Norte bien merece un paseo

El grupo posa delante del Monumento a la Concordia, en el Parque 28 de Febrero de Cartuja. Fotos: Jesús Ochando

Un grupo de entre diez y veinte personas camina por una calle de Cartuja. Llama la atención porque está claro que es una excursión organizada. De hecho, una de las participantes porta una bandera donde puede leerse «Callejero emocional de Granada». Pero eso, de por sí, no dice mucho. Al menos no le dice nada a una mujer que, tras repasar sin disimulo con la mirada a todo el grupo, pregunta en voz alta, a nadie en concreto:

-¿Qué estáis haciendo?

Una de las aludidas vuelve la cabeza y, con tono agradable, contesta:

-Estamos dando un paseo por todos los barrios de Norte.

La demandante de información se queda estupefacta pero sólo tarda un instante en reaccionar, y lo hace para lanzar otra pregunta con un matiz mucho menos amistoso, más bien tirando a arisco:

-¿Y para qué?

La pregunta, en ese momento, se queda sin respuesta. Pero sí que la tiene. Se trata de un ‘Paseo saludable a través del callejero emocional Distrito Norte’, una de las actividades que se han incluido en la tercera edición de las Jornadas de Salud Comunitaria, organizadas por los centros de salud de Almanjáyar, Casería de Montijo y Cartuja, el Centro de Participación Activa para personas mayores de La Paz, el Centro Municipal de Servicios Sociales Norte y diversas entidades sociales que trabajan en el barrio. 

El grupo comienza el paseo en la puerta del Centro de Participación Activa del barrio de La Paz, uno de los siete que componen el distrito. 

El paseo emocional, al que se va a ceñir este reportaje, arranca a las 9:30 de la mañana del miércoles 27 de octubre en el interior del Centro de Participación Activa de La Paz. Allí se han reunido más de diez mujeres (no es que la convocatoria fuera para el género femenino, es que ese fue el resultado), expedicionarias que estarán comandadas por la directora del centro, Mari Carmen Martínez.

Al principio no quiere hablar, pero después sí que lo hace y recalca, para dar al césar lo que es del césar, que el protagonismo no es sólo del organismo que la tiene al frente, ya que en Norte funciona «una red de entidades sociales dirigidas a personas mayores» de la que el Centro de Participación Activa, dependiente de la Junta de Andalucía, es sólo un eslabón. Allí también hay centros que gestiona el Ayuntamiento y entidades privadas. 

«Transmitir sensaciones y emociones»

Mari Carmen explica que la idea del paseo, además de hacer ejercicio y contar quiénes eran las personas que tienen calles a sus nombres en la zona, es buscar «un encuentro intergeneracional» que sirva «para transmitir sensaciones y emociones a los más mayores y fomentar la socialización y el fortalecimiento del tejido social». Para la directora, conocer mejor la zona más cercana a su historia puede hacer que esas personas «estimulen su autoestima y seguridad». 

El recorrido no es aleatorio. Se han buscado calles que valgan para presentar «las señas de identidad y la historia de esta ciudad, sus valores políticos, culturales y sociales». Las calles, recalca Mari Carmen Martínez, son «las huellas de otros» y suponen «un ejercicio de memoria colectiva».

Su intervención, previa a la marcha, la remata nombrando a todos y cada uno de los componentes de la junta de participación del centro, por su colaboración, y mencionando también a Francisco González Arroyo, Mikel Astraín Gallart y Juan Antonio Lao Pérez, autores del libro Callejero emocional de Granada, del que se leerán fragmentos cuando se llegue a las calles elegidas. 

El viaje (cortito, de dos horas y media, pero viaje al fin y al cabo) mezcla lo emocional con lo histórico. Para alguien que no sea muy observador, la cosa consiste en pararse de vez en cuando y leer unos párrafos que cuentan quiénes eran Fernando de los Ríos o Pedro Moya o percatarse de que en Parque Nueva Granada todas las calles tienen nombre de mujer, dato significativo cuando sólo el 5% de las del conjunto de la ciudad están dedicadas a ellas. Esto, de por sí, ya tiene su provecho, pero lo verdaderamente interesante es lo que va surgiendo por el camino: el brillo en los ojos al volver a un punto en el que se vivió un episodio inolvidable, la tristeza al pasar por tramos degradados, la sonrisa al toparse con elementos que demuestran que merecen la pena los esfuerzos por levantarse tras caer…

«Esto no es la ciudad sin ley»

«Este sigue siendo un barrio maravilloso», resume Fuensanta. Lleva 56 años viviendo en La Paz, lo que quiere decir casi desde que se creó el barrio. Le encanta aunque admita «que algunas cosas han ido cambiando para mal». Se resiste a dar la batalla por perdida porque «pese a que hay mucho paro, la gente se busca la vida». Le molesta que se hable del distrito Norte como «la ciudad sin ley» porque «habrá gente mala» pero, en líneas generales es «como cualquier otro sitio de España». Y deja una idea en el aire que da para reflexionar: «En todas las ciudades grandes tiene que haber una barriada marginal porque a los políticos les interesa, para así poder pedir inversiones y eso». 

El grupo se ha propuesto visitar los siete barrios del distrito (La Paz, Cartuja, Rey Badis, Casería de Montijo, Parque Nueva Granada, Almajáyar y Campo Verde) y para eso hace falta ir a un ritmo constante. Pero como dicen los ingleses, siempre hay tiempo para detenerse y oler una rosa. O para soltar unas carcajadas, que es lo que el grupo hace cuando, llegando al Parque 28 de febrero, Ramona cede a la tentación y se monta en un columpio. «Yo es que veo uno y no me puedo resistir», proclama mientras se balancea. 

Ramona no quiso resistirse y se balanceó en un columpio para regocijo de todos.

Es un punto, esa plaza, que da mucho de sí. Para abrazarse delante del Monumento a la Concordia, para recordar que allí suelen ir los políticos a dar mítines y prometer cosas cuando se acercan las elecciones (y en ese punto dejan entrever que tales promesas raras veces se cumplen) o para comentar problemas comunes del distrito, como la falta de limpieza o el déficit de viviendas para gente sin recursos.

Tres apuntes sobre esto, los tres anónimos por deseo de sus autoras: «En este barrio se limpia mucho, pero mucho. Lo que pasa es que también se ensucia mucho». «Se hicieron casas, pero a unos precios que no se podía permitir casi nadie». «Ahora dicen que van a hacer viviendas sociales para los mayores, pero lo más seguro es que al poco de ocuparlas ellos, se las queden sus nietos. Y si no, al tempo».

«Hay que derribar barreras y romper prejuicios»

La más joven integrante de la marcha es Beatriz Priego, dinamizadora comunitaria de la asociación Anaquerando. Su caballo de batalla es el mismo que el del resto, pero además, al trabajar para un colectivo que lucha por la integración del colectivo gitano, su esfuerzo es aún mayor «porque en cierto modo es un colectivo que sufre una doble marginación». 

Considera que las ciudades «no están preparadas para albergar la diversidad ni para valorar las ventajas que esa diversidad aporta». Derribar esa barrera «es un reto que debemos superar», algo a lo que, cree, contribuyen iniciativas como ésta en la que está participando. No ya sólo porque ayude a la gente de allí sino «porque puede transmitir una imagen positiva de Norte hacia el resto de Granada. Hay que romper los prejuicios visibilizando las buenas actuaciones que se hacen aquí», subraya. 

Un cartel ubicado en un descampado entre Cartuja y La Paz que hace reflexionar.

No descubre ningún secreto cuando dice que lo que más se transmite del distrito «son noticias negativas» y, para revertir eso, aboga por «dar publicidad o empujar para que salga todo lo bueno que hay en el distrito, que hay mucho». Y si para eso hace falta que Norte se traslade al resto de la ciudad, para que organice cosas en pleno centro, pues que se haga.  «Puede ser buena idea, como también que la gente de otros sitios venga aquí. Hay que conectar». 

Son casi las doce del mediodía cuando el grupeto baja por un conjunto de calles bastante deterioradas y con nombres alusivos al descubrimiento de América (Juan de la Cosa, Rodrigo de Triana). Quedan las dos últimas paradas, en el Centro de Servicios Sociales de la Plaza Rey Badis y en el Centro de Salud de Almanjáyar-Cartuja.

Por el camino, ya casi hecho, quedan momentos para el recuerdo, como el silencio común tras leer un cartel en un descampado que sirve como frontera entre La Paz y Cartuja, que rezaba: «Nadie es ilegal. Yo soy Distrito Norte». Lo han recorrido de cabo a rabo, sus siete barrios, con sus puntos en común pero con sus señas de identidad propias.

Así que, definitivamente, la señora nombrada al principio de este artículo hizo una pregunta absurda: ¿cómo que para qué se pasea? Para hacer barrio, para crecer como barrio, para mejorar como barrio. Si alguien no lo entiende, no merece la pena explicárselo.

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