Para terremoto gordo, el de 1956

Granada ha vivido en los últimos días varios movimientos sísmicos de cierta envergadura, temblores que a los más mayores les han hecho recordar un episodio mucho más terrible: el del 19 de abril de 1956, que se cobró trece vidas

terremotos Granada

Muchos granadinos salieron a la calle la noche del martes tras la serie de terremotos registrados en municipios del cinturón que se sintieron con bastante intensidad. Foto: Lucía Rivas

Los terremotos que se han sentido durante el último tramo de enero de 2021 en Granada nos recuerdan que esta es una zona de alta actividad sísmica, probablemente la que más en toda la península ibérica, al tratarse de un lugar en el límite entre la placa tectónica euroasiática y la africana.

Esto, en realidad, no es nada nuevo. Los expertos aseguran que se producen alrededor de 2.000 movimientos de tierra al año, aunque por fortuna la inmensa mayoría son imperceptibles. De lo contrario, esto sería un sinvivir. Ahora sí que se están apreciando, y eso lógicamente preocupa. Porque aunque su magnitud no ha sido muy elevada (el del sábado 23 de enero, con epicentro en Santa Fe, fue de 4,4 grados en la escala Ricther, y ninguno de los tres que se notaron el martes 26 superó los cuatro grados y medio), sí lo ha sido su intensidad, ya que se han localizado muy cerca de la superficie terrestre. 

De todas maneras, por el momento sólo ha habido que lamentar algunos daños materiales y los especialistas no ven motivos para pensar que la situación vaya a empeorar. 

Un terrible 19 de abril en Granada

Entierro de personas fallecidas en Atarfe en aquel desgraciado suceso. Foto del blog de Antonio Aretxabala

Este mismo fenómeno de ahora también tuvo lugar a las 19:39 horas del 19 de abril de 1956, aunque con resultados mucho más dramáticos. Fue un terremoto muy cercano a la superficie y con epicentro junto a núcleos poblados. Sobre todo dos, Albolote y Atarfe, que fueron los municipios que se llevaron sin duda la peor parte. Causó trece muertos y setenta heridos, dañó más de 600 viviendas (200 de ellas quedaron en ruinas) y, además de provocar desperfectos en esos dos pueblos, también tuvo efectos en Granada, Peligros, Santa Fe, Maracena, Pulianas o Armilla. El Grupo de Investigación Geomorfología, Territorio y Paisajes en Regiones Volcánicas (Geovol), dependiente de la Universidad de Castilla-La Mancha, lo considera uno de los seísmos más destructivos de cuantos hubo en España a lo largo del siglo XX. 

«Esto de ahora es una broma comparado con lo que pasó entonces», comenta José Ángel Marín, que tenía 9 años cuando, paseando cerca de su casa del Albaicín, ubicada en la calle San Agustín, notó algo a lo que no daba crédito: «Las paredes de las casas parecía que iban a unirse de una acera a otra por los tejados». Este cerrajero y forjador, jubilado desde hace tiempo, asegura que después ha vuelto muchísimas veces a ese sitio y ha pensado que lo que vio era imposible, pero así lo recuerda, como también que los padres recogían a los niños de la calle «llevándoselos bajo el brazo, como si fueran corderillos» y que vio a mucha gente llorar y abrazarse asustada. 

Marín tiene la certeza de que el colegio en el que estudiaba entonces, el actual Gómez Moreno (entonces llamado Alcazaba Cadima), sirvió para albergar a personas de Atarfe y Albolote que se habían quedado sin hogar. Esa misma información es la que ofrece Sara Arteaga, actual directora del centro educativo, aunque Miguel Carrascosa, que ocupó ese mismo cargo a principios de los años sesenta, la desmiente. «El colegio sí que sirvió para acoger a personas sin casa, pero no fue por ese terremoto sino por unas inundaciones que hubo pocos años después y que causaron muchos daños en el Albaicín y el Sacromonte», matiza. 

Epicentro y zona afectada principalmente por el terremoto de 1956. Foto del FB de la asociación Geovol

Carrascosa tiene un leve pero curioso recuerdo del seísmo del año 1956. Por entonces vivía y trabajaba como profesor en Iznalloz, donde también se sintió. «Fue poca cosa, pero a mí me dio por decir que había sido un terremoto, casi en broma, y al día siguiente vi en el periódico lo que pasó», cuenta. Su mujer, María del Amor Porras, residía en Órgiva, que también percibió el movimiento sísmico. «En la habitación donde estábamos había una radio de esas antiguas. Se cayó y se hizo añicos», explica. 

Magnitud e intensidad del terremoto no son lo mismo

«Salió en el NO-DO», rememora Luis Castellón, geólogo que durante muchos años trabajó en el IES Padre Suárez y que fue el cuidador de su Museo de Ciencias. Él no vivía aún en Granada, sino en Málaga, pero aporta su granito de arena técnico para aclarar «una confusión muy común» cuando se habla de terremotos, que es mencionar indistintamente magnitud e intensidad como si fueran la misma cosa.

Para distinguir lo uno de lo otro pone un ejemplo: «Si hay un seísmo de gran magnitud con epicentro en mitad del desierto del Sahara, se llevará por delante tres camellos y poco más. Eso significa que su intensidad es baja, aunque la magnitud, entendida como la energía que se ha liberado, haya sido alta. El terremoto de 1956 fue de una magnitud relativamente baja, pero con la mala suerte de producirse muy cerca de núcleos poblados. Además, hubo varias reflexiones en una misma zona, lo que quiere decir que varias ondas concurrieron en el mismo epicentro, y esa conjunción creó un efecto espejo que lo hizo más dañino», detalla. 

Una vivienda totalmente destrozada en Atarfe. Foto de la web www.atarfe.es

«Algunos testigos hablan de globos de fuego en el cielo -posible ionización del aire- y de la salida de llamaradas de una grieta abierta en el paraje de Tajo Colorado, en Sierra Elvira, donde la tradición popular sitúa la presencia de un viejo volcán apagado», indica en la página de Facebook el grupo investigador Geovol. «Las ayudas oficiales, pese a la visita de Franco y sus ministros el 5 de mayo a las localidades afectadas, fueron escasas y tardaron muchos días en llegar. Los damnificados vivieron durante más de tres meses a la intemperie y posteriormente en tiendas de campaña instaladas por el ejército. Se registraron 116 réplicas importantes entre el 19 de abril  el 8 de mayo. Los testigos hablan de movimientos continuos del suelo con una duración de vibraciones superpuestas de cerca de una hora y media. En Granada, las ondulaciones percibidas en el suelo deformaron las vías del tranvía de la ciudad. En Madrid y en Ciudad Real, muchas personas salieron a la calle asustadas por el movimiento sísmico». 

Ese terremoto, en cambio, no se notó mucho en Sierra Nevada, pese a la altitud. Lo cuenta Lolo Carmona, a quien el temblor lo pilló allí, en una excursión con sus compañeros del Preu (lo que luego se llamó COU) del colegio de los Maristas en el recordado tranvía de la Sierra. «Tardamos muchísimo en volver porque el tren paraba en todos los puentes para inspeccionar sobre el terreno», incide quien en su etapa laboral ejerció de visitador médico. «No nos enteramos bien de lo que pasaba hasta que llegamos a la estación y vimos a todos nuestros padres allí, preocupadísimos. Pensaban que si en Granada se había sentido el terremoto, en la Sierra habría sido mucho peor, pero no fue así», añade.

En 1979 volvieron los temblores a Granada

terremotos granada 1979 portada Ideal

Portada de Ideal sobre una de las sacudidas del verano del 79.

Poco a poco, la situación fue volviendo a la normalidad, aunque Granada, como se ha dicho al principio, nunca llegó a librarse nunca de los terremotos. Éstos volverían a ser triste actualidad en 1979. El baile comenzó el 20 de marzo, cuando se produjo un temblor de magnitud 5 en la escala de Ricther y con epicentro en la sierra de Loja. Desde entonces y hasta agosto hubo más de medio centenar, y de ellos catorce de cierta envergadura.

En aquella ocasión no hubo muertos, pero sí se generó una alarma que creció conforme pasaban los días y la preocupante situación se mantenía. Y aunque todavía nadie tenía ni idea de lo que era Twitter, sí que había otro tipo de redes sociales, donde proliferaban los bulos, los rumores y las habladurías. En ese sentido, no eran pocos los que en Granada daban por hecho que eso que estaba ocurriendo no era sino la avanzadilla de un gran terremoto que destruiría por completo la ciudad.

GranadaiMedia contó esos sucesos en un reportaje titulado El verano de los terremotos en Granada, a raíz del terremoto de Lorca. Una historia que recuperamos en 2018, cuando un enjambre sísmico volvió a alterar la tranquilidad de los granadinos. Entonces, como ahora, los expertos tuvieron que aclarar que un terremoto de gran magnitud, cuya supuesta inminencia atemorizó a los vecinos, es imposible de predecir. 

terremoto granada no se puede predecir

¿Qué hacer en caso de terremoto?

Como es posible que la tierra siga temblando en los próximos días, no está de más repasar qué hacer y qué no en caso de terremoto. Los consejos los ofrecen, por ejemplo, el Instituto Andaluz de Geofísica, el servicio de emergencias 112 o la Cruz Roja. Esta última institución pone el acento en algo que muchos se preguntaron cuando, el martes 26 de enero, cientos de granadinos salieron a la calle tras padecer la segunda o la tercera sacudida. ¿Hicieron bien? La respuesta es ésta: «Durante el seísmo, lo más adecuado es permanecer en el lugar donde uno se encuentra, tanto si está dentro de un edificio en la calle, ya que al entrar y salir pueden ocurrir accidentes». 

Eso no aclararía del todo la cuestión: ¿se desaconseja salir después de un temblor, cuando se tiene miedo a que haya otro? Ante eso, algunos arquitectos han tomado palabra para asegurar que los edificios de Granada pueden aguantar perfectamente estos movimientos y que no corren peligro de sufrir daños estructurales. Emilio Carreño, director de la Red Sísmica Nacional, entiende asimismo que lo mejor, si te pilla el suceso en casa, es quedarte allí. Y lo ve de la misma forma Mercedes Feriche, del Instituto Andaluz de Geofísica y de prevención de desastres sísmicos de la Universidad de Granada. 

«Si salimos corriendo del edificio nos puede caer encima escayola, alero, ladrillos… Eso mató a gente en el terremoto de Lorca de 2011. Lo mejor es quedarse dentro, refugiarse llegado el caso debajo de una mesa y protegerse la cabeza», enumera, para añadir que lo suyo sería que todo el mundo se familiarizara con estas recomendaciones y que, por supuesto, llegaran a las escuelas. «Los niños pueden educar a los padres en ese sentido, además de aplicar esas enseñanzas cuando sean mayores a su vida personal y profesional». 

Después de un terremoto

Comentarios en este artículo

  1. Es muy interesante

    Clara Martínez de Dios

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