La pobreza vive al lado

Covachas-Zenete

Aspecto de la entrada a las cuevas donde se refugian de vez en cuando mendigos.

A la vuelta de la esquina, en el lugar que uno apenas podía imaginar, junto a tu casa, también habita un pobre de solemnidad. En la calle Zenete, casi en frente de la popular Casa del Airea escasos metros del aljibe y a cinco minutos de la Gran Vía, existe un solar con tres covachas al descubierto que sirve de esporádica ‘residencia’ a mendigos que viven en condiciones deplorables, que vagan sin rumbo por el día y, llegada la noche, se esfuman de las calles para buscar un lugar donde guarecerse.

Quizá esta crisis les haya empujado a la miseria o lleven inmersa en ella toda su existencia. En los tiempos que corren a muchos les es ya imposible izar las velas porque están hechas jirones.

El lugar se ha convertido en un estercolero que molesta a los vecinos, alguno de los cuales se ha puesto en contacto con el Ayuntamiento para que inste al propietario del solar a tapiar el perímetro e impedir el acceso.

A la entrada se pueden ver innumerables prendas de vestir desparramadas por el suelo. Dentro de las cuevas, más ropa y colchones, además de otros utensilios apilados en baldas improvisadas. Alguno de los inquilinos, o quizá un invitado por su cuenta, ha grabado la advertencia de ‘Peligro’ en la pared ennegrecida por las llamas de un fuego. Quién sabe si para ahuyentar a intrusos. Los vecinos aseguran que hace unos meses se produjo un incendio sin mayores consecuencias. Un susto que podía haberse cobrado alguna víctima si se observa con detenimiento el estado de uno de los agujeros excavados en la roca. El mal olor y las altas temperaturas de estos días lo hacen irrespirable.

No siempre acuden a su refugio, pueden pasar días sin hacer acto de presencia. GranadaiMedia trató de hablar hace unos días con uno de ellos para conocer algo más de sus circunstancias, pero éste rehusó cualquier contacto.

En una de las novelas de aventuras de B. Traven, ‘La nave de los muertos’, un alegato en contra del orden establecido desde la estética del fracaso, una llamada a la insumisión frente a los poderosos, una invitación a dejar a un lado los patrioterismos baratos, el protagonista recomienda lo siguiente: “Deja al mendigo que se muera de hambre si respetas al hombre que hay en él”. Algo así como respetar la elección de quien es libre para vivir o morir vestido con sus mejores harapos, sin injerencias.

(26-7-2012)

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