La familia del pintor Apperley reclama la placa

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El hijo del pintor George Owen Wynne Apperley posa junto a la escultura dedicada a su padre

Pocas veces se ha tardado tanto en colocar una placa identificativa a una escultura.  Con lo proclive  que es el gobierno municipal a instalar estatuas en la ciudad y no ha tenido tiempo de  colocar una plancha con el nombre del artista inglés George Owen Wynne Apperley (1884-960), uno de los pintores que más ha hecho por la difusión de la imagen de Granada.

La escultura se encuentra en el callejón de la Gloria, entre la Carrera del Darro y San Juan de los Reyes, y sirve de reconocimiento a un pintor que se refugió en el Albaicín cautivado de la luz y el color de la ciudad de Granada, presente en casi toda su obra.

Su hijo Enrique Apperley viene reclamando la reposición de la placa desde que la arrancaron unos gamberros en marzo de 2012, hace ahora más de año y medio. Sólo duró en su sitio cuatro meses. Lo sorprendente de todo –según explica su hijo- es que la familia tuvo que esperar cuatro años -desde que se llevó a cabo el reconocimiento con la colocación de la estatua del pintor inglés que esculpió Mariano Benlliure, a cuyo acto acudió el alcalde José Torres Hurtado– para ver puesta la placa, “similar a la que puedes encontrar de médicos y abogados en los portales”.

“No quiero rencillas ni entorpecer el trabajo de nadie, pero no veo normal el tiempo transcurrido. En su día me dijeron en la Agencia Albaicín que no había dinero para estas cosas”, afirma su hijo, residente en Londres pero vinculado a Granada, ciudad que visita con frecuencia para huir del frío y la humedad de la capital inglesa.

“No quiero rencillas ni entorpecer el trabajo de nadie, pero no veo normal el tiempo transcurrido»

Enrique lamenta de igual modo la falta de mantenimiento del lugar, el pequeño recinto enrejado y oxidado, donde se encuentra la figura de su padre y donde crecen los hierbajos. “Yo mismo he retirado latas de cerveza que habían arrojado al interior. Lo comuniqué al Ayuntamiento pero me dijeron que el barrendero no podía acceder dentro porque había perdido la llave de la cancela”.

Recientemente hizo llegar al concejal de Cultura y presidente de la Junta Municipal de Distrito (JMD) del Albaicín, Juan García Montero, un escrito donde por enésima vez solicitaba la placa identificativa. La secretaria del concejal  la respondió que el concejal “se ocuparía personalmente del asunto”.

En la última JMD celebrada el 20 de octubre, Juan García Montero, a preguntas de la Asociación de Vecinos del Bajo Albaicín, se comprometió a solucionarlo de inmediato. A lo que no accedió fue a cambiar el nombre de la plaza por el del pintor inglés porque “la política del gobierno municipal es no renombrar las calles para no causar trastornos a los vecinos”.

Enrique no ve razón para oponerse. La plaza se habilitó en un antiguo solar que no tiene nombre y en el que apenas viven vecinos. En cualquier caso podrían seguir manteniendo como dirección el callejón de la Gloria. “Mi padre, además de pintar, luchó por el barrio y escribió muchas artículos en los diarios locales quejándose de la situación del Albaicín. También donó numerosos cuadros al Centro Artístico para obras de caridad. No quiero problemas. Lo único que quiero es que no se abandone y se identifique. Que no venga la gente y se pregunté quién es el pintor de la escultura”, concluye.

(2-11-2013)

Comentarios en este artículo

  1. Es intolerable lo que esta pasando el hijo de este gran pintor para solucionar este tema.

    Isabel Santander
  2. En este lugar había un solar abandonado, de un antiguo Carmen que fue derruido y el espacio expropiado por el ayuntamiento hace unos 25 años. Sirvió de escombrera al barrio ya que allí se depositaba la basura y escombros de las obras, hasta que hace unos 10 años,la entonces fundación Albayzin se propuso adecentar la zona. El director de la Fundación se puso en contacto con los hijos del pintor que cedieron una escultura de su propiedad, cuya autoría se debe a Benlliure, para presidir esta plaza de nueva creación. No se llamó nunca plaza de la Gloria porque hasta entonces no existía, si había un callejón detrás del solar que se denominaba con este nombre, por lo que no seria descabellado nombrar a la plaza como de Apperley para devolverle el favor que se le debe al que fue uno de los mejores cronistas del barrio y por supuesto reponer la placa que debería ser de cerámica de Fajalauza, que no costaría tanto.

    Paco
  3. La justificación que da el Concejal García Montero para negarse a darle el nombre de Apperley a la placeta es patética. Seguro que si le hubieran propuesto ponerle el nombre de algún santo o titular de Cofradía le hubiese parecido una gran idea. Cómo se le ve el plumero!

    María Luisa
  4. Hace escasamente un mes puse en mi blog un post llamado «Despropósitos. 2», en el que mencionaba esta situación (junto a otros mil despropósitos que se están cargando nuestra bella ciudad ante la indiferencia de nuestros mandamases locales, que parecen no percibir la realidad.
    Está aquí:
    http://albertogranados.wordpress.com/2013/10/06/imagenes-de-granada-31-despropositos-ii/

    Puse el enlace en el perfil de don Juan García Montero en Facebook con una breve nota: Por si está en su mano hacer algo. No ha habido respuesta (ni se la espera).

    AG

    Alberto Granados

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