Granada al aire libre

Llega el buen tiempo y el deseo de disfrutar de las zonas verdes y para el ocio, que este año, por culpa de la pandemia, vuelven a ser una vía de escape casi obligatoria. Las opciones son variadas y aquí se describen todas o casi todas.

parques de granada alquería

El parque de las Alquerías, en la Chana, es uno de los pulmones más amplios de Granada. Fotos: Lucía Rivas

Nada, que el coronavirus no se va. Toca seguir con las mascarillas, guardar las distancias y echarse gel hidroalcohólico cada dos por tres. Pero al menos llega el buen tiempo y, con él, las ganas de pasear, de disfrutar del aire libre (que no puro, ya sabemos que ésta es una ciudad muy contaminada) y, en muchos casos, de intentar, a base de hacer ejercicio, rebajar kilos de cara a la inminente temporada veraniega. Que volverá a ser atípica, como la del año pasado, pero esa es otra historia. 

¿Dispone Granada de suficientes zonas verdes?  Quienes vivan en el centro podrán alegar que sobran coches y que hay bastantes puntos en los que la convivencia entre los vehículos y los peatones es sencillamente imposible. Eso es con toda seguridad un asunto digno de debate, pero por ahora queda aparcado (perdón por el chiste fácil) para centrarse en lo que hay a lo largo y ancho de la ciudad. 

Lo que sigue es una relación de lugares donde se puede disfrutar del ocio a cielo abierto. Lugares que tienen pros y contras que pueden y deben ser analizados. Un mapa verde, o al menos relativamente saludable, de Granada, que se salpimentará para la ocasión con opiniones y valoraciones de usuarios. Es probable que algún sitio se quede en el tintero. De ser así, se trata de un error por olvido y no de una omisión premeditada. 

De toda la vida, nuevas y recuperadas

Hay zonas verdes y destinadas al ocio que hasta los granadinos más mayores recuerdan. El Llano de la Perdiz es un clásico entre los clásicos al que se acude para jugar al fútbol (con porterías de tamaño reglamentario y todo), caminar entre pinos o hacer una barbacoa en los lugares habilitados al efecto. Si la visita no coincide con la de esos señores que también se pasan por allí y que se empeñan en que escuchemos su música aunque estén a tres kilómetros de distancia, la estancia puede ser de lo más agradable. 

Desde ahí, las posibilidades son muchísimas. Se puede subir al Cerro del Sol, pero también bajar hasta San Jesús del Valle y, cruzando por dos veces el Darro, plantarse en Valparaíso y más adelante en el Sacromonte. Si se escoge volver a Granada, cerca del cementerio musulmán es probable que uno se cruce con paseantes que han tomado una vereda desde la Silla del Moro y la Dehesa de la Alhambra

Esa ruta es la que hace a diario Blanca Espigares, sola o preferentemente en compañía de amigas. Sube la Cuesta de Gomérez y continúa por el precioso Bosque de la Alhambra hasta llegar a la rotonda cercana al cementerio de San José, y de ahí tuerce a la izquierda para, siempre cuesta arriba, llegar a la Silla del Moro. 

«Soy de esas personas que en su día iba a un gimnasio y lo dejó. Un día, una amiga me dijo que hacía ese recorrido andando, a veces corriendo, y me dije: ‘pero si lo tengo al lado, tengo que hacerlo’, así que empecé a ir todos los días, haga el tiempo que haga», comenta. 

«Para mí ha sido mi salvación», agrega sin titubear. Es una caminata de una hora y cuarto (reconoce que anda muy rápido) «que es a la vez una desconexión del agobio y una conexión con la naturaleza. Sales siendo aún de noche y por el camino te vas despertando a medida que avanzas, empiezas a escuchar los pajarillos.. Al principio iba con música, pero ahora prefiero oír los sonidos del campo». 

El parque de ‘skaters’ en Bola de Oro.

Sus excursiones no son siempre iguales. A veces ha llegado hasta la antigua mina de oro de Lancha del Genil. Pero vaya por donde vaya, tiene claro que ése es su momento del día. «Es donde me descargo, cojo mucha energía y me siento fuera de Granada aunque esté dentro, es en cierta forma como viajar», cuenta, para añadir que otro de los alicientes es ver amanecer o anochecer, cuando opta por ir a última hora de la tarde. «Son momentos que me sirven, si no para meditar, sí para respirar y sentirme mejor», finaliza. 

Rutas del Colesterol en Granada

Esa expresión, la de Ruta del Colesterol, se popularizó hace unas décadas y sigue vigente. Son, fácil es adivinarlo, caminos no muy exigentes que personas de todas las edades transitan, la mayoría andando, y así queman algunas calorías. En Granada, la más conocida es sin duda la Fuente de la Bicha, que parte de Puente Verde, atraviesa Bola de Oro (que, por cierto, tiene parques para niños y mayores y pistas para bicicletas y monopatines) y, siempre junto al río Genil, se prolonga hasta Pinos Genil. Es un camino precioso pero hay que intentar evitarlo en horas punta porque llega a juntarse demasiada gente; tanta que es difícil mantener la distancia de seguridad sanitaria. 

Arranque de la Fuente de la Bicha, la principal Ruta del Colesterol de Granada. Fotos y vídeo: Lucía Rivas

Otra ruta que recibe ese nombre es el Parque de Joaquina Eguaras, el principal pulmón del distrito Norte, que por desgracia, como otros, no está sobrado de zonas verdes. Comienza en la avenida que lleva su nombre y se prolonga hasta Merced Alta. Muy apreciado por los vecinos, tiene parques infantiles y de adultos (o sea, con máquinas de ejercicios) y, aunque no está suficientemente apartado de los coches y sus consecuencias, permite por otra parte a los usuarios hacer algún alto en el camino y tomarse algo en un bar. Norte cuenta con otros grandes espacios, como el Parque 28 de Febrero, en Cartuja o el ubicado junto a la Piscina de Almanjáyar, aunque ambos muy degradados.

Los parques van por barrios

 

¿Hay suficientes parques y zonas verdes en Granada? Pues, dependiendo del barrio, los vecinos dirán una cosa u otra. Es obvio que en el Albaicín no abundan; está el Huerto del Carlos y poquito más. En el Realejo, aparte del Campo del Príncipe, existe un parque a la espalda del Cuarto Real de Santo Domingo y al que se entra por la calle Paco Seco de Lucena. Por algún motivo se le conoce como Parque Zen, pero la mayor parte del mismo lleva cerrada casi dos años. O sea, que está casi inutilizado. Una alternativa interesante es bajar por la Cuesta Escoriaza y llegar hasta el antiguo cuartel de Las Palmas. Ahora que los árboles han crecido, se está allí bastante bien. Los asiduos lo llaman el Parque de los Colores y cualquiera que vaya verá que de vez en cuando lo frecuentan grafiteros.

Eso, lo de que los árboles aporten sombra y fresco, es fundamental y, en cierto modo, constituye la barrera entre lo que es un parque y lo que aún no lo es pero podrá serlo en el futuro. Eso último sucede en el Zaidín, en un antiguo descampado próximo al Parque Tecnológico de la Salud que hace tres años se recuperó para el uso ciudadano. Es prometedor porque tiene carril bici, bancos para sentarse y de vez en cuando se puede oír el rumor del río Monachil, aunque casi siempre lo tapa el ruido de los coches que circulan por la Ronda Sur. 

Eso, lo de la cercanía de los parques con las carreteras, es casi una constante en Granada, y desde luego una molestia. Es el principal (casi el único) defecto del parque Tico Medina, que por lo demás es una maravilla porque allí, además de pasear, correr o montar en bici, se puede hacer un pícnic o simplemente tumbarse a la bartola en el césped. Es, además, muy grande. Tanto que uno puede entrar al parque en Granada y salir en Armilla (aunque, como esos dos municipios están unidos, el mérito no es tan grande).

Paralelo al Tico Medina discurre el río Genil y, a su lado, un carril bici y un paseo habilitado para los caminantes que también es muy frecuentado y que, dos o tres kilómetros más abajo, conecta por un lado con la Vega y sus múltiples veredas y por otro con el llamado Camino de las Vacas, pasa luego por la fábrica de Puleva y devuelve al paseante a Granada junto a la circunvalación. 

Pulmones céntricos

Otro parque estupendo pero con coches demasiado cerca es el García Lorca, que es amplio y bonito, tiene un estanque de patos, césped para descansar, un parque infantil y, a su lado, un bar para que los padres miren a los niños con el rabillo del ojo mientras se toman una tapa o dos. Está bien situado, cerca de casi todo, y alberga además una de las casas donde vivió el poeta granadino por antonomasia. 

Los remozados Paseíllos Universitarios son un pulmón verde que gana la ciudad en pleno centro.

No muy lejos de allí están los históricos Paseíllos Universitarios, remozados con las obras del Metro y convertidos en vía de escape para cientos de granadinos de todas las edades. Una de ellas es Begoña Molero: «Vivo aquí al lado, junto a la Renfe, y este espacio observo que se llena, sobre todo los sábados y domingos viene mucha gente». Ella va allí y también a La Alquería, en La Chana, «que es grandísimo y está muy bien porque dejan también entrara a los perritos y es más abierto». Entiende, por lo demás, que aunque todo lo que se haga para dotar a la ciudad de ´mas zonas verdes será poco, la situación no es como para quejarse. «Todos tenemos alguna zona verde más o menos cerca». 

No coincide con ella otra habitual, Adelina Urbano: «Hay muy pocas zonas verdes. Está el Tico medina, que siempre está lleno de gente porque no hay nada más por allí. Aquí, cuando vienes por la tarde, siempre está lleno también, porque hay muy pocas zonas para hacer deporte. Esos dos sitios, el García Lorca y poco más. Estamos deseando que abran el Estadio de la Juventud, porque habrá más instalaciones disponibles», añade. 

Merece la pena, antes de abandonar la zona, visitar el Parque Fuentenueva, entre el bulevar de la Constitución y los comedores universitarios (o el contiguo campo de rugby, si se prefiere). Es pequeño pero muy bien provisto de vegetación, lo que permite sentirse allí dentro en un silencio casi absoluto, algo que parece increíble con tanto coche en las cercanías. 

Huertos urbanos en Las Alquerías

El recorrido por los parques de Granada va tocando a su fin, aunque es de rigor mencionar el Parque Almunia, entre La Chana y el Barrio de los Periodistas, que es también bastante espacioso y en ocasiones está animado, sobre todo cuando funciona a pleno rendimiento su bar-kiosco. También, por supuesto, el de Las Alquerías, entre La Chana y la ronda de circunvalación, que proporciona el molesto ruido de fondo de los vehículos que la inundan a todas horas. Pero pese a eso y a que tiene zonas poco sombreadas, a horas sin mucho sol es una delicia pasear por allí.  Y para una treintena de afortunados, que tienen arrendado un huerto público allí dentro, es además un entretenimiento muy productivo que, encima, no les cuesta ni un euro. 

Antonio Terrón, en su huerto en el Parque La Alquería, en La Chana.

Lo celebra Antonio Terrón, que se jubiló hace cinco años. Hasta entonces se pasaba desde las seis de la mañana hasta las doce de la noche «repartiendo en un camión» y no conocía ni el barrio ni a sus vecinos.  Antes «no tenía tiempo para nada», pero aquello ya pasó y ahora toca plantar habas, tomates y lo que encarte. «Esto es estupendo para los que no tenemos nada que hacer, un entretenimiento y una distracción», destaca, y de paso pide que «si es posible», se hagan iniciativas similares en otros puntos de una ciudad donde «se está trabajando en lo de ampliar las zonas verdes, se están haciendo cosillas. No está mal del todo», concluye.

Mapa con parques de Granada y zonas de ocio al aire libre

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