«Después de 48 años, me veo en la calle»

Josefa Torres Rodríguez, conocida en el Albaicín como ‘Pepa’, vive angustiada ante la posibilidad de que sea expulsada de la casa donde lleva viviendo en régimen de alquiler desde hace 48 años. La propietaria ha vendido la vivienda y el nuevo dueño quiere que los dos inquilinos abandonen la vivienda. «¿Dónde voy yo con una pensión de viudedad de 395 euros?», dice.

Pepa en su casa del Albaicín

Pepa, junto a la puerta de la que todavía hoy es su vivienda, en la calle Álamo del Marqués número 13.

A Josefa Torres Rodríguez la conocen  en el Albaicín como ‘Pepa’. La puerta de su casa, en la calle Álamo del Marqués número 13, suele permanecer abierta de par en par, lo que le permite tener un trato especial con sus vecinos. No sólo con ellos. Es raro que no haya gatos al acecho de la comida que Pepa les proporciona a diario. Con la única compañía de su perra y en un mundo cada día más deshumanizado, esta mujer encuentra consuelo en el cariño de sus vecinos y en los ronroneos con que le obsequian los gatos.

Pepa lleva desde agosto de 1964 residiendo en régimen de alquiler en una pequeña vivienda de apenas 40 metros cuadrados, situada en el bajo Albaicín y con vistas a la Catedral. Ella y un vecino que vive en el piso superior pueden verse en cualquier momento en la calle.

«Aquí he criado a mis hijos y a mis nietos y ahora, después de tantos años, me veo tirada en la calle. ¿Dónde voy yo con una pensión de viudedad de 395 euros que apenas me alcanza para vivir?», repite con insistencia. Pepa se agarra como alma en pena a su único seguro de vida, el contrato de renta antigua que formalizó a mediados de los años sesenta con el que era hasta hace unos meses el propietario y por el que viene pagando hoy un alquiler de 11 euros al mes.

El dueño ha vendido recientemente la casa sin acometer las obras de urgencia que desde hace unos años le exigía el Ayuntamiento de Granada. De hecho, el área de Urbanismo ordenó que se procediera a la reforma por ejecución subsidiaria ante los reiterados incumplimientos de la propiedad, pero ahora su venta deja en manos del nuevo propietario la futura rehabilitación.

Los peritos que envió el Consistorio certificaron que la casa necesitaba una reparación urgente pero descartaron que estuviera en ruina, una situación que en muchas ocasiones buscan los propietarios de las viviendas para expulsar a los inquilinos.

La suerte que pueda correr Pepa y el otro inquilino no parece que sea ya de su incumbencia. La antigua propietaria se ha limitado a informar por escrito a los inquilinos de que se había puesto a la venta la casa por 10.000 euros, sin que en el precio fuesen incluidos los gastos que se derivan de las obras de rehabilitación, trabajos que corresponde realizar al nuevo dueño.

Tampoco se le ha dado la opción de compra a los actuales inquilinos, según afirma la vecina afectada quien, no obstante, dice no disponer de recursos económicos. «No tengo bienes y tampoco puedo irme a casa de mis hijos porque ellos también tienen sus problemas. Lo que tengo, está entre estas cuatro paredes. Si fuera joven pues me podría ir a otro sitio, pero a mi edad…».

«Qué más quisiera tener yo posibles, un medio de vida para poder irme a otro sitio»

Pepa trató de buscar una solución por su cuenta, acudiendo a la Empresa Pública de Suelo de Andalucía (EPSA), organismo dependiente de la Junta de Andalucía, que en los últimos años ha rehabilitado varias viviendas en el Albaicín para luego alquilarlas a un precio por debajo del mercado. «Me dicen que no hay viviendas por ahora», se lamenta.

Por el momento no ha tenido contacto directo con el nuevo propietario. «Todavía no ha dado la cara», asegura. La mujer fue a pagar el alquiler del mes de junio y no se lo han querido cobrar. El nuevo dueño se ha comprometido a hacerse cargo del requerimiento de medidas inmediatas para consolidar la estructura, pero la afectada teme que fuerce la situación de ruina para echarlos cuanto antes. Según Pepa, el propietario les ha hecho llegar una propuesta para que abandonen la casa a cambio de 3.000 euros a repartir entre ambos inquilinos, oferta que no han aceptado.

«Con ese dinero no voy a ninguna parte. Qué más quisiera tener yo posibles, un medio de vida para poder irme a otro sitio. Mi problema es que no tengo otra salida», asegura Pepa, quien dice tener «la moral por los suelos». De momento ha conseguido el apoyo de la Asociación de Vecinos del Bajo Albaicín, que se ha encargado de proporcionarle un abogado para tratar de encontrarle una solución.

(8-7-2012)

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