A Granada no se le bajan los malos humos

Granada soporta un elevado nivel de contaminación atmosférica que, entre otros muchos problemas, genera riesgos para la salud. Investigadores de la Universidad de Granada elaboran una encuesta para acreditar el nivel de preocupación de sus habitantes, según el barrio de la ciudad.

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La Alhambra, con la boina blanquecina que cubre Granada buena parte del año. Foto: Lucía Rivas

No es ninguna novedad decir que Granada soporta unos índices de contaminación muy superiores a los aconsejables. Hay numerosos estudios que lo constatan y estadísticas que la sitúan como la tercera capital española en la clasificación de las más polucionadas, sólo por detrás de Madrid y Barcelona. Asociaciones ecologistas llevan años denunciándolo, pero lo suyo es como clamar en el desierto. Desde las administraciones se habla de poner en marcha medidas y toman como un triunfo que en ciertas zonas de la ciudad haya menos tráfico rodado, sin duda la causa principal de este problema. No obstante, los números cantan: en la época en la que los granadinos estuvieron confinados, el índice de contaminación bajó. Cuando comenzó la desescalada, volvió a subir. Ahora que hay cierre perimetral, se observa cierta mejoría. A nada que se autorice la movilidad, los datos irán a peor.

Lo peor de la contaminación no es ya la boina que cubre Granada buena parte del año, sino los efectos sobre la salud de las personas. A finales de 2019, la Sociedad Española de Neumología Torácica, a través del departamento de Neumología del Hospital Universitario Virgen de las Nieves, avisó de que en Granada, cuando hay picos de contaminación, «aumentan de manera muy perceptible los ingresos hospitalarios por la Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica» (EPOC). 

“Las visitas a urgencias aumentan un 3% por cada diez microgramos de dióxido de nitrógeno por metro cúbico en el aire. El problema se hace especialmente grave en invierno, cuando la neumonía tiene una incidencia mucho mayor en Granada, en parte por el frío pero, sobre todo, porque circulan más vehículos y el aparato respiratorio humano es más sensible a las bacterias del aire”, advertían los expertos. 

Contaminación y Covid, una relación por aclarar

Obsérvese que se menciona la palabra neumonía, una de las enfermedades que tienen una íntima (e insana) relación con la Covid-19. ¿Podría especularse con la posibilidad de que la contaminación guarde relación con el hecho de que Granada ha soportado durante casi toda la pandemia unos índices peores a la media andaluza

Ignacio Molina, catedrático de Inmunología de la Universidad de Granada e investigador del Centro de Investigación Biomédica del Parque Tecnológico de la Salud, dijo en una entrevista concedida a GranadaiMedia que no existía una evidencia de ello. Sin embargo, Antonio Daponte, profesor de la Escuela Andaluza de Salud Pública y trabajador en el Observatorio de Salud y Medio Ambiente de Andalucía, no lo tiene igual de claro.

Por sus palabras, más bien lo refuta: «La evidencia científica conocida establece una asociación entre los niveles de contaminación atmosférica y la incidencia, gravedad y mortalidad por Covid-19. Esto es, en zonas y ciudades con alta contaminación de forma habitual, como es el caso de Granada, la incidencia, gravedad y mortalidad es mayor que en zonas con menores niveles. Por tanto, los altos niveles de polución que hemos tenido durante años es probable que influyan en el impacto que la pandemia por Covid está teniendo en la ciudad», sostiene.

Lo que añade no es más esperanzador: «Los niveles de contaminación atmosférica nos han hecho más vulnerables al coronavirus, especialmente a ciertos grupos de riesgo (mayores, crónicos, etcétera). Así que este invierno es posible que tengamos más casos de neumonía y otros trastornos respiratorios asociados al frío. Obviamente, dada la situación en que se encuentran los hospitales, esto podría representar un problema grave».

Una receta clara contra la polución: menos coches

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Peatonolización de San Antón, en el centro de Granada. Foto: Javier Algarra

Daponte tiene una receta para paliar la situación. «A corto plazo, adoptar las medidas adecuadas para la contención de la pandemia con los recursos suficientes, algo que no se está haciendo», apunta. «Segundo, establecer un protocolo de alerta mediante el cual, cuando se superen los valores de protección de la salud establecidos por la OMS para los distintos contaminantes atmosféricos, deban aplicarse restricciones al tráfico rodado, causa principal de nuestros niveles altos de polución en el Área Metropolitana. En tercer lugar, acordar y establecer de forma urgente un plan de prevención que incluya un sistema integrado de movilidad para toda el área metropolitana, para ser implantado a medida que se recupere la normalidad postpandemia».

Para remachar todo lo anterior, agrega que la contaminación «es un riesgo muy grave para la salud y por tanto, deben abordarse sus causas principales y establecerse las medidas de control y de prevención necesarias. Y esto lo debe hacer la administración sanitaria, que es la responsable de la protección de la salud, según determina la Constitución española. Corresponde a la autoridad sanitaria establecer las normas y criterios y vigilar su cumplimiento por parte de los ayuntamientos, que son los responsables de la movilidad».

El problema de la contaminación, a pie de barrio

Juan Pedro Arrebola estudio sobre medioambiente en Granada

Juan Pedro Arrebola, profesor de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Granada. Foto: Jesús Ochando

Para calibrar hasta qué punto la contaminanción es fuente de preocupación de los granadinos, Juan Pedro Arrebola, profesor del departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Granada, y Ruth Echeverría, que prepara allí su tesis doctoral, han decidido encuestar a los habitantes de Granada para que se pronuncien.

La encuesta online, a la que se accede pinchando en este enlace pregunta fundamentalmente sobre la contaminación atmosférica y el ruido y pretende saber en qué medida los granadinos las consideran un problema, cuáles son los principales elementos que las causan y quiénes los responsables de que se haya llegado a ese punto. Como quienes las contesten deben especificar dónde viven, los resultados permitirán establecer también una especie de mapa de la contaminación y determinar cuáles son las zonas más castigadas de la ciudad. 

Arrebola, coordinador del proyecto, comenta a GranadaiMedia que éste surgió cuando el grupo de investigación, que llevaba ya «bastantes años trabajando sobre todo en estudiar los condicionantes ambientales que afectan a la salud, la distribución de contaminantes y cómo afectan a las personas», se planteó si se estaba transmitiendo bien el mensaje.

«Dijimos que igual estábamos dando el mensaje para un grupo determinado de población y teníamos que saber qué opinan los diferentes sectores de la sociedad, los barrios. A todos, no sólo los que tienen acceso a internet o a mejores recursos. Así se concibió el proyecto y así llega a toda la ciudad. Intentamos abarcar a la mayor cantidad de gente. Tenemos cuestionarios online para cualquiera que quiera entrar por internet, pero también tenemos actividades presenciales, cuestionarios en vivo, enfocados a la captación de personas a los que no les llegaría ese online», explica. No se olvida de agradecer la colaboración desinteresada colectivos como Almanjáyar en Familia.

Un aviso a los que gobiernan

Por ahora han contestado al cuestionario más de 700 personas y el objetivo es que de aquí a marzo, cuando se debe dar por cerrada la encuesta, se superen «ampliamente» las mil, lo cual sería ya un muestreo representativo. De momento no es posible saber qué barrio está más descontento con la contaminación atmosférica, pero sí que ésta se percibe como un problema de envergadura, asociado en muchas ocasiones al ruido.

«Hay una dualidad que se repite: los que se quejan de la contaminación generada por los autobuses, también lo hacen por el ruido que causan», incide Arrebola, para añadir que la falta de limpieza en sus numerosas variantes (basuras sin recoger, excrementos de animales, etcétera) también es una queja recurrente. 

La encuesta también quiere saber a quiénes hacen los granadinos responsables de esta situación. Y por el momento parece claro que se decantan por los gobernantes. «Los ciudadanos depositan mucha confianza en las autoridades locales y regionales y derivan a ellos la responsabilidad porque consideran que ellos tendrían que protegerlos», señala el investigador.

El objetivo final es que el estudio vea la luz en revistas científicas de entidad y que, gracias a la difusión de los datos, quienes tienen que tomar medidas lo hagan, que esos resultados reviertan en la población.

Al respecto, el coordinador tiene claro que los investigadores deben ser  «intermediarios entre lo que dicen los vecinos y las autoridades» y entienden que estas últimas deberían tomar nota.

«No vamos a dar evidencias de lo mala que es la contaminación pero sí de lo que le preocupa a la población, que es algo que no se ha hecho antes. Nosotros, como expertos, tenemos que opinar, pero la población también, porque hay muchos contextos sociales y muchas prioridades diferentes. Hacer visible lo que quiere toda la población puede dar ideas a los que toman las decisiones de cómo abordar la situación, aunque sólo sea por los votos (sonríe). Si los quieren tener contentos, deberán hacer lo que quieren», concluye. 

¿Quieres participar en la encuesta sobre contaminación y salud en los barrios de Granada? (click aquí)

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