«Sin justicia social no hay paz»

El Zaidín amanece ‘poblado’ de maniquíes de madera con mensajes sobre la dramática situación social actual. La original denuncia, que ha despertado el interés de todo el barrio, forma parte de los actos promovidos por la Red de Mujeres para conmemorar el Día mundial de la Paz y la No Violencia.

Día de la Paz

Las figuras de madera han llamado la atención de numerosos viandantes.

«Tengo un trabajo precario y no estoy asegurada»; «Llevo cuatro meses sin cobrar»; «Vivo de la caridad, pero yo quiero trabajar»; «No puedo pagar la matrícula de la Universidad»; «me han desahuciado»… El Zaidín ha amanecido poblado de decenas de figuras de madera con forma de personas que exhibían mensajes como éstos para denunciar la dramática situación social que sufre la mayoría de la población.

Los misteriosos maniquíes han despertado el interés de todo el barrio, que se ha visto reflejado en los gritos de socorro que lanzaban. «Son un espejo de la cruel realidad que sufrimos», refería una vecina, mientras leía con detenimiento cada ‘bocadillo’. No es la única a la que han llamado la atención las figuras de distinto tamaño, convertidas en objetivo de miradas y mecha de acaloradas conversaciones sobre «la necesidad de cambiar las cosas». «¿A quién se le ha ocurrido esta protesta tan original?», ha sido la pregunta más repetida.

red de mujeres del zaidin

Los maniquíes se han colocado en zonas estratégicas del barrio.

La iniciativa, promovida por la Red de Mujeres del Zaidín, reivindica la necesidad de conquistar la justicia social para que haya paz. «Nos están dejando sin derechos, lo que supone vivir en conflicto permanente», exclama colectivo que, no por casualidad, ha escogido esta fecha para desarrollar la actividad. Cada 30 de enero se conmemora el Día de la Paz y la No Violencia, coincidiendo con el aniversario del asesinato de Gandhi.

Precisamente para recordar esta efeméride mundial, la Red ha decidido dejar un mensaje claro: «sin justicia social no hay paz». La respuesta del barrio no se ha hecho esperar. «Los banqueros y políticos nos han declarado la guerra. Con cada derecho que nos arrebatan nos desarman más. ¿Y qué podemos hacer si nuestra participación se limita a un triste voto cada cuatro años con el que hacen después lo que quieren», reflexiona junto a uno de los carteles con este lema un vecino que prefiere no desvelar su identidad. Ver estos mensajes -infiere- es como escuchar «el SOS de una sociedad que se desangra por los recortes».

red de mujeres del zaidin

Entre los temas que se han denunciado destacan la Educación, la Sanidad, el derecho al trabajo y la vivienda.

Detrás de las palabras de cada maniquí, efectivamente, la cruda realidad de miles de rostros anónimos del Zaidín. «A mi hija la han desahuciado. Una pila de años pagando la casa, ¿para qué? Para quedarse en la calle con los niños. Trabajaba en unos multicines, pero se quedó en paro. Habló con el banco para ver si le rebajaban la hipoteca porque ya no podía afrontar los 900 euros al mes de cuota. En lugar de llegar a un acuerdo para que la criatura pagara un poquito menos, la han echado a la calle. ¿Hay derecho?», cuenta Paco, al que todos conocen como ‘El Vaquero’. «¿Sabes por cuánto ha subastado el banco su piso? Por 12.000 euros», recrimina este pensionista. «Mi vida no ha sido nada fácil, continúa. Desde niño he tenido que trabajar muy duro en el campo. Ni siquiera pude ir a la escuela y pasaba hambre. Soñaba con poder darle a mis hijos otra cosa y, fíjate, más de medio siglo después estamos como entonces, no vamos a mejor», resalta entristecido, aunque «sorprendido gratamente» por esta «ingeniosa protesta», a la que se sumarán otras actividades esta tarde también promovidas por la Red de Mujeres.

Tragedias similares a las de Paco se han sucedido junto a las figuras de madera con las que «resulta difícil no sentirse identificado»: «Tengo tres hijos que han perdido la casa. Dos de ellos han tenido que irse fuera. Uno a Francia y otro al norte de España para buscar trabajo. El tercero vive ahora con nosotros», cuenta Ángeles afligida. «Dicen que no nos han tocado la paga. Pero no es cierto. Con nuestras pensiones de menos de 600 no solo hacemos frente a la subida de precios, sino que mantenemos a hijos y nietos. Antes de que ellos pasen hambre, lo hacemos nosotros», exclama por su parte, Antonia Molina.

Las escasas pertenencias de una joven sin hogar en la sucursal donde dormía.

Lo cuenta a escasos metros de una sucursal bancaria donde reposan unas desvencijadas maletas, junto a varias bolsas de las que sobresalen unas raídas ropas junto a un desgastados zapatos. Aunque la escena parece formar parte de la creativa campaña de la Red, en realidad cuenta otra dura historia también derivada de un sistema que antepone la economía a las personas. El maltrecho y abandonado equipaje pertenecía a una joven sin hogar que llevaba más de una semana viviendo en la puerta de esta oficina cerrada. «Se notaba que había perdido la cordura por sus duras circunstancias. Debía tener poco más de 30 años. Estaba desamparada, desahuciada y lo único que tenía eran esas maletas y unos cartones para cobijarse», cuentan vecinos de la zona, que alertaron a los servicios sociales. «Al final terminaron llevándosela este fin de semana. Confiamos en que puedan ayudarla porque daba mucha lástima verla así», reconocen, haciendo hincapié en que «esto no puede seguir así».

De ahí la necesidad -coincide la mayoría- de reivindicar «un cambio» con iniciativas como las de esta mañana, que ha servido de desahogo y concienciación colectiva, pero también de revulsivo. «Deberíamos unirnos todos los colectivos para salir a defender nuestros derechos», se oía en distintos corrillos, dispuestos a «plantarse para decir basta». Otros, mas derrotistas, subrayaban en cambio la imposibilidad de hacer nada. «Esto no lo cambia nadie», sentenciaban.

(30/01/2013)

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