Pepe ‘El Trueno’, el barbero del Albaicín

José García Santos ‘El Trueno’ es el último barbero del barrio del Albaicín. Pepe relata para GranadaiMedia su aprendizaje de la mano de toda una familia dedicada al oficio. La llegada de los Beatles y de los jipis supuso, según él, el principio de la decadencia de la profesión.

Pepe 'El Trueno' posa en la barbería improvisada montada en su casa.

Pepe ‘El Trueno’ posa en la barbería improvisada montada en su casa.

A José García Santos le conoce todo el Albaicín como Pepe ‘El Trueno’. Ha sido durante casi toda su vida el barbero de Plaza Larga, una profesión que heredó de su padre al igual que el resto de sus seis hermanos.

Desconoce si el apodo que le colgaron a su padre guarda relación con una tormenta que le pilló en plena cacería o porque su progenitor ya se gastaba, siendo mozo, sus primeras propinas en petardos.

Pepe nació el 1 de enero de 1936 en el número 88 de la cuesta de la Alhacaba. “Albaicinero de toda la vida”, presume él con mucho orgullo y en tono de broma entre sus amigos del bar Aixa, en Plaza Larga, a escasos metros de donde su padre tenía la barbería, junto al Arco de las Pesas. Y a unos metros también de su casa, en la calle Panaderos, donde todavía hoy afeita y corta el pelo a unos cuantos amigos que conserva desde tiempos del colegio. “Mientras estemos en este mundo, tú me pelas a mí”, le asegura su fiel clientela.

Como quien habilita un estudio en su casa, Pepe ha convertido una de las dependencias de la vivienda en improvisada barbería, un museo un tanto desordenado sólo operativo para sus amistades: la silla de barbero que adquirió en San Sebastián, los útiles para cortar y afeitar, y un espejo testigo de un sinfín de confidencias.

Psicología de barbero

Pepe 'El Trueno', Albaicín, barbero

Su antiguo sillón de barbero traído desde San Sebastián.

“Sabías de qué pie cojeaba cada uno y por dónde llevar la conversación. Conocías que fulanito era comunista o socialista y que a mengano le gustaba el fútbol o los toros. En la barbería se hablaba poco de política y mucho de fútbol y toros. Uno, además de barbero, era psicólogo”, reconoce Pepe, a quien no le gusta el término “peluquero” ni tampoco las academias de aprendizaje.

Él entró muy pronto en el negocio de su padre, a los 14 años, “cuando te echaban del colegio porque ya habías aprendido lo suficiente”. Por aquel entonces se limitaba a enjabonar con la brocha las barbas de los clientes para su posterior afeitado y a eliminar con el cepillo los molestos pelillos que permanecen tras el corte de pelo. “Me ganaba unas propinas”, confiesa.

No recuerda su primer corte de pelo o afeitado pero sí que ensayaba con sus hermanos, toda una prole dedicada a un oficio muy sacrificado y con escasa recompensa, según relata. “Se cobraba por el corte 1’50 pesetas a los adultos, 2’50 si incluía el afeitado y una peseta a los niños. Lo habitual era que la gente acudiera a la barbería el miércoles y el sábado. Cerrábamos los domingos pero, en ocasiones, mi padre atendía a los clientes en el patio de casa. Otras veces, nuestra madre nos traía la comida a la barbería e incluso muchos días cerrábamos de madrugada porque esperábamos a que saliera el turno de obreros de la fábrica de Pólvora del Fargue”.

«Los años cincuenta eran tiempos de poca higiene y muchos piojos. ¡No habré matado piojos a tijeretazos!»

Daba, eso sí, para “no tener que pedir dinero a nadie”. Incluso para que alguno de sus hermanos se pusiera por su cuenta. Uno de ellos abrió una barbería en el Peso de la Harina. “Eran años complicados donde no había casi ni para zapatos. Entonces cortábamos el pelo a muchos albañiles que llegaban con la cabeza llena de cemento. Eran tiempos de poca higiene y muchos piojos. ¡No habré matado piojos a tijeretazos!”, recuerda.

Eran muy pocos los clientes que pasaban a diario. Pepe recuerda a Juanillo ‘El Gitano’, un cantaor flamenco del Sacromonte que se afeitaba todas las mañanas con navaja. Tampoco olvida el día que su hermano Antonio atendió a Rafael Farina; anécdotas que atesora en su memoria.

El declive, modas y crecepelos

Foto de familia, Pepe, a la izda., junto al padre, sobrino y hermano.

Foto de familia, Pepe, a la izda., junto al padre, sobrino y hermano.

Pepe asegura que en el Albaicín llegaron a funcionar hasta cinco barberías. Ninguna de ellas permanece hoy abierta. La última que cerró fue la suya, la que heredó de su padre, un local de alquiler en el Arco de las Pesas que abandonó en 1998 y hoy forma parte de Casa Pasteles.

Las barberías no supieron adaptarse a los nuevos tiempos, a las novedades que vinieron de fuera. Pepe atribuye a la “moda de los pelos largos [los jipis]» el origen de la decadencia del negocio. “Coincidió con la aparición de esos ingleses [se refiere a los Beatles]. Los padres dejaban a los niños con el pelo largo cuando hasta entonces se había llevado el corte clásico de raya a un lado. ¿A un barbero le iba a gustar que se dejaran melenas?”.

“[La crisis del oficio] coincidió con la aparición de esos ingleses [los Beatles]. La moda de los pelos largos»

Desde hace algún tiempo le llama también la atención que los jóvenes se rasuren la cabeza. “Antes, cuando veías a alguien con la cabeza rapada sabías que había estado en la cárcel, ahora es una moda que tampoco entiendo”.

A sus años conserva bien su cabello, que se corta él mismo. Conoce algunos clientes que “se han gastado un dineral en crecepelos y demás tonterías”, a los que ha tratado de convencer de que la calvicie –según él- es una tendencia hereditaria.

No hay una mañana que Pepe no se afeite con su navaja. Dispone de navajas antiguas, pero también de otras más modernas con cuchillas desechables desde que Sanidad tomara medidas para prevenir el Sida. Es entonces cuando da inicio a todo ese ritual para poner la navaja a punto con el suavizador de cuero y conseguir luego, con la destreza que se le presume a un buen profesional, un rasurado perfecto. “Un arte indiscutible que se ha perdido para los restos”, lamenta Pepe ‘El Trueno’, el último barbero del Albaicín.

(13-9-2013)

 

Comentarios en este artículo

  1. […] son muchísimos. Lo constato sin salirme de este medio que me da cobijo, leyendo un artículo sobre un señor que ejerce de barbero y otro sobre una señora que vende chumbos (y antes, caracoles). Los dos llevan la misma firma: […]

    Horas contadas » Vamos a contar historias
  2. […] A él, en concreto a dos de las historias que ha publicado recientemente en GranadaiMedia (la de Pepe ‘El Trueno’ y la de Tere, la de los higos chumbos), dedica Guillermo Ortega su entrada de hoy en Horas […]

    Granada despierta encomendándose a la temporada de nieve | Granada despierta

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