La inmigración en el barrio: datos y prejuicios

El documental ‘Migraciones, historias de ida y vuelta’ recoge los testimonios de chaneros emigrados y de personas inmigrantes que residen en el barrio, un acercamiento a una realidad en la que los datos y las percepciones caminan por senderos distintos.

Un inmigrante vende pañuelos a los conductores en la Chana

A menudo se habla de la Chana como un barrio obrero donde la inmigración tiene una gran presencia, pero lo cierto es que, de los 27.216 habitantes que hay censados en la zona, sólo 2.711 (el 10%) son inmigrantes, una cifra similar a la del resto de los distritos de la ciudad.

Por procedencias, los africanos conforman el colectivo más numeroso (1.126), seguidos de los americanos (909), los europeos (557) y los asiáticos (117). Aunque las cifras se encuentran dentro de la media española, los datos y las percepciones parecen caminar por senderos distintos.

Actividad comercial en una calle de la Chana

Actividad comercial en una calle de la Chana

La aparición en los medios de comunicación, hace unos años, del desalojo de un asentamiento de gitanos rumanos en un cortijo de la Chana y su realojamiento en pisos del interior del barrio provocó una imagen «distorsionada» del fenómeno migratorio. «Se resaltaron los conflictos en la convivencia, lo que hizo que la inmigración se viera como un problema, en lugar de entenderse como una fuente de enriquecimiento», explica Luis Cotarelo, educador sociocultural del Centro de Servicios Sociales Comunitarios de la Chana.

El barrio nació, precisamente, a partir del desplazamiento a la zona de gente de los pueblos cercanos. «La mayoría de los mayores de la Chana no nació aquí», señala Cotarelo. «Éste es uno de los barrios con menos población originaria», añade. La llegada de personas inmigrantes al barrio no obedece más que al hecho de que los pisos son más baratos que en otras zonas de Granada, un factor muy importante para aquellos que abandonan su lugar de origen en busca de una vida mejor.

Una inmigrante pasea por una calle de la Chana

El 10% de los habitantes censados en la Chana son extranjeros

La percepción, si embargo, es otra, y los prejuicios tienen aún demasiado arraigo entre un sector importante de la población. Si el inmigrante que llega a España trabaja, le está robando el puesto a los españoles. Si no lo hace, es un parásito social. La inmigración se sigue asociando con la delincuencia y todavía son muchos quienes piensan que los Servicios Sociales ayudan más a los extranjeros que a los españoles, cuando, en realidad, «no existe ningún privilegio, ni siquiera un plan de acción específico, para este colectivo; se ayuda a quien lo necesita, independientemente de su procedencia», explica Cotarelo.

Mitos y leyendas sobre la inmigración

Otro de los tópicos que gozan de un importante arraigo en la conciencia colectiva es la idea de que los inmigrantes suponen un elevado coste a la Sanidad española, algo «totalmente falso, pues precisamente aportan mucho más al Producto Interior Bruto de lo que cuestan».

La memoria no es infalible y, sobre todo, es selectiva. El recuerdo de aquellos tiempos en que el español tuvo que hacer la maleta para marcharse a otros lugares de Europa parece no ser suficiente para generar empatía. «Nosotros nos íbamos con un contrato de trabajo», suelen argumentar algunos. Pero tampoco esa idea es del todo cierta, «eran muchos quienes viajaban en tren como ‘turistas’ y luego se quedaban allí para trabajar», señala Cotarelo.

Vecinos de la Chana que emigraron a otros países europeos

Muchos vecinos del barrio emigraron a otros países europeos

Y lo hacían, en muchos casos, sin apenas cualificación -eran otros tiempos-, para escapar del hambre y la miseria. Allí encontraban un importante sistema de protección del que, incluso hoy, se siguen beneficiando algunos de los que se fueron entonces. Ahora, sin embargo, España recibe a inmigrantes de distintos continentes con una amplia formación, gente preparada que termina trabajando, si lo consigue, en puestos que se encuentran muy por debajo de su preparación.

Precisamente para luchar contra todos estos prejuicios y para erradicar el rechazo emocional hacia las personas inmigrantes el Centro Municipal de Servicios Sociales de la Chana ha elaborado un documental que, bajo el nombre ‘Migraciones, historias de ida y vuelta’, pretende recuperar la memoria de la emigración «para que la gente, con sus contradicciones, comprenda que dejar el país de origen siempre es complicado y nadie lo hace por gusto».

Juan Moreno, uno de los entrevistados en el documental, junto a otros españoles en Bruselas

Juan Moreno, uno de los entrevistados en el documental, junto a otros españoles en Bruselas

Luis Cotarelo ha sido el encargado de desarrollar el filme, que recoge testimonios de cuatro españoles que emigraron a otros puntos de Europa en los años 60-70 y se hace eco de la experiencia de dos inmigrantes, una africana y un boliviano, asentados en la Chana. «Estas historias se dieron en su día con gente de la Chana como protagonistas, por eso queremos recuperar esa memoria, porque este barrio se construyó a partir de la inmigración».

Necesidad de intervenir desde la convivencia

Para Cotarelo el problema que existe actualmente es que los Servicios Sociales no intervienen hasta que se produce un conflicto. Lo ideal sería que se llevara a cabo un trabajo de sensibilización previo que no se limitara a la emisión de mensajes contra la intolerancia, sino que incluyera acciones de convivencia que permitieran a las personas establecer sus opiniones a partir de la experiencia directa, y no desde los prejuicios asumidos por la proyección mediática de determinados casos.

Luis Cotarelo, educador sociocultural del Centro de Servicios Sociales de la Chana

Luis Cotarelo, educador sociocultural

«La convivencia en la Chana no es conflictiva en absoluto. Hay negocios regentados por inmigrantes totalmente integrados en el comercio del barrio y no tienen ningún problema, pero se siguen enfrentando a numerosos prejuicios». La presencia de gitanos rumanos en la zona se limita a una decena de familias, apenas cincuenta personas que, sin embargo, a ojos de muchos, constituyen ‘una invasión’. Éste es uno de los colectivos más castigados, que se encuentra de frente con el rechazo de sus vecinos y también con el de otros inmigrantes.

La intención de los Servicios Sociales es proyectar el documental en octubre, en unas jornadas interculturales en la que se celebrará, además, una mesa redonda con los protagonistas de la película, un acto al que se invitará a vecinos y asociaciones de inmigrantes y de emigrantes retornados y que contará también con exposiciones relacionadas con el tema, jornadas gastronómicas y actividades orientadas a provocar el encuentro y el conocimiento directo de las partes.

«Se trata de trabajar el sentido de comunidad en el barrio, no sólo con los inmigrantes, sino en general», declara Luis Cotarelo, quien añade que «la inmigración no debe trabajarse aparte como si fuera un problema o algo especial, sino que debe crearse un sentimiento de empatía hacia la diversidad».

(29-06-2011)

 

Comentarios en este artículo

  1. desde los años 60 hasta finales de los 70, españa era una de los primeros exportadores de mano de obra no cualificada a Alemania, Belgica, Suiza, Francia y otros paises de europa, sin contar, tantos vascos, catalanes y gallegos que se fueron a hacer las Americas durante la misma epoca y un poco antes de la gran expantá de esa tanda (Millones) de españoles, que en busca de mejor suerte acudieron a los paises citados. Hoy nos vemos de alguna manera obligados a recibir a tantos hispanoamericanos, que acuden a España en la confianza de que de alguna manera, acuden a lo que ellos llaman madre patria. El problema está en que no hay tanto trabajo como ellos necesitan y ese es el conflicto. Por encima de todo, esta nuestra comprensión para sus necesidades y debemos ayudar cada uno como pueda. Al menos con cariño y nunca con desprecio. S.Bono

    bubu

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