Sin derecho al descanso por el botellón

Placeta Jaime Balme

El 'botellón' es frecuente en la placeta Jaime Balme.

Varias plazas del Zaidín se han transformado en usuales ‘botellódromos’ en los que “el ruido” y “las constantes trifulcas” mantienen en vilo a los vecinos, en su mayoría personas mayores que “viven atemorizadas”. Así lo denuncian los afectados, que piden “presencia policial” para recuperar un “derecho al descanso roto” sin límite horario alguno, lamentan.

Entre los espacios públicos convertidos en lugar de encuentro para beber se encuentra la placeta Fernández de Moratín, donde “decenas de personas se congregan para consumir alcohol y sustancias ilegales”, relatan sus residentes. “Cansados” del “jaleo que forman” están recogiendo firmas –ya han presentado cerca de un centenar en la Junta Municipal de Distrito– para exigir “medidas”.

El “continuo alboroto” en esta plaza también mantiene desvelados a los inquilinos del bloque 17 de la calle Berbarda Alba: “día y noche y a veces hasta altas horas de la madrugada” celebran fiestas a la espalda del edificio, cuentan los afectados, que igualmente reúnen rúbricas para exigir la retirada del banco donde se congregan. “Hay personas mayores y enfermas a las que no dejan descansar”, critican “sin mucha esperanza” de que “la situación cambie”. «Les hemos rogado silencio en muchas ocasiones, pero hacen caso omiso», refieren.

Placeta Fernández de Moratín.

Varias personas beben 'litronas' y tocan la guitarra en la placeta Fernández de Moratín.

“He llegado a contar hasta 25 personas ingiriendo bebidas y drogas que suelen esconder en el contador del agua de una casa abandonada detrás del bloque para que la policía no los sorprenda con las manos en la masa”, cuenta un hombre en la placeta Jaime Balme, donde los propios residentes han optado por desmontar los bancos con la esperanza de que dejen de reunirse en la zona.

Según detallan los afectados, a los ruidos diarios se suman los restos de botellas y desechos que quedan desperdigados cuando se marchan. “Les he llamado la atención en varias ocasiones y, desde entonces, suelen ser más cuidadosos en ese sentido, aunque siempre quedan restos de su paso”, comenta un vecino de la zona, “acostumbrado” a “no tener siesta y subir al máximo el volumen de la tele para poder oír algo”.

Similar tesitura sufren en placeta de Larra, en la que resulta “imposible pegar ojo” porque “permanecen hasta altas horas cantando y charlando en voz alta mientras corren de mano en mano los litros de cerveza”, comentan los perjudicados, para los que el “lamentable estado de conservación y falta de limpieza” de la plaza también son motivo de insomnio.

El problema, sugiere un inquilino de Jaime Balme, es que «normalmente» se pelean entre ellos ocasionando molestias por el “jaleo” y el “temor a que se dañen”. “Hace poco tuvieron una riña y trataron de atropellar a uno de los jóvenes con el coche”, relata.

Placeta Jaime Balme

Huellas del banco que los vecinos desmontaron en Jaime Balme para evitar el botellón.

Aparte de las repentinas refriegas, su disponibilidad horaria suele ser, al parecer, excesivamente holgada. “Desde primera hora de la mañana pueden congregarse aquí, no hace falta que sea de noche o fin de semana”, detallan en un bar cercano a la plaza.

Pocos se atreven, sin embargo, a hablar del tema en la calle. “Aquí hay muchos mayores que viven asustados y, desde luego, son incapaces de llamarles la atención por temor a represalias”, cuenta una mujer, mientras lanza miradas furtivas a los alrededores por si alguien la oye.

No lejos de allí, en la plaza Gustavo Adolfo Bécquer los residentes contestan en estos mismos términos cuando se les pregunta por el botellón: gesto afirmativo y movimientos huidizos hacia atrás para mantener cubiertas las espaldas. Es en el interior de sus pisos donde los afectados que, en algunos casos dicen sentirse “amenazados”, se sinceran. “Estamos viviendo una pesadilla: 24 horas sin poder dormir ni descansar por la algarabía que forman”, lamenta una mujer mayor que guarda –reconoce- una estatuilla pesada en la entrada para defenderse “por si intentan entrar”.

placeta Gustavo Adolfo Bécquer

Tres menores apagan su sed con cerveza, en la placeta Gustavo Adolfo Bécquer.

“Trataron de abrirme la puerta con el carné y ya no me fío”, susurra sentada en su salón. “Vivo asustada, con los cerrojos echados y sin abrir a nadie”, sostiene. «Normalmente forman escándalo a cualquier hora del día o la noche. Nunca se sabe cuándo comenzarán y, lo que es peor, cuando acabarán. Estamos pasando mucho”, se entristece, insistiendo en que se mantenga su anonimato en todo momento.

Según relata, en esta plaza se concentran “entre ocho y diez menores de edad para beber, fumar y consumir otras sustancias» que adquieren en las inmediaciones. Reprenderlos “no ha servido de nada” porque “se violentan” y protagonizan “actos vandálicos” contra “quien se atreva a decirles algo”.

“Rompieron las escaleras de uno de los edificios, le pegaron fuego a un portal y al interruptor de la luz. También han hecho pintadas y se han meado en la puerta de los que les regañan”, cuenta esta residente, que echa en falta presencia policial en la zona. “No se trata de que vengan cuando los llamamos porque ya no aguantamos más”, afirma.

Normalmente se pelean entre ellos ocasionando molestias por el jaleo y el temor a que se dañen

Subraya sus palabras la mayoría de los afectados. Su deseo -mantienen- no es que los desalojen «como si fueran criminales» cuando avisan a la Policía Local por «el escándalo» a horas intempestivas. «Somos conscientes de solo quieren pasar un buen rato y entretenerse con los colegas, pero deben respetar también nuestro descanso”, sostienen los perjudicados, para los que “de haber agentes en la zona usualmente” su presencia ejercería un “efecto disuasorio”.

Así se lo han transmitido «impotentes» a la asociación de vecinos Zaidín Vergeles, que ha elevado sus quejas a la Junta Municipal del Distrito en reiteradas ocasiones para que “se tomen medidas cuanto antes”.

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(29/05/2012)

Comentarios en este artículo

  1. Precisamente de esto hablaba yo hoy con una persona que vive en una de estas placetas de las calles de enfrente del centro de salud. No pueden descansar casi ninguna noche por el ruido de estas personas hasta altas horas de la madrugada muchas veces.

    Vecino de la zona.

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