Compartiendo hogar con un fondo buitre

Rosa y Emilio llevan desde hace más de tres años luchando junto a Stop Desahucios.

Rosa y Emilio llevan desde hace más de tres años luchando junto a Stop Desahucios.

Vítores y pancartas contra la especulación bancaria han llenado esta mañana la plaza Isabel la Católica, donde más de 200 personas convocadas por Stop Desahucios se han concentrado para respaldar a Rosa Ruiz y Emilio Linares, un matrimonio del Zaidín con dos hijos que lleva más de tres años luchando para para no perder su hogar.

«Sin vuestro aliento, ya habríamos tirado la toalla», agradecía la pareja con visibles lágrimas contenidas y demasiados sinsabores a sus espaldas. La historia de la familia dio un giro kafkiano en 2012, cuando tras varias movilizaciones para evitar el desahucio ante la imposibilidad de afrontar su hipoteca -ambos se habían quedado en paro- descubrieron que Santander Consumer Finance había incluido su vivienda en un paquete inmobiliario y la había vendido, «con nosotros dentro», a Promociones Residenciales S.L.U., recuerdan.

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Localizar a la empresa para negociar una salida alternativa a la calle ha resultado misión imposible. Tirando de los hilos de su maraña descubrieron que «forma parte de un fondo buitre norteamericano llamado Lone Star” con «conexiones con el propio Santander”, denunciaron en su día. Así, otras tres compañías están inscritas en la misma dirección, entre éstas “Hudson Advisors, su gestora, que comparte personal con el banco de los Botín”, reveló Stop Desahucios.

Hace unas semanas, sin embargo, Rosa y Emilio recibieron noticias de Promociones Residenciales: orden de desalojo para el 30 de julio y una citación a juicio el próximo 27 de abril por ocupar su vivienda. Las notificaciones han despertado fantasmas con los que la familia lleva conviviendo demasiado tiempo: «horas de insonmio, ansiedad, depresión y, en ocasiones, el incontrolable pensamiento de acabar con todo para dejar de sufrir», confesaba Emilio, alentado por el «¡no estáis solos!» que los manifestantes coreaban a su alrededor. «El respaldo de tantas personas borra estas ideas y te da fuerzas para seguir luchando», agregaba.

No solo ellos, también sus hijos -con 19 y 17 años ahora- están sufriendo una dura cuenta atrás -la de los días que restan para la ejecución hipotecaria. Una espera con la que resulta difícil no sentirse en la piel del reo que aguarda la llegada del verdugo que lo arrastrará al cadalso. «El pequeño no duerme, apenas come y se niega a ir a clase desde que recibimos la citación», cuenta Emilio.

Para evitar que la familia se quede en la calle, Stop Desahucios ha iniciado una recogida de firmas que ha entregado al Santander esta misma mañana, coincidiendo con el traslado de la multitudinaria movilización por Rosa y Emilio a la sucursal del banco en Gran Vía.

Emilio: «El pequeño [su hijo] no duerme, apenas come y se niega a ir a clase desde que recibimos la citación»

Ante la presión ciudadana, la entidad financiera se ha abierto a la negociación para dar una posible alternativa a la familia. «De momento ha planteado la posibilidad de un alquiler social en una vivienda del Zaidín». El problema es que el entorno donde se encuentra «es algo conflictivo» y el inmueble en cuestión «no reúne las condiciones de habitabilidad», lamentaba Pepe Iglesias, abogado de Stop Desahucios Granada. «También Promociones Residenciales abre la puerta a condonar la deuda si la familia abandona su casa en un plazo determinado de tiempo», añadía.

Dado que la pérdida de su hogar parece inapelable, el matrimonio está decidido a continuar la lucha hasta no tener una propuesta por escrito que incluya una vivienda digna. «Ya que hemos esperado tanto, no nos importa hacerlo un poco más», señalaba Rosa, que ha necesitado asistencia médica tras sufrir un desvanecimiento.

De su sufrimiento -como el de otros muchos ciudadanos anónimos en su misma situación- no hablan las cifras de desahucios, en las que solo encajan números. Tampoco las cuentas de resultados de los bancos, que «han hecho caja del drama de las miles de familias que, como la de Rosa y Emilio, no han podido hacer frente a su hipoteca», denunciaban los presentes, que han compartido un grito unánime: «Si no hay solución, habrá más presión».

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