El comercio de barrio, un soporte en tiempos de pandemia

El comercio de los barrios de Granada se adapta a otro tipo de consumo durante la pandemia por Covid-19. Así lo viven algunos de los que permanecen abiertos. Hemos creado un mapa con los establecimientos abiertos.

Comercio de los barrios de Granada corona virus

En una ciudad casi paralizada hay pequeños gigantes que han decidido seguir a toda costa. Están Juan Manuel, Eva, María José, Luis Javier, Vanesa, Giovanni, Francis, Carmen… Sus motivos son muy parecidos, están trabajando por no dejar morir comercios de los barrios de Granada con hasta 30 años a sus espaldas. Levantar la persiana les supone volver a conectar con sus vecinos de siempre, aunque las ganancias no tengan nada que ver con lo que eran antes de la pandemia.

Juan Manuel lo aclara. En 24 años que tiene su óptica, la Óptica Abril, jamás se había enfrentado a nada parecido: “he hecho en un mes lo que hacía en una mañana”. Cuatro lentes y arreglos de roturas en las gafas de niños han sido toda su actividad. “Justo ahora que comenzábamos a recuperarnos de la crisis económica”, llega esta otra crisis aún peor para la que necesitará, prevé, otros dos años para reponerse.

Es difícil cuantificar las pérdidas. Giovanni no puede calcular el número de pizzas que han dejado de hacer en Pizzametro, pero echa cuentas al otro lado del teléfono: “Si antes usábamos entre 50 y 70 litros de agua al día para amasar pizza, ahora lo hemos reducido a unos 7 litros”. Catorce años en esta ciudad son los que ha necesitado para hacer crecer su restaurante desde un espacio muy pequeño a otro mucho mayor.

Pizzametro

Giovanni enseña su salón comedor en Pizzametro. Foto: Lucía Rivas

Envíos a domicilio

No hay nada más triste, cuenta, que comparar el comedor de “nuestra pizzería antes repleto de gente y ahora en silencio total, con las sillas recogidas sobre las mesas”. Prefiere no pensarlo demasiado. Ha elegido reabrir con un servicio a domicilio que antes no tenía porque decidió centrarse en el servicio personal de su local de Gran Capitán. “Las cosas han cambiado” y la experiencia no le ha ido del todo mal. “El primer viernes que comenzamos a hacer envíos entregamos unas 35 pizzas”.

Reinventarse para poder seguir. En el caso de Giovanni tendrá que decidirse por una agencia que sea capaz de hacer las entregas con la celeridad que a él le gustaría para no fallar a sus clientes de siempre. En el de Vanesa es trabajar para ganar nada o muy poco. Ella, que regenta la tienda de productos de peluquería ASR Profesional, se dedica mientras le permitan abrir, a hacer envíos a las clientas que lo necesitan. “En su mayoría me piden tratamientos para deshacer los daños que los tintes malos han provocado en su pelo”. Siete euros es lo que gasta para hacer cada uno de esos envíos. Merece la pena, sin embargo, para no perder la fidelidad de antes de la crisis.

María José, de Jamones Abuxarra, lleva muchos años llevando el mejor sabor de la Alpujarra a otras zonas de Granada. Jamones y también quesos, y vinos, miel, embutidos, conservas y legumbres que sigue distribuyendo, sólo que a otro ritmo y de otras maneras. 

Hablamos de tú a tú, pero por internet

“El cariño con el que atendemos a nuestros clientes sigue siendo el mismo, además ahora nos escriben por correo y por whatsapp. Soy yo quien generalmente habla por estos medios y sigo haciéndolo como en la época de “Apadrina un Jamón”, con el mismo amor por mi trabajo y respeto por todas y cada una de las personas que confían en nosotros para comprar un jamón de la Alpujarra. Hablamos de tú a tú, como en el mostrador, pero tecleando en internet y cobrando con Bizum”.

Los clientes de su tienda siguen siendo los mismos, no los han perdido, pero sí nota que ahora se comportan de forma diferente. “El consumo está cayendo, muchas personas se han quedado sin trabajo y el cliente del comercio de barrio es una persona mayor, muchos pensionistas que igual que hicieron en la crisis de 2008 se vuelven a convertir en vértebra esencial de la economía familiar”. En ellos y en todos los demás piensan tanto María José como su hermana Teresa y José Andrés. Servir los numerosos productos que tienen en su catálogo a puerta cerrada supone un esfuerzo mayor, pero es un esfuerzo que merece la pena.

A pesar del miedo y la incertidumbre de una situación “desoladora” como esta, elige quedarse con todo eso que la gente está demostrando día a día. Tras una primera etapa de locura compulsiva, con carros cargados de papel higiénico y estanterías de productos frescos desiertas en los grandes supermercados, ahora es diferente. “El comportamiento de la sociedad en general, en contrapunto con la clase política y muchos medios de comunicación, está dando una respuesta ejemplar y ha sacado la cara más solidaria y humana de las personas”. Destaca otra clave del momento: “La naturaleza está ahora reponiéndose del daño que le estábamos haciendo con nuestra voracidad en el consumo”.

Coincide con ella Francis. Su Carnicería Zaidín Halal vivió una primera semana “caótica” en marzo, cuando la gente acudió con el miedo del desabastecimiento a “llenar los frigoríficos” para pasar después a otras semanas de extraña calma. “Teníamos 200 clientes diarios y ahora unos 50”, pero 40 años de experiencia son muchísimos años. A los que acuden al establecimiento hay que sumar los diez repartos que se hacen al día con cordero segureño, ternera, carne de guiso o pollo en diferentes tipos de piezas y fileteados al gusto del consumidor, como siempre.

Carnicería Halal Zaidín

Carnicería Halal Zaidín. Foto: Lucía Rivas

“Nos supone más trabajo pero se trata de poder ayudar a la gente que no puede venir, en especial a la gente mayor”. Tanta es la ayuda, y la confianza, que la mayoría de las veces ese apoyo que prestan a quienes llevan comprándoles carne casi toda la vida no se limita a llevarles lo que necesiten. Dan bastante más.

La carnicería de Luis Javier, que lleva su nombre y está en Merca 80, sirve también a domicilio. Con un número muy parecido de pedidos, unos doce al día, cuenta que “hay menos compras pero se llena bastante más la cesta”. Abierta desde 1982, la fidelidad de sus clientes es incuestionable.

Ocurre lo mismo en la Pescadería Eva, aunque es más difícil definir lo que más se consume en este comercio de barrio. “Depende del día, del día y del precio”, cuenta Eva por teléfono, pero en su mayoría ganan boquerones y pescada. Tras unos primeros días de cierre, en los que notaron muchísimo cómo el miedo mantuvo a los vecinos en sus casas sin salir siquiera a hacer las compras, ella y su marido han vuelto a reabrir: “Las ayudas no llegan y dependemos únicamente de esto”.

A todo esto hay que sumar que cada uno de los comercios que han podido abrir han tenido que hacer un esfuerzo especial para adaptar las medidas de higiene y seguridad. 

Clientes con nombres y apellidos

Carmen ha dejado de vender, aunque los tiene, perfumes y cremas. Su Droguería Romero, de la Calle Silencio, ahora sólo atiende a los múltiples pedidos de guantes, lejía y mascarillas que han aumentado la demanda de una forma espectacular. La situación por el Estado de Alarma la llevaron a cambiar horario y forma de atender: ahora sólo de 10:00 a 14:00 horas y con un mostrador en la puerta que evita las aglomeraciones. Como a muchos de los demás, pasa que lo poco que se gana abriendo sirve “para pagar autónomos como mucho”, porque la reducción es “drástica”.

Droguería Romero

Carmen, de la Droguería Romero, enseña el mensaje que envía a sus clientes. Foto: Lucía Rivas

No renuncia sin embargo a esa otra cara que tiene la situación: “El pequeño comercio de barrio es el que da vida y alegría a las calles. Para mí mis clientes no son números, son personas con nombres y apellidos a los que me gusta tratar con cercanía y aconsejar cuando puedo”.

Volver a abrir la puerta de la Cocina de la Abuela, en Santa Fe, ha sido para Eva como abrir su negocio por primera vez. Ocho años en la cocina y detrás del mostrador le han dado para llamar por su nombre a la mayoría de sus clientes y conocer los gustos culinarios de los mayores a los que prepara y lleva a su casa menús mensuales. “Algunos se han quedado en el camino”, dice. Después de un mes de inactividad, después de un mes “dependiendo de ahorros”, ella y su marido han decidido reabrir su asador y confiar en que la calidad de sus comidas y el trato familiar vuelvan a salvar su trabajo.

Ahora que ese trato familiar, ahora que la calidad, la cercanía y el buen consejo han demostrado que no hay pandemia que pueda con ellos, todos sin excepción confían en volver a despertar los barrios y las calles de Granada, donde han vivido casi siempre. 

Mapa del pequeño comercio de los barrios de Granada

En GranadaiMedia hemos creado un mapa interactivo con el pequeño comercio que está abierto y prestando servicio a los vecinos de la ciudad. Darles visibilidad es nuestra forma de apoyarlos. Si tienes un negocio abierto y no estás en el mapa, rellena el formulario que encontrarás en este enlace y te incluimos: https://forms.gle/SkaeMYJoTnVE2LXo8

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