Disfrutar del patrimonio es también conservarlo

Fin de semana de celebración en el Albaicín. El Día de las Ciudades Patrimonio de la Humanidad permitió acceder a edificios de gran valor histórico y monumental, pero se echó de menos acciones reivindicativas para evitar la desaparición de bienes catalogados

Casa morisca del Horno del Oro, patrimonio

Visita nocturna a la casa morisca Horno del Oro, gestionada por el Patronato de la Alhambra.

El objetivo del Día de la Solidaridad de las Ciudades Patrimonio de la Humanidad era, según sus propios organizadores, “redescubrir” el Albaicín. Durante este fin de semana, los vecinos y foráneos que se han acercado al barrio han podido acceder a edificios de gran valor histórico y monumental que, por lo general, permanecen cerrados o con un horario muy restringido al público.

La posibilidad de conocer de cerca inmuebles catalogados, participar en paseos o rutas guiadas sobre distintos aspectos de la historia del barrio o disfrutar de las actividades que se han desarrollado en distintos espacios urbanos, siempre es una oferta atractiva. Incluso los descuentos en los menús de algunos de los restaurantes del Albaicín.

Aquellos que han recorrido este fin de semana sus calles para saber algo más del rico patrimonio del Albaicín –el disponible- han podido disfrutar de las vistas privilegiadas desde los campanarios de San Miguel Bajo o San Nicolás; rincones realmente bellos como el aljibe del Rey, la casa Max Moreau, la Casa Zafra, la casa morisca Horno del Oro o el alminar de San Juan de los Reyes (lástima que no se haya podido subir a la torre).

Ejemplar ha sido la labor divulgativa del Centro de Documentación Musical de Andalucía que, además de proyecciones, su personal se afanaba en explicar la evolución de los instrumentos y los distintos soportes sonoros. Los visitantes tenían la oportunidad de tocar algunos de los instrumentos.

Poesía de Manuel Benítez Carrasco en el aljibe del Rey, música de jazz en la casa museo Max Moreau, rutas guiadas para descubrir el rico patrimonio que dejaron los siglos de presencia musulmana, verbena popular para revitalizar San Miguel Bajo…

Nada que objetar salvo que no se repita con mayor frecuencia en el tiempo, entre otras razones porque en su mayoría son edificios públicos a los que, en algunos casos, no se les ha encontrado otro uso que el administrativo. Y salvo ese empeño de las autoridades y de las entidades colaboradoras (la Fundación Milenio de Granada no ha participado) por eludir su responsabilidad en ese otro Albaicín que languidece y que también es Patrimonio de la Humanidad. No estaría mal llamar la atención sobre los errores del pasado y del presente para evitar repetirlos en un futuro.

(8-9-2013)

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