Veranos de cine

La historia del cine de verano del barrio ha corrido paralela a la de su propietario, Julio Álvarez, que con solo 10 años ya ayudaba a su familia a hacer proyecciones ambulantes en la Alpujarra.

Julio Álvarez, junto al proyector del cine.

Julio Álvarez, junto al proyector del cine de verano. © Belén Caballero Sanchis. 2006

Visiblemente afectada, Ava Gadner se roza los labios lanzando un beso de despedida al viejo barco fluvial, que se aleja por las aguas del Mississipi llevándose en su cubierta a los protagonistas, mientras William Warfield entona la famosa canción Ol’ Man River erizando las emociones de la sala.

Algunos vecinos del Zaidín aún guardarán en su recuerdo esta escena de Magnolia, película en Tecnicolor con la que se inauguraba el Central, hermano mayor del cine de verano del barrio.

Corría el año 56 cuando esta sala abría sus puertas. Su fundador fue el padre de Julio Álvarez, propietario de ‘Cinemas Los Vergeles’. La familia se había mudado un año antes al Zaidín, dejando atrás Pampaneira, pero no su relación con el séptimo arte. De hecho, Julio creció junto al invento de los hermanos Lumière: con un proyector ambulante recorrían las fiestas de los pueblos de La Alpujarra fabricando sueños a dos pesetas, el precio que costaba la entrada.

La crisis de los 70 supondría un fuerte varapalo a la familia, que se vio obligada a cerrar el telón del cine Central. Aún se cuentan, sin embargo, anécdotas inolvidables en el barrio ligadas a este lugar: “Estaban proyectando ‘Terremoto’ y, de pronto, las butacas comenzaron a temblar. La coincidencia nos dejó en estado de ‘shock’ a todos porque, de pronto, vivíamos lo mismo que los personajes de la película: estábamos sufriendo un seísmo en Granada”, rememora Rafa, que vive en las proximidades de la antigua sala.

Julio también recuerda esta casualidad: la ficción haciéndose realidad fuera de la pantalla. “Cómo olvidarlo”, sonríe, acentuando la expresividad de sus ojos, por los que han pasado más películas de las que puede recordar. Porque fue él quien recogió el testigo familiar tras el cierre del Central, dedicando su vida a montar cines de verano. El primero de su saga fue ‘Tívoli’, en el Camino Bajo de Huétor. “Un golpe de suerte”, recuerda, lo llevó hasta el solar en el que, hoy día, se levanta ‘Cinemas Los Vergeles’. Lo inauguró en los años 80,  cuando la estética de ‘Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón’ cobraba vida en la calle.

En esos años este cine echó fuertes raíces en el Zaidín. Familias y noviazgos compartían su verano con películas de 35 milímetros al aire libre. Julio se encargaba de que todo funcionara con la ayuda de su mujer e hijos: “arreglaba y mantenía las salas, reparaba y modernizaba el proyector, hacía de empresario y gerente. Además tenía que viajar con frecuencia a Sevilla, donde estaban las distribuidoras, para contratar películas por lotes. Antes se hacía así, aunque la entrada de las multinacionales en el mercado provocó el cierre de estas pequeñas empresas”, relata.

Su perseverancia y su “ilusión por ver que el cine abre sus puertas” cada estío ha permitido que ‘Cinemas Los Vergeles’ sea el único al aire libre que queda en pie en Granada. De hecho, Julio no dudó en rechazar la oferta de compra que Kinépolis le puso sobre la mesa durante la etapa en la que, debido a su jubilación, dejó el negocio y lo alquiló. Tampoco le tembló el pulso a la hora de presentar alegaciones, junto a los vecinos, en contra del cambio de uso del suelo previsto en el solar sobre el que se asientan sus cuatro salas. El Plan General de Ordenación Urbanística (PGOU) de Granada contemplaba convertir en residencial esta zona, destinándola a la construcción de un bloque de viviendas de cinco alturas.

El fantasma de la especulación urbanística, que se sentó a contemplar el ‘The end’ del cine durante 2008, parece haberse disipado, por el momento, gracias a la crisis y al rechazo vecinal a perder el único espacio lúdico-recreativo del barrio.

En apenas un mes volverán a abrirse sus salas. Allí jóvenes y mayores seguirán disfrutando de noches de película en las que el olor a pipas, comida y palomitas se mezcla con el característico aroma del estío. En más de una ocasión se verá entre sus sillas -aunque ahora en calidad de espectador- a Julio, un empresario que no perdió el romanticismo en el camino y que nunca ha dejado de creer en que se pueden vivir veranos de cine.

Comentarios en este artículo

  1. A ver cuántos de nosotros no hemos pasado los veranos enteros ahí metidos…

    Precioso artículo para conocer uno de los emblemas del Zaidín.

    Jmartinreporter
  2. Primera noticia que leo en vuestro recién inaugurado diario y es ¡UNA BUENA NOTICIA!
    Muchas gracias por alegrarme el día.
    Soy un enamorado de los cines de verano y pensaba que el único que quedaba en Granada ya no volvería a abrise.
    Después de varios años escuchando rumores de venta, alquiler, próxima construcción…, vosotros dais un magnifico tratamiento a la noticia con lo que nos habéis permitido conocer lo que verdaderamente ha pasado.
    ESTAS SON LAS NOTICIAS QUE INTERESAN
    Muchas gracias.

    Félix
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