Stop al desahucio de la Casa del Aire

Un grupo de unas 200 personas se han concentrado este miércoles en la Casa del Aire, situada en el número 7 de la calle Zenete del Albaicín, para evitar que su penúltima inquilina, Clara Martínez, fuera deshauciada.

Casa del aire. Desahucio

Clara Martínez aguarda en el interior de la Casa del Aire la orden de desahucio que finalmente no llegó.

«De aquí no me muevo, no pienso ir a ningún lado«. Manuel Prieto juega con su nieto de corta edad en el patio apuntalado de la vivienda, a la vez que atiende a los medios de comunicación que se interesan por sus condiciones de vida en la desvencijada Casa del Aire, una de las pocos inmuebles de paso catalogados del bajo Albaicín  donde lleva residiendo los últimos 31 años.

Él ha logrado sortear el desahucio; no así su única vecina, Clara Martínez, una mujer de mediana edad que lleva 22 años en la Casa del Aire y a la que hoy arroparon unas 200 personas dispuestas a servir de barricada humana para que no se hiciera efectiva la orden del desalojo a instancias del Juzgado de Primera Instancia número 18.

No es que Manuel no tenga donde caerse muerto. Sabe que cuenta con el apoyo de ciudadanos que esta vez no le van a dejar tirado como los que propiciaron hace una década el cierre de Cetarsa, la tabacalera donde trabajaba que dejó en la calle a 231 trabajadores. Con una ayuda social de 426 euros al mes -de los que 88 destina al alquiler de renta antigua- se ha convertido, junto a su vecina Clara, en símbolos de la resistencia frente al imperturbable e indiferente trato de las inmobiliarias.

Por la Casa del Aire se airearon hoy muchas confidencias -a modo de denuncia- de ciudadanos que siguen creyendo que no es una utopía el derecho a una vivienda digna, un renglón de la Constitución que luce bien como eslogan pero que pocos se toman en serio.

Casa del Aire. Desahucio. inquilino

Manuel Prieto, el último inquilino de la Casa del Aire, atiende a periodistas.

En la estrechez de una calle castigada como es el Zenete, se agolparon junto a la puerta del inmueble unas 200 personas, en su mayoría jóvenes, las suficientes para taponar la entrada. En esa lucha que la propia Clara emprendió hace siete años con la inmobiliaria propietaria Edivara-Varasol figura ya una simbólica victoria, pues la notificación del desahucio no se hizo efectiva, según informaron fuentes policiales, porque el Juzgado no lo ordenó.

A nadie escapa que la corriente ciudadana que se extiende por toda España para evitar que las inmobiliarias o los bancos acaben expulsando a familias enteras ha espoleado a muchos de los ciudadanos indignados, a la vez que desenmascarado a unos pocos, a los que en definitiva sacan rédito. Son muchos los desalojos que se han paralizado en los últimos días. Y los allí presentes lo sabían.

Pero hay muchas maneras de ponerte de patitas en la calle. De hecho, Clara ya no reside en la vivienda -por la que pagaba 166 euros al mes-, entre otras razones, porque resulta imposible hacerlo en condiciones dignas. Los que conocen el edificio hacen de improvisados guías a los periodistas que se interesan por su estado. No es para andar como Pedro por su casa. Resulta temerario. Y es peligroso porque, según los inquilinos, Edivara-Varasol busca la declaración de ruina de un edificio apuntalado que le permitiría ahorrarse indemnizaciones. Los inquilinos sostienen que la inmobiliaria ha ordenado destrozar los dobles techos sin preocuparse de recoger los cascotes, tapiado puertas y abierto ventanas para acelerar el deterioro. «Nos cortaron la luz de la escalera e intentaron hacer lo propio con el agua«, explica Clara, quien logró, con un grupo de vecinos expulsados hace algo más de un año, la catalogación histórica de la casa para evitar que se convirtiera en pisos de lujo, según el propio proyecto que la inmobiliaria propietaria llegó a promocionar en su web. Ésta, según la documentación mostrada por Clara Martínez, contrató una hipoteca por valor de 269.000 euros por otro edificio del Albaicín, para lo que puso como aval la propia Casa del Aire.

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Concentración para impedir el desahucio de Clara Martínez.

Los vecinos se quejan de que Edivara-Varasol ha hecho caso omiso a los requerimientos que lleva haciendo la Gerencia de Urbanismo para su inmediata rehabilitación. Tanto es así que el Ayuntamiento de Granada se vio obligado a realizar obras urgentes de seguridad de forma subsidiaria, según relata la afectada. «Son ya siete años defendiendo nuestra casa contra la invasión de las inmobiliarias, sin creer en las amenazas», censura.

Enmanuel Chamorro, miembro de la Asamblea 15 de Mayo y conocedor de los pormenores del progresivo desalojo de la Casa del Aire, considera «injusto» que vecinos que han formado parte del tejido social del barrio «sean expulsados por el interés de unos pocos y fruto de la especulación». «El Albaicín bajo se lo han cargado», sentencia.

Entretanto Manuel Prieto, al que no han podido echar por disponer de un contrato indefinido, avalado por los jueces en primera y segunda instancia, cuenta que cuando los propietarios vendieron a precio de ganga el inmueble, «muchos vecinos se fueron porque se les dijo que iban a derribar el edificio en un mes«. Asegura que Edivara le ofreció 6.000 euros por abandonar el edificio. «Mis dos hijos han nacido aquí, he vivido toda mi vida en el barrio. De hecho, nací en la otra casa de paso del Albaicín, y de aquí no me muevo«, asegura.

Desde el exterior llegan los gritos de apoyo. «Este desahucio lo hemos parado«, corean al unísono los concentrados que desplegaron varias pancartas, entre ellas, una alusiva a la necesidad de hacer frente a lo que consideran una epidemia: ‘Alto a la plaga inmobiliaria’.

Comentarios en este artículo

  1. […] noche del miércoles en la desvencijada Casa del Aire, situada en el número 7 de la calle Zenete. El objetivo es impedir que se ejecute el desahucio, una medida que ya se logró este verano cuando decenas de personas se concentraron en las inmediaciones del edificio. En aquella ocasión, […]

    Amenaza de desalojo en la Casa del Aire | GranadaiMedia
  2. […] La estrecha calle del Zenete, en el bajo Albaicín, ha permanecido taponada toda la mañana. Para evitar sorpresas, muchos de ellos han pasado la noche con sacos de dormir, mientras otros vigilaban a primera hora del día los accesos del Albaicín para alertar de la presencia policial. Al menos, siete vehículos policiales se han apostado desde temprana hora en distintos puntos de la calle y Puerta Elvira, a la espera de la orden judicial. Una orden que, por segunda vez en pocos meses, no se ha hecho efectiva. […]

    sigue en el aire | GranadaiMedia
  3. […] Stop al desahucio de la Casa del Aire […]

    Otro intento de desalojo en la Casa del Aire | GranadaiMedia

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