La histórica joya oculta de Granada

La ermita de San Sebastián, con ocho siglos en pie, ha sido testigo de momentos muy significativos de la historia de la ciudad, pero no es tan conocida ni tiene el prestigio de otros monumentos.

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Puerta de acceso a la ermita de San Sebastián, semioculta por el crecimiento de la ciudad entorno al río Genil. Fotos: Lucía Rivas

Lleva en pie ochocientos años, cosa que no muchos monumentos de Granada pueden decir. Albergó la primera misa cristiana en España tras finalizar la Reconquista. Fue el punto de encuentro entre los Reyes Católicos y Boabdil el Chico para que éste firmara la rendición de la plaza y entregara las llaves de la ciudad. El santo al que está consagrada fue el primer patrón granadino, sustituido después por San Cecilio.

Y antes de todo eso fue un morabito (templo musulmán) asociado al Alcázar de Genil, el palacio que servía de lugar de recreo y esparcimiento para los nazaríes en su época de esplendor, y también de encuentros más o menos furtivos entre musulmanes y cristianos, al estar situado en una especie de tierra de nadie. Es, en definitiva, historia pura de Granada, y sin embargo casi nadie se acordaría de él a la hora de nombrar los monumentos más significativos. Es una joya oculta. 

La ermita de San Sebastián, el edificio que protagoniza este reportaje, parece observar todos esos acontecimientos con un punto de timidez. Como no es rimbombante y ha quedado esquinado en un espacio presidido por el Palacio de Congresos, permanece discreto y humilde junto al río Genil. Al verlo así, casi se diría que quiere pasar desapercibido. El templo no es que esté abandonado, pero tampoco le sobran acompañantes. 

La historia de la ermita de San Sebastián

El edificio, de una planta, se construyó en 1218 y, para entender su significado inicial, el historiador del Arte Manolo Serrano cree que «hay que conocer dos términos del mundo musulmán ligados a lo que ahora es ermita y que son morabito y rábita. Cuando hablamos de morabito, en origen, hacemos referencia a un hombre santo o ermitaño, aunque con el paso del tiempo la palabra quedó también asociada al edificio que daba cobijo a estos santones, bien porque era el lugar que habitaban o bien porque era su tumba, lo que convertía a dichos espacios en una especie de ermitas o santuarios de veneración popular».

«Por otro lado -continúa- está el término rábida o rábita, que define a un tipo de conventos–fortalezas, situados en zonas fronterizas y que daban cobijo a una casta de monjes guerreros dedicados a la oración y la guerra, llevando una vida austera y espiritual que compaginaban con la defensa del territorio».

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Interior de la ermita, construida en 1218 y sometida a varias reformas y usos. Fotos: Lucía Rivas

El historiador aclara que, en la ermita de San Sebastián, «ambos términos quedan asociados y van a participar de un fenómeno muy extendido por el Magreb, como es el morabitismo, que proliferó en la España musulmana a raíz del florecimiento del misticismo eremítico». Ese tipo de edificaciones estaban «habitualmente situadas en pleno campo y ligadas siempre a puntos de agua como fuentes, pozos, riachuelos o ramblas, pudiéndose también encontrar asociado al edificio un árbol sagrado en el que se cuelgan dádivas y objetos personales de cuantos fieles visitan estos lugares. Todas estas características recuerdan el culto a algunos santos católicos en santuarios y ermitas y posiblemente se pueda relacionar con costumbres ancestrales propias de la espiritualidad humana», especifica.

En la época musulmana, el morabito estuvo asociado al cercano Alcázar de Genil,  ya que tanto una cosa como la otra «fueron un encargo del gobernador de Granada en el siglo. XIII, Ishaq b. Yusuf, quien ordenó la construcción de un lujoso palacio en las afueras de Granada, junto al río Genil, que tuviese a su lado una rábida. Dicho palacio se convirtió en una zona de recreo donde abundaban las huertas, una alberca en la que se realizaban naumaquias y jardines en los que según se cuenta, la reina Aixa, mujer de Muley Hacen y madre de Boabdil, celebró infinidad de fiestas y actos lúdicos que le valieron al lugar el nombre del Jardín de la Reina», prosigue Manolo Serrano.

El momento estelar de la ermita de San Sebastián

rendición de Granada

El célebre cuadro de Francisco Pradilla ‘La rendición de Granada’ recrea, por encargo del Senado, el hecho histórico que albergó la actual ermita de San Sebastián.

Los cristianos, como se sabe, tomaron Granada el 2 de enero de 1492 y ese morabito, más en concreto el exterior del mismo, fue el sitio donde, por así decirlo, quedaron los Reyes Católicos con Boabdil para que les entregara las llaves de la ciudad, que por cierto, no recibieron los monarcas sino un caballero llamado Gutierre de Cárdenas, Señor de Maqueda y hombre de confianza de Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón. Justo después, en ese mismo emplazamiento, se celebró la primera misa cristiana en Granada tras 777 años de dominación musulmana.

La ermita se consagró a los santos Sebastián y Fabián y el hecho de que el primero de ellos fuera designado patrón de Granada propició posiblemente que siguiera en pie. Serrano cuenta que con el fin de la Reconquista «este tipo de edificios fueron abandonados paulatinamente hasta desaparecer y, pese a que en Granada fueron muy frecuentes durante el siglo XIV y su número sorprendió a los cristianos cuando llegaron a la ciudad un siglo después», todos dejaron de existir salvo la ermita, por haber sido consagrada al culto cristiano.  

Fue una privilegiada. Por eso y porque, durante unos días, según explica el citado historiador, «albergó durante unos días a una de las efigies religiosas que acompañaron a la reina Isabel durante toda la campaña de la Reconquista, Nuestra Señora de la Antigua, que finalmente sería trasladada hasta el Convento de San Francisco, actual Parador de Turismo».

En un lateral de la ermita hay una inscripción que conmemora que allí fue donde Boabdil entregó las llaves de Granada a los Reyes Católicos. 

Llegó a ser una taberna en el siglo XIX

Desde entonces ha tenido una existencia un tanto azarosa y ha sido objeto de remodelaciones. La primera de la que se tiene constancia fue en 1615 y fue encargada por la Cofradía de San Sebastián, que tenía allí su sede. «Fruto de aquella restauración es el anillo en la cúpula, en el que se lee una inscripción que recuerda dichas obras, y unas pinturas mudéjares que se perdieron con posterioridad», revela Manolo Serrano Ruiz, que agrega que la desaparición de dichas pinturas «fue consecuencia de la actuación del arquitecto Leopoldo Torres Balbás sobre la ermita en el año 1933, momento en el que fue declarada Monumento Nacional ante el estado ruinoso que presentaba, en un intento de que no se perdiera».

Posteriormente, en el año 1953, el también arquitecto Francisco Prieto Moreno realizó la última restauración y también en ese momento se construyó el muro de contención del río Genil que sumergió la ermita en el terreno durante una crecida. «Aunque se pensó en elevarla para que se recuperará su panorámica, las grietas de la cúpula lo impidieron», destaca el especialista.

Finalmente, en el año 1975, se interrumpió la visión del monumento con la construcción de otro edificio, «algo que la comisión del Patrimonio Artístico y Cultural intentó paralizar pero que sólo tuvo como resultado el aumento de la separación entre ambos de unos cuantos metros».

Al margen de rehabilitaciones, el edificio, en 1844, durante el proceso conocido como la Desamortización de Mendizábal, pasó a manos del Ayuntamiento de Granada, que durante un tiempo la cedió a unas particulares, que llegaron a utilizarla como una taberna, para posteriormente recuperarla. Ahora depende de la Parroquia de San José de Calasanz y allí se celebra una misa a la semana, los domingos a las 10,30. El resto del tiempo está cerrada y el recinto fue vallado por el ayuntamiento, una acertada medida con la que se ha conseguido preservarla de pintadas y actos vandálicos. 

ermita de San Sebastián Granada

Para Serrano lo más destacado arquitectónicamente es la cúpula de 16 nervios.

Más valor histórico que artístico

¿Merece la pena visitarla? Pues Serrano Ruiz toma de nuevo la palabra para decir que en realidad tiene más valor histórico que artístico. «A nivel arquitectónico, se trata de una planta casi cuadrada con muros de tapia de argamasa muy dura, con huecos en el centro de cada uno de ellos, aunque sólo uno conduce al exterior a través de un arco de herradura algo apuntado, inscrito en un recuadro de ladrillo. En el lado noreste, frente a la puerta de entrada, se encuentran tres nichos semicirculares, mientras en el lado opuesto, el noroeste, otro hueco da paso a la sacristía o antigua Casa del Santero, quien cuidaba en su época del edificio y que fue añadida en el siglo XIX. Es muy posible que la cara sureste albergara un mihrab, dado que era la dirección habitual de los muros de la quibla en los edificios religiosos de la Granada islámica».

«Lo más destacado -subraya- es la cúpula semiesférica de dieciséis nervios que, al unirse, conforman una estrella en su centro, apoyada sobre trompas que permiten la transición de una planta cuadrada a un octógono. Actualmente, dicha cúpula está cubierta por una techumbre a cuatro aguas, que según los expertos podría ser su aspecto original, puesto que este tipo de cubiertas de teja eran muy habituales en Granada por los grandes cambios térmicos que se dan en ella».

Uso actual de la ermita y previsiones

El altar del histórico edificio granadino.

Como se ha dicho, la ermita pertenece a la Parroquia de San José de Calasanz, que tiene su sede en la iglesia de Los Escolapios, también al lado del Genil pero unos cientos de metros cauce arriba. Su párroco, Juan Bautista Amat, recuerda que la parroquia, inicialmente, «iba a ser llamada de San Sebastián por el significado de la ermita», pero la idea se desechó. 

El sacerdote comenta que, además de para albergar una misa a la semana, la ermita sirve «como lugar de trabajo para la Hermandad de la Expiración, que tiene allí su secretaría, que ha cuidado del templo y que ha ayudado a limpiarlo y ponerlo a punto para que ahora hayamos podido volver a celebrar allí oficios pese a la pandemia, que nos obligó a cerrar algunos meses». 

Juan Bautista Amat Medina es partidario de que la ermita sea más conocida por los granadinos y los turistas, «que todos la conozcan y la aprecien como un elemento patrimonial de gran importancia». Tiene claro, en ese sentido, que cuando desaparezcan las restricciones por el coronavirus, propondrá «que se abra al público en general y se establezca un horario de visitas». 

Un espacio lleno de posibilidades

Lo mismo opina Juan García Montero, consejero del Hermano Mayor de La Expiración. Sobre el terreno, dentro de la capilla, donde se huele a historia pura, resalta las posibilidades de ese emplazamiento. «Es un espacio ideal para dar conferencias, por ejemplo de literatura mística, o para presentar libros, leer poemas…», enumera, para añadir que, por supuesto, otra opción sería realzarlo cada 2 de enero, con motivo de la conmemoración de la Toma de Granada. «Desde luego, creo que tiene mucho más sentido asociar ese día a este espacio que a la Capilla Real».

También opina que la ermita podría incluirse en la Dobla de Oro y recibir así muchas más visitas de granadinos y turistas. En ese sentido, afirma que ya ha hablado con la directora del Patronato de la Alhambra, Rocío Díaz, que fue su compañera cuando ambos eran concejales del PP en el Ayuntamiento de Granada, y que la idea podría prosperar. 

Por lo demás, García Montero destaca el excelente estado de conservación de la ermita y el trabajo realizado por los componentes de su hermandad. Faltan cosas, eso siempre pasa. Por ejemplo, hay una talla de San Sebastián pero ninguna de San Fabián, a quien también se consagró el templo tras la Reconquista. «Habría que adquirir una, pero que sea buena», remata. 

A la sombra de otro emblema

estación de metro alcázar genil

La estación de metro de Alcázar Genil, en Camino de Ronda, incorpora los restos de la naumaquia hallados durante las obras. GiM

La historia de la ermita está ligada al Alcázar de Genil, desde 2006 sede de la Fundación Francisco Ayala. Un lugar «idílico y propiciador de encuentros» que conservó su estado original (fue erigido en el siglo XIII) hasta poco después de la II República, en la década de los cuarenta del siglo XX, comenta el historiador Manuel Serrano. «Perdió los jardines del palacio, además de dividirse en dos la zona de huertas debido a la construcción del Camino de Ronda», explica el mencionado historiador, que añade que, en torno a 1950, los duques de Gor lo vendieron al Estado.

«Quedó arrinconado y llegó a verse amenazado por las construcciones de edificios que se produjeron a su alrededor», incide Serrano, que sitúa el último episodio del alcázar dentro de la historia urbana de Granada en la construcción del Metro. Las obras sacaron a la luz restos de la antigua naumaquia, que se conservan en la estación subterránea que lleva el nombre del edificio.

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