Pilar ya es inmune y sólo quiere abrazar a sus hijos

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Pilar recibe la segunda dosis de la vacuna contra la Covid en la residencia Fray Leopoldo de Granada. Foto: Delegación de Salud

Le pusieron dos pinchazos que apenas le dolieron y, alehop, Pilar ya está inmunizada contra el coronavirus, ese mal bicho que tantos quebraderos de cabeza lleva dando desde el pasado marzo. Pilar Martín, de 79 años, vive en la residencia de mayores Fray Leopoldo, en Granada, y el lunes 18 de enero de 2021 se convirtió en la primera granadina oficialmente vacunada.

La primera, pero no la única. Ese mismo día se completó el ciclo (o sea, se puso la segunda dosis) a 450 residentes de Fray Leopoldo y de La Milagrosa, en Armilla. El martes, el equipo de vacunadores trabajó en cuatro centros: dos en Churriana de la Vega, uno en La Zubia y otro en Las Gabias. Para el 29 de enero, según las previsiones, ya habrá entre 8.500 y 9.000 inmunizados en la provincia, entre residentes y profesionales a su cargo. 

Maestra de escuela que ejerció en localidades como Íllora o Atarfe, Pilar Martín no recuerda los pinchazos salvo por «un leve dolor en el brazo», pero sí que se acuerda, y muy bien, de detalles de su vida. Sacó las oposiciones en 1963 «y a la primera», empezó a trabajar con adultos sin escolarizar y luego siguió con niños. Siempre muy ilusionada porque la docencia es su vocación. «Mis padres también eran maestros», matiza, como dando por hecho que eso tiene mucho que ver. 

«Yo quiero volver a mi casa»

Se «ennovió» a los 15, se casó años después y tuvo cuatro hijas y un hijo. Les han dado 14 nietos y algunos de ellos ya están «mayorcitos». A su abuela le encanta saber «que ya tienen novios y eso». Igual no le queda mucho para ser bisabuela.

Cuando se quedó viuda siguió viviendo en su piso del Carril del Picón, al que quiere regresar en cuanto pueda pese a que sus descendientes pelean por quedársela. «Una de mis hijas me dice que me vaya con ella a Málaga y se lo agradezco mucho, pero a ver qué hago yo allí, yo tengo mi casa», argumenta. 

Pero está  frita por verlos, eso sí. No como en estos últimos diez meses, que han ido a la residencia por turnos, los domingos, uno por uno y nunca juntos, siempre con mascarillas de por medio y a veces hasta con una mampara de separación. Muy pronto va a tener la oportunidad de darles abrazos y besos. «Me dicen que todavía falta algo para eso, pero ya queda menos, este paso ya lo he dado», explica. 

Mucha ilusión, nada de miedo

Lo ha dado sin miedo alguno. Su deseo de volver a la normalidad y reencontrarse con los suyos ha derrotado con facilidad al reparo que siempre da enfrentarse a algo nuevo. «No tuve miedo, sólo la ilusión de una madre que desea volver a estar con sus hijos», resume. Como la entrevista es por teléfono no resulta fácil saber si se emociona al decirlo, pero oír sus palabras produce como un pellizco en la garganta. 

Además, para ella eso de que le metan una aguja en un brazo no es nada después de lo que pasó hace algunos años, cuando, ya jubilada y viviendo sola, se cayó y se rompió el fémur. No se resiste a omitir los detalles: «Era un sábado de agosto y no había nadie en el bloque. Me pasé todo el día tirada en el suelo y me recogieron por la noche los bomberos, que llegaron no sé cómo. ¡¡¡Me dio una alegría verlos!!!», narra. 

Después de eso, en agosto de 2019, ingresó en la residencia Fray Leopoldo, donde está contenta. Sobre todo porque el servicio de rehabilitación es «muy bueno» y cada vez tiene más movilidad. Así que pronto estará otra vez en el Carril del Picón y no le faltará gente a la que abrazar. Ahora es una mujer feliz que espera que pronto todo el mundo vuelva a serlo. «El año pasado ha sido un año perdido y sólo espero que este 2021 nos traiga cosas buenas y que esto no vuelva a ocurrir», concluye. 

Un paso hacia la normalidad, tras un año de pesadilla en las residencias

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Viales de la vacuna contra la Covid de Pfizer. Foto: Lucía Rivas

 
La población mayor de 65 años ha sido la más vulnerable a la Covid-19, en particular por la alta mortalidad en estas edades. En la provincia de Granada desde el inicio de la pandemia han fallecido 1.132 personas a consecuencia del coronavirus. De ellos, 1.003 tenían más de 65 años. Casi 9 de cada 10. Los distritos sanitarios Granada y Metropolitano son los que más aportan a estas cifras tan dramáticas, con 353 y 517 decesos entre mayores de 65 años, respectivamente.

Desde el mes de marzo de 2020 las residencias de mayores han estado en el ojo del huracán. En las residencias de la tercera edad de la provincia de Granada han fallecido 339 mayores, gran parte de ellos (233) residentes en centros ubicados en el distrito Granada Metropolitano. A nivel nacional, aproximadamente el 47% de las muertes por Covid o síntomas compatibles se ha producido en residencias de ancianos.

Uno de los primeros protocolos establecidos por la autoridades para evitar los contagios fue reducir las visitas y el contacto con familiares, una medida que ha tenido efectos secundarios sobre esta población, como apuntaba la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología. «El aislamiento (…) puede suponer la pérdida de anclajes afectivos y motivaciones, y por tanto pérdida de sentido de vida». A ello se une la incidencia en las capacidades funcionales que tienen las restricciones a la movilidad en estas edades.

No es extraño que el mayor deseo de Pilar, una vez conseguida la inmunidad, sea abrazar a los suyos. Tras casi un año de pesadilla, las residencias de mayores podrán volver a la ansiada normalidad. También en hospitales y centros de salud, cuyo personal está entre los primeros en el calendario de inmunización.

El equipo que lo hace posible

El equipo de vacunadores que se está encargando de las residencias tiene al frente a Mariola Soto. Su cargo es el de directora de la unidad de residencias del Distrito Granada-Metropolitano y responsable de las residencias de Granada y provincia. Una cosa tan larga no cabe en una tarjeta de visita y suena rimbombante para una persona que resume su trabajo con sencillez: «Nuestro objetivo es vacunar al mayor número de gente cuanto antes. Si podemos cambiar la vida de las personas en pocos días, ¿por qué posponerlo?», pregunta. También da pellizco eso, hay que reconocerlo. 

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El equipo de vacunación en las residencias de mayores de Granada, junto a Pilar y Antonio, los primeros residentes en recibir las dos dosis de la vacuna contra la Covid en Granada. Foto: Delegación de Salud

La unidad tiene un itinerario predeterminado. Hasta el 29 de enero se pasará por las 70 residencias de mayores de la provincia, por los centros de discapacitados (hay entre 10 y 15) y por los cinco centros de día para grandes dependientes que dependen de residencias. Es lo que se está haciendo ahora, la primera tarea. Soto asegura que se lleva a cabo «sin incidencias» y que el ritmo de vacunaciones es el previsto. Si ha habido retrasos, como el del 11 de enero, fue cuestión de unas horas y no le da importancia. 

El equipo, integrado por ocho enfermeros, un médico y una administrativa, tiene un horario maratoniano. A las nueve de la mañana recoge las vacunas del centro logístico y se traslada a las residencias que estén en el plan del día. «Cuando llegamos, sus responsables ya están avisados y empezamos rápido», cuenta. La unidad se pasa dando pinchazos hasta al menos las cinco de la tarde. Después viene un trabajo más burocrático, consistente en registrar todo lo hecho en la jornada, mandar los datos a Sevilla para que los conozca Consejería de Salud, establecer el circuito del día siguiente, avisar a las residencias… «Algunos días estamos hasta las diez de la noche», confiesa. 

«Si se cumplen los plazos, el 70% de la población estará vacunada en cinco o seis meses»

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«Podemos vacunar a entre 4.000 y 5.000 personas al día en Granada», asegura la coordinadora del equipo que inmuniza a los mayores de las residencias y el personal sociosanitario que trabaja en ellas. Foto: Lucía Rivas

Pero le da lo mismo. Cree que lo importante es «actuar de forma organizada y distribuir bien los recursos». Dice que eso se está consiguiendo, que no comparte la impresión de algunos críticos que aseguran que todo va más lento de la cuenta. «Estamos vacunando en días festivos, hubo un sábado en el que atendimos a más de cien personas… Se pueden cumplir los plazos y que en cinco o seis meses esté vacunado el 70% de la población», afirma, rotunda. 

Para eso es vital cumplir el calendario a rajatabla. Terminar con las residencias y pasar a los trabajadores de los centros de día y a los grandes dependientes que viven en sus domicilios, a los que puede llegarles el turno a principios de febrero. Más tarde viene la población en general, lo que quiere decir el colectivo más numeroso, empezando por los mayores de 65 años. «Es un grupo brutal en cuanto a tamaño, pero si estamos organizados y tenemos los puntos de vacunación y el personal necesarios, podemos vacunar a entre 4.000 y 5.000 personas al día en Granada», subraya. 

¿Hará falta recurrir a más gente para eso? ¿Será necesaria incluso la ayuda del Ejército, que ya mostró su disposición a hacerlo? Mariola Soto responde que se ha contratado «a todos los enfermeros que estaban en la bolsa de trabajo, a cualquiera que quiera trabajar» y aunque admite que el colectivo está cansado, resalta que los profesionales acuden a su tarea «entusiasmados». Se pone como ejemplo, de hecho: «Yo soy enfermera y lo he pasado muy mal estos diez meses, pero estamos inmunizando a las personas y eso hace mucha ilusión».  En cuanto al apoyo de los militares, lo ve bien. «Si nos organizamos bien y además tenemos a más personal para hacer el trabajo, a más tropa, mucho mejor», zanja, con voz de mujer de acción. Aunque no tanto como castrense.

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