Granada deja secar el árbol de la Ciencia

A menudo se habla de Granada como referente en el campo científico, pero bastantes expertos observan numerosas carencias, sobre todo la falta de inversión por parte de las instituciones y el obligado éxodo de muchos investigadores.

«Granada es un referente andaluz y nacional en el campo científico». «De su universidad salen los especialistas mejor preparados». «Pronto dispondrá de un acelerador de partículas que va a ser un tremendo generador de riqueza y empleo». «El Parque Tecnológico de la Salud es un foco de investigación y de expansión del conocimiento que no se puede aguantar de bueno que es». 

Son sentencias repetidas una y otra vez, como los mantras. Tanto, que muchos las dan por ciertas sin cuestionarlas. Otros, en cambio, creen que, detrás de ese idílico exterior de anuncios rimbombantes no hay nada, es un espacio hueco, como el de las casas antiguas que se vacían por dentro pero de las que se respetan las fachadas. 

Conviene no quedarse ni con lo uno ni con lo otro. En cuestiones de ciencia, tecnología e investigación, Granada tiene activos, pero también carencias. Los que saben analizan todo eso para GranadaiMedia

José Julián Merelo es catedrático de Arquitectura y Tecnología de Computadores en la Facultad de Informática y no niega que en Granada haya «un gran potencial» en estos campos, aunque lamenta que eso no se traduzca en riqueza para la ciudad y la provincia.

«Se gradúan y se van fuera»

Pone como ejemplo la Universidad de Granada, para la que trabaja. «Es la segunda de Andalucía en número de alumnos y de aquí salen grandes investigadores, pero como no existe aquí un tejido de empresas para que puedan desarrollar su trabajo, muchos se gradúan aquí y luego se van fuera», resume. 

«Hay potencial, pero no hay movimiento», continúa el profesor, que tiene claro que por mucho que los políticos «hablen de la necesidad de potenciar las startups y cosas así, todo eso no va a suceder por generación espontánea, tiene que haber un apoyo económico claro». 

Interior de la Facultad de Ciencias de Granada. Foto: Lucía Rivas

Pone el acento en algo que a muchos duele: en otras ciudades, sin ir más lejos en Málaga, sí se está apostando fuerte. «Allí se han creado el doble de empresas que en Granada, en parte por el apoyo del Ayuntamiento, y existe más inversión en tecnología. Aquí hay una concejalía que se llama de Smart City y me pregunto qué hace. No hay una visión a largo plazo y eso tiene mucho que ver con los enfrentamientos entre las administraciones», recalca, y añade que sus críticas también incluyen a la Diputación, a la Junta y al Gobierno central. 

«Granada es un vivero de programadores informáticos -prosigue- que luego trabajan en Málaga. Allí se están atrayendo muchas más ayudas tecnológicas pese a no tener una universidad tan potente, no hay más que ver lo de Google y sus 650 millones. Málaga tendrá una universidad menor, pero además tiene el Parque Tecnológico de Andalucía, buenas comunicaciones, un gran aeropuerto…»

Apelando al refrán

Entiende Merelo que las «desventajas» actuales de Granada se podrían mitigar con ese apoyo que reclama a las instituciones, incluida por supuesto la UGR, a quien responsabiliza en parte de que «hayan desaparecido bastantes empresas tecnológicas» en los últimos años. En resumen, su punto de vista se sintetiza en un refrán: «Entre todos la mataron y ella sola se murió». 

Respecto al acelerador de partículas, la gran apuesta científica de Granada, o al menos la que más se está vendiendo, el catedrático opina que su impacto no será desmesurado. «Por lo pronto, entre el 80 y el 90% de los trabajadores van a venir de fuera, y ni siquiera sabemos dónde vivirán, si aquí o en la costa, porque Escúzar está casi a medio camino, ni por cuánto tiempo se quedarán. Lo apropiado sería aprovechar ese acelerador para que de él se alimentara gente de Granada, crear a su alrededor un ecosistema de servicios que nos diera beneficios», subraya. 

Imagen de un acelerador de partículas. Foto: Wikipedia

Por último, considera que Granada debería atraer a los llamados nómadas digitales, personas que trabajan en remoto, desde sus domicilios, para empresas que tienen sus sedes «en Noruega o en Singapur«. Para eso, puntualiza, sería «fundamental» contar «con una buena conexión de Red, que ahora desde luego no existe», y también «apostar por una infraestructura para que vengan, cosa que Málaga sí hace». 

Tanto hablar de Málaga lleva a una pregunta: ¿se puede competir con ella? A estas alturas, lo ve difícil. «Allí tienen visión de futuro y han sabido planear qué ciudad quieren ser dentro de quince años. Aquí, en cambio, no nos planteamos una Granada que genere un empleo sostenible. Sólo se nos ocurren ideas como poner un ascensor en la Alhambra o anunciar que optamos a la capitalidad cultural en 2031 sin especificar cómo se articula eso, en qué se traduce. En Granada, menos mal, subsisten algunos francotiradores sin apoyo institucional, pero mientras tanto es obvio que nos están comiendo la tostada desde otros sitios», finaliza. 

El acelerador «de los Playmobil»

De aceleradores de partículas puede hablar con propiedad Manuel Díaz, doctor en Física que hizo su tesis precisamente sobre ellos, lo que le permitió conocer el más grande de Europa, el de Ginebra (Suiza). Avanza que, en comparación con éste, el que puede instalarse en Escúzar es «un hermano pequeño, pequeñísimo, casi un acelerador de los playmobil». Pero antes de entrar en materia, Díaz, que trabaja como analista informático en la sucursal granadina de la firma canadiense In-Rgy, hace otras consideraciones más generales. 

De entrada, explica que Granada, como el resto de España, tiene «un mal endémico», que es «una endogamia tremenda que limita las posibilidades de avanzar». Al contrario de lo que ha observado en lugares como Gran Bretaña o Estados Unidos, aquí «no se escoge al mejor candidato, no hay meritocracia, sino que a veces se convocan plazas expresamente para que las cubra una persona. Eso, que lastra mucho la calidad, es impensable en otros países, donde lo que prima es la igualdad de condiciones. Lo sé por experiencia propia». 

Sobre la importancia de la UGR, cree que la tiene pero matiza que, en el campo de la ciencia, «Madrid, Barcelona o Valencia se llevan la palma», cosa que se demuestra, dice, al ver que «en proyectos internacionales de cooperación, la participación de Granada es residual, no sé por qué motivo».

También incide en la falta de apoyo institucional y la simboliza en la empresa consultora Northgate, que tiene una sede en la calle Arabial y da empleo a más de mil personas, bastantes de ellas llegadas de fuera.

«Me consta que cuando se montó, en 2008, el Ayuntamiento no apostó en absoluto por ella y que si se terminó ubicando en Granada fue casi por un empeño personal del promotor, a quien también le propusieron llevársela a Sevilla. Aquí se habla de la importancia de nuestra universidad y de que podemos ofrecer mano de obra cualificada y a bajo coste, algo que, para no engañarnos, es lo que buscan las empresas para instalarse en un sitio. Eso de la competitividad es en realidad un eufemismo para enmascarar la realidad, que es el bueno, bonito y barato de toda la vida. Todo eso lo tenemos, pero a la hora de pedir a los políticos que den facilidades, el apoyo es nulo y a los que intentan cosas les dan con la puerta en las narices». 

Fachada de Northgate, consultora que da empleo a más de mil trabajadores en Granada. Foto: L. Rivas

Quieren venir y se lo ponen difícil

«Hay empresas extranjeras que quieren venir -insiste- porque saben que hay profesionales formados. Unos suizos estuvieron pensándoselo y al final se echaron atrás por esa falta de apoyo y también por la excesiva burocracia. Se habla de las empresas exprés que se crean en diez minutos pero la realidad no es esa. Montar una empresa, ahora, no es nada fácil», remarca. 

En cuanto al acelerador de partículas y la incidencia que podría tener para la economía granadina, Díaz considera que «si se miran sus detalles técnicos, lo describen como un proyecto con una finalidad muy concreta y que, a cambio de un gran gasto, va a crear unos 300 empleos al año. Y además, una parte de ese empleo vendrá de fuera, con lo que, si miramos el ratio inversión/beneficio, veremos que el retorno de esa inversión es mínimo, casi ridículo». 

Lo importante, en eso coincide con Merelo, es lo que podría generarse a su alrededor. «No sé si lo aprovecharemos, pero sospecho que no. Desde luego no va a ser la panacea. Siempre será mejor que esté a que no esté, pero, a efectos reales, su impulso a la economía será muy limitado». Añade (y aquí viene lo del Playmobil) que ese acelerador es «el más pequeño de los tres proyectos de capital europeo en esa parcela. Dentro de la iniciativa de fusión nuclear, creará un catálogo de materiales. Eso es todo. No es nueva Física, no es algo revolucionario, aunque sí sea necesario», relata. 

Todo lo anterior da como suma una situación «difícil de revertir». Cree que se podría hacer «si se empezara por terminar con el ciclo maldito de becario-interino-profesor titular, porque eso crea mediocridad. Es un proceso largo que vería sus frutos en diez o quince años. Además, habría que abrirse al exterior, pero abrirse de verdad. Por ahora, la gente que participa en los proyectos es siempre la misma y para progresar hace falta que estén los mejores, que haya una oferta pública y que todos opten en las mejores condiciones». 

Falta cultura emprendedora

¿Y una vez conseguido todo eso? Pues, por ejemplo, «crear startups puede ser una buena línea. Pero crearlas de verdad, porque ahora hay muchas iniciativas que son estériles, porque llega un momento en que necesitan dar un salto de inversión importante si de verdad quieren tener una proyección internacional. El apoyo de las instituciones es fundamental». 

Habla desde el punto de vista teórico, aunque en la práctica es más pesimista que otra cosa. «España no es un país de cultura emprendedora. Aquí pasamos de la picaresca del Siglo de Oro al Que inventen ellos, los extranjeros. En Estados Unidos alguien dice que quiere construir un cohete para ir a Marte y se le escucha. En España, a quien diga eso, o se ríen de él o lo miran por encima del hombro. Y si no se apuesta por lo de aquí, la gente se seguirá yendo al extranjero, donde las condiciones son mucho mejores. Recuerdo que cuando era doctorando, en Ginebra, cobraba un sueldazo», concluye. 

Juan Antonio Marchal es catedrático de Anatomía y Embriología Humana en la Facultad de Medicina y lidera un equipo de investigación en el Centro de Investigación Biomédica. Este centro se ubica en el Parque Tecnológico de la Salud, un foco de investigación «con un grandísimo potencial» en el que hay en marcha «grandes proyectos para los que trabaja gente muy preparada». Todo eso choca, no obstante, con el obstáculo de que «no hay mercado laboral», con lo que Granada, en resumidas cuentas, «forma talento a la que otros le sacan luego el jugo». 

Uno de los problemas que observa Marchal en Granada es que «no sabemos vender bien lo que hacemos». Otro, que al contrario de lo que ha sucedido en Málaga (una referencia casi constante), no se ha creado «un modelo de ciudad de cara al futuro». Hace hincapié en que en la capital costasoleña «sí que se ha pensado en otra fuente de riqueza aparte del turismo, de manera que si llega una crisis, como ahora ha pasado, haya otras alternativas». 

¿Por qué no hacer lo que otros?

Pero eso, en Granada, aún se puede hacer. «Google ha apostado por Málaga para una gran inversión. ¿Por qué no podemos nosotros atraer a otra gran empresa para invertir en otro campo, por ejemplo el de salud, en el que nunca van a faltar opciones y para el que tenemos a mucha gente formada?». Su pregunta se la responde él mismo: «En Málaga se ha hecho una apuesta política y en Granada falta ese apoyo de la clase política, de toda ella. Si Málaga nos está ganando es porque allí hay una propuesta programada». 

Un laboratorio de la Facultad de Ciencias. Foto: Lucía Rivas

«Tenemos que seguir potenciando lo que tenemos, aquello en lo que somos buenos e intentar atraer talento de fuera, porque eso generará riqueza y talento», propone, y entiende que el acelerador de partículas podría ser una buena herramienta, «un motor para que otras empresas vengan y contraten a personal de aquí». 

Marchal se niega a creer que aquí falte talento. Más bien piensa que abunda. «Si se mira el ranking de Shanghái, la Universidad de Granada está entre las grandes en investigación en ciencia, es un referente. Pero eso no evita que luego se vayan los investigadores, porque para retenerlos se necesita más inversión. Y eso no es culpa de los granadinos sino de la clase política. De toda, insisto». 

Para la elaboración de este reportaje, GranadaiMedia quiso conocer la opinión del Ayuntamiento de Granada. Envió un cuestionario al alcalde de la ciudad, Luis Salvador, que en el momento de publicarse estas líneas todavía no ha sido respondido. 

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