asintomáticos y el que salgan perjudica a la sociedad en general”.

“No son conejillos de Indias”, subraya esta madre, mientras refiere las improntas y vídeos que ha visto por Instagram de lugares masificados y familias saltándose las recomendaciones sanitarias.

Imágenes que durante todo el día corrieron como la pólvora en las redes sociales bajo las etiquetas #Irresponsables, #AsíNo y #PaísdePandereta. En los grupos de whatsapp y maternidad de Granada la realidad distaba, sin embargo, de la que ilustraba el mundo virtualizado del encierro.

“Se viraliza más lo que se hace mal”, refería una madre, cuya experiencia en las calles de la ciudad nada tenía que ver con la imagen irresponsable que ha dado la vuelta a las redes. “Somos muchas las familias que lo hemos hecho bien. Intentemos concienciar a las demás”, señalaba una. “He visto a otros padres y madres cumpliendo las normas y en general todos muy respetuosos y responsables”, agregaban otras, que afeaban las conductas incívicas convertidas en ‘trendic topic’ a lo largo de la jornada, al tiempo que llamaban a la responsabilidad bajo la etiqueta #sabemoscuidarnos y #sabemoscuidar.

Salir o no salir, esa es la cuestión

“No tenía muy claro lo de salir. Llevo desde que lo anunciaron pensando dónde ir, en qué sitio  podríamos pasear que no estuviera muy masificado. Al final hemos salido a una calle peatonal por detrás del edificio de CajaGranada. Al principio he sentido inseguridad. He echado el patinete para que tuviera las manos ocupadas en el manillar y no tener que estar advirtiendo todo el tiempo “no puedes tocar nada”, cuenta Marta, con un pequeño de 3 años. 

“No había mucha gente en la calle y yo he salido con el niño muy aleccionado”, sostiene, aunque después ha coincidido con algunas madres que conocía en el trayecto. “Hemos guardado la distancia de seguridad, los peques también, pero al menos han socializado algo en la distancia”, cuenta en un audio en el que se oye a José María, su hijo, negándose a que este momento acabe. “Mañana podemos salir otro ratito”, intenta convencerlo. “Me ha encantado ver a los amigos”, refiere después el peque, porque “ver a otros niños y jugar con ellos es lo que más echa de menos”, agrega Marta.

“Cuando se ha caído al suelo le he lavado las manos con sus toallitas antisépticas y, en cuanto lleguemos a casa, quitamos zapatos, nos lavamos las manos, nos cambiamos la ropa y vuelta a lavar las manos”, describe esta vecina del Zaidín.

Medidas de seguridad

Días antes del fin del confinamiento infantil se han compartido numerosos consejos sobre buenas prácticas, como esta guía de Sanidad o artículos con recomendaciones de pediatras para las salidas con los pequeños. También se viralizaba la aplicación ¿cuánto es un kilómetro? para calcular esta distancia desde casa y cumplir la norma de 1 kilómetro, 1 adulto, 1 hora.

Nos cruzábamos para no coincidir

«Me alegra haber salido, que hayan vuelto a conectar por poco tiempo con el exterior, aunque también te digo que están muy acomodados en casa y no lo echaban de menos o, al menos, a mi no me lo han demostrado», relata Pilar, con dos hijos, Ángel y Pablo. «Al volver nos hemos quitado las zapatillas, nos hemos lavado muy bien y ahora a la ducha. Impresiona vivir todo de esta manera, nos hemos cruzado con gente y se veía cómo nos separábamos para no juntarnos o incluso cruzábamos para no coincidir y eso me ha dado un poco de tristeza. Aunque entiendo que al principio sea lo más lógico y seguro», advierte.

Una extraña ‘normalidad’

«Bruno ha dado su primer paseo después de 5 semanas de vida», cuenta por su parte María, residente en Carretera de la Sierra, que comparte un selfie del glorioso momento en el que la felicidad en su rostro es palpable. «Todo muy tranquilo y nada de psicosis por nuestra parte. Han disfrutado mucho los tres hermanos», describe.

Si algo han compartido muchos progenitores es la sensación de «extraña normalidad» en un contexto tan inédito como desolador. Resulta difícil no reparar en las persianas cerradas a cal y canto en los comercios, bares y terrazas donde hace apenas unos meses bullía la vida social de los barrios o los precintos en los parques que cada tarde se llenaban del griterío de ‘enanos’ dispuestos a darlo todo. 

“Por un momento he tenido la sensación de que no había pasado nada, aunque ha pasado todo. Pasas por las mismas calles y sitios, pero todo es muy extraño», detalla Mina, que ha salido «muy tranquila y feliz de volver a estar en la calle con su hijo Alan, de 3 años. «Cada vez que ha tocado algo le he echado gel desinfectante en las manos y lo hemos disfrutado un montón”, cuenta.

Lo han vivido de otra manera las madres y padres a los que les ha tocado quedarse en casa. «Mi sentimiento es de miedo e inseguridad. Antes de salir he avisado al peque: No toques nada y, si papá toca algo, le regañas», comenta Irene, cuyo hijo, Martín, de 3 años, estaba «feliz», recalca. «Me ha dicho muy contento: «¡nos vamos a la calle, mami, la policía nos deja un rato!».

De un modo u otro, todos han compartido una inefable ilusión, similar a la que se siente mientras se aguarda la Noche de Reyes. En estos tiempos de confinamiento en los que la felicidad se sirve a pequeños sorbos y lo que era rutina ahora es privilegio, las familias han vivido intensamente esta esperada hora que seguro tanto pequeños como adultos atesorarán para siempre en su memoria.

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