Y su guitarra le habla de libertad

Alfonso

Alfonso Celso Touriño, en la puerta lateral de la Iglesia de San Pedro, en la Carrera del Darro.

A Alfonso Celso Touriño, nacido hace 53 años en Orense, no le permiten tocar la guitarra en la Carrera del Darro porque, según el Ayuntamiento, molesta a los vecinos. Alfonso, prejubilado y con tres hijos, vecino de Huétor Vega, se resiste a acatar la notificación municipal que le llegó el pasado 23 de octubre porque cantar en la calle, tras ganarle la partida al pudor, es hoy por hoy su medio de subsistencia.

Por eso, y pese a la prohibición del Ayuntamiento de Granada, se planta todas las mañanas, de 10 a 14 horas, con su guitarra acústica en uno de los escalones de la puerta del convento de San Bernardo o en el de la Iglesia de San Pedro, con un café caliente en vaso de plástico para aliviar el frío que se cuela por el Valle del Darro, a la espera de que la jornada –apenas cuatro horas- merezca realmente la pena.

Hace unos meses le obligaron a abandonar  las inmediaciones de la Cuesta de San Gregorio, también en el Albaicín, porque algunos vecinos -según cuenta- la tomaron con él, arrojándole comida e insultándolo.

Alfonso Celso Touriño, que se hizo musulmán nada más llegar a Granada, hace ahora casi treinta años, convencido de que “es la única medicina para el ser humano”, tiene entre su repertorio canciones de Triana, Amancio Prada, Sabina, Manzanita, José Feliciano, Lole y Manuel,  pero también letras de su paisana Rosalía de Castro y algunas propias que compuso junto a su hermano.

«La paga que me ha quedado apenas me da para pagar los gastos de la casa»

Su mujer, fallecida recientemente, y sus tres hijos no querían que tocase en la calle porque asociaban dicha actividad a la mendicidad: “De mendigo nada, para estar en la calle hay que aguantar mucho. Yo vivo de esto porque me vi obligado a prejubilarme, y la paga que me ha quedado apenas me da para pagar los gastos de la casa”.

Abdul,  que se traduce por “siervo generoso”, así lo bautizaron cuando abrazó el Islam -como el legendario pívot de los Lakers, con el guarda un cierto parecido-, tiene un aire de trovador  y, como en la canción de Triana, su guitarra “a la mañana le habla de libertad”.

Hace unos meses presentó una solicitud para disponer de permiso de ocupación por “actividad artística”. El área de Comercio y Vía Pública se la denegó arguyendo las “quejas y denuncias por molestias y ruido interpuestas por parte de los residentes en la Carrera del Darro”.

Es cierto que muchos vecinos que integran la Plataforma SOS Albaicín vienen quejándose en las últimas Juntas Municipales de Distrito de una mayor presencia de músicos callejeros desde que hicieron ‘peatonal’ la travesía. En la respuesta que da el equipo de gobierno a un residente en el Paseo de los Tristes, se le comunica que la Policía Local está haciendo un “seguimiento” para que cambien de sitio, pero que, hasta que se redacte la nueva ordenanza, “están autorizados”. Sugiere el gobierno con su respuesta que la nueva ordenanza será menos permisiva con los músicos callejeros.

“Si la Policía me echa, me voy, pero espero que no me quiten la guitarra porque ahora mismo es mi medio de vida y no quiero hacer cosas que nunca he hecho”, señala Alfonso, al tiempo que coloca un periódico en el escalón de la Iglesia para amortiguar el frío y se atreve con ‘En el lago’, una evocación lisérgica que compuso Jesús de la Rosa, el alma de Triana, una canción que te zarandea por dentro y que le hace a uno preguntarse si, de verdad, puede haber alguien al que le moleste su repertorio de canciones.

(2-1-2013)

Comentarios en este artículo

  1. Sólo un par de cosas:
    – «algunos vecinos del barrio…», sería más exacto que «muchos vecinos que integran la Plataforma SOS Albaicín vienen quejándose…»
    – es verdad que este sr. tiene unas canciones agradables, pero no sé si el sr. cura, las sras. monjas o los pocos vecinos que quedan en la Carrera llevan bien eso de tener durante (al menos 4 horas) las seis o siete canciones que este sr canta hora tras hora, día tras día
    – por referencias al título de la página: la plataforma sos albaicín no está a favor de la prohibición de los músicos callejeros en el albaicín

    ana
  2. Puede parecer cruel, pero este señor podría buscar otro sitio, la verdad. hay veces que llega a ser muy molesto. Si alguien va por allí de paso, pueden llamar la atención sus «versiones», pero oírlas todos los días y a todas horas, puede ser un martirio.

    Juan
  3. Yo soy vecino de la zona y para nada me molesta. Canta muy bien y con mucho gusto. No creo que ni las monjas ni el cura puedan oirlo por que no da voces. Es una pena que le prohíban cantar ya que alegra el paseo por la Carrera del Darro- Ninguno de mis vecinos se han quejado es mas lo saludan cordialmente y hasta se paran a hablar con él

    Paco
  4. Los que molestan son unos que se ponen en el ensanche a la altura del bar «La bella y la Bestia», que son un grupo de 5 ó 6 músicos, que como tocan muy bien (todo hay que decirlo), provocan la aglomeración de gente que imposibilita a veces el pasar siquiera andando.
    Por no hablar del tufillo a marihuana que se puede oler varios metros alrededor.
    Pobres monjitas, que además de aguantar a todos estos tienen que soportar a los caraduras que luego dicen que si las campanas molestan cuando tocan por la mañana.
    Músicos sí….Autobús también.

    Francisco Manuel
  5. Años que viví en la Carrera y estos comentarios parecen el colmo. Todos aceptaron la peatonalización, incluso la exclusión que suponía para los vehiculos de familiares que podían recoger «gratis» a sus familias si así lo necesitaban.
    Si molesta la marihuana, también puede molestar la mierda de los caballos del Rocío que sale de San Pedro, el arroz por los suelos de las bodad, las procesiones «SIN PERMISO PARA OCUPAR LA VÍA PÚBLICA», el olor a INCIENSO (quizá también COLOCA…), la doble moral de algún sacerdote que pasó por la Iglesia de San Pedro, la falta de humanidad hacia quien se gana la vida, de otra manera, pero honradamente,…
    Quizá la convivencia sea cosa de ++++TOLERANCIA y —–prohibiciones.
    Y cuándo el hambre aprieta, pocos arriman el hombro ¡¡¡¡¡¡¡

    el rubio
  6. Me parece ridículo que se cuestionen todas estas cosas, cuando la música es un beneficio común y es cultura, y por ello deberia de estar al alcance de todos sin necesidad de tener que pagar una entrada para consumir y consumir y consumir, por no hablar del bien que le hace a la ciudad la música en la calle en cuanto al turismo se refiere, porque sepan ustedes que la gente de graná no es la acostumbrada a echar dinero en la cesta de estos músicos, no señores no, son los visitantes que vienen a granada a hacer que esta ciudad funcione, y es deber como ciudadanos mejorar el sector turístico, y la música en la calle es un reclamo que alegra a los turistas que pasan por el precioso paseo de los tristes de visita fascinados y que tienen la oportunidad de escuchar buena música y GRATIS.

    Por otra parte no es solo este señor el que se gana la vida con esto, es cada uno de los músicos y artistas que quieren exponer su trabajo en la calle, personas con bocas que alimentar y facturas que pagar como todos. Tengamos en este 2013 un poquito de decencia y solidaridad por favor, que está la vida mu mala.

    Ramon
  7. Sepan que no hay ninguna ley que pueda prohibir tocar y cantar en la calle, durante las horas en que se puede hacer ruido. Si, está prohibida la mendicidad, siempre y cuando los servicios de asistencia social asistan al mendigo, cosa que no hacen en el 90% de los casos (lo digo con conocimiento de causa) ni tampoco los músicos callejeros la están ejerciendo ya que no piden nada a nadie si no que dan su música mejor o peor a cambio de nada, otra cosa es que algún que otro buen ciudadano comparta unas migajas de lo suyo con ellos, como agradecimiento y o solidaridad con quienes lo necesitan, cosa que tampoco se puede prohibir a quienes lo hagan Mucho mas molesta el ruido que provoca el ocio nocturno, lleno de borracheras y drogas en los locales funcionando toda la noche en horarios totalmente prohibidos y al que los ayuntamientos »permiten mismo sin licencia»

    José Moreira

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