Un viaje para encontrar el rumbo

Viaje a Togo de un grupo de granadinos de la Fundación Takeli

Blanca Cordón, en el primer poblado que visitaron

Lo olvidamos. Lo olvidamos hasta el punto de vivir como si no fuera cierto, hasta el extremo de hacer que nuestras vidas giren en torno a un eje equivocado. Pero en el fondo, más o menos profundo, todos sabemos que la felicidad depende muy poco de las cosas materiales, incluso aunque nuestro modelo de vida se haya construido sobre las bases de un consumismo deshumanizado y voraz que cosifica a las personas y les asigna un valor por lo que tienen.

En Togo, como en otros muchos lugares del mundo, tienen muy poco. Escasea incluso aquello que, desde nuestra percepción, es el mínimo imprescindible no para vivir, sino para sobrevivir. Y pese a todo, viven con alegría. Así lo relata Blanca Cordón, una vecina de la Chana, ya conocida en el barrio por sus iniciativas solidarias, que viajó hasta allí este verano junto a la Fundación Takeli, de la que es socia, para llevar material escolar, ropa y medicinas.

Viaje desde Granada a Togo con la Fundación Takeli

Una niña, en una calle de Lomé, la capital de Togo

Lo hizo junto a otras dieciséis personas de Granada, con la certeza de que esta acción aislada no iba a cambiar el mundo, pero serviría de algo. Y así fue. Porque según asegura, el material llegó, se repartió y dio un poco de aire fresco a familias acostumbradas a vivir sin oxígeno. Y sólo por eso, por la sonrisa de los niños al recibir lápices y libretas, por el alivio del pequeño que es apadrinado y sabe que podrá ir a la escuela, sólo por eso, «sin duda, merece la pena».

Cuando Blanca partió junto a su marido y otras quince personas hacia Togo lo hacía «con un nudo en el estómago» y dejando en casa una situación extrema que abandonaba «con mucho dolor». «Finalmente decidí irme porque sabía que allí podía hacer más que aquí; no me iba al Caribe, iba a ayudar en lo que pudiera», explica.

Y así lo hizo. El primer problema, y también la primera muestra de solidaridad, llegó en el aeropuerto, cuando les impidieron facturar el exceso de carga. «Podíamos llevar 23 kilos cada uno, pero claro, las mediciones las habíamos hecho en casa y al llegar allí comprobamos que nos habíamos pasado». La reacción fue inmediata. Primero suplicar, después quejarse ante los presentes y finalmente reorganizar la carga, llenar al máximo el equipaje de mano y prescindir de lo ‘menos imprescindible’.

«Mucha gente ajena al grupo se ofreció a usar sus maletas de mano para llevar cosas, pero era un viaje con escala, así que fue imposible», relata Blanca. «Una vez pasado todo y ya en el avión, un hombre me buscó para darme 20 euros y que los llevara a Togo. Ese dinero lo empleamos en la casa de las mujeres con SIDA que viven allí con sus hijos».

Después de un largo viaje, llegaron a su primera parada, Lomé, la capital.  «Lo que más me llamó la atención de aquello, más allá de la pobreza visible, es que todo el mundo hace su vida en la calle«, explica. Allí eligieron un poblado al azar al que destinarían parte del material escolar, las medicinas y la ropa. Los profesionales sanitarios que viajaban en la expedición estuvieron pasando consulta en el dispensario, y el resto del grupo se dedicó a hacer el reparto.

Viaje desde Granada a Togo con la Fundación Takeli

Un niño toma el pecho de su madre en un poblado del norte de Togo

Tras dos días allí, se trasladaron al que sería su destino durante otros diez días, aproximadamente: Bondjonde, en la provincia de Sotouboa. «Nos recibieron increíblemente bien. Lo más llamativo era la gran cantidad de niños que había. Recuerdo que cuando íbamos a comer los del grupo (teníamos una lata de atún para cada dos y nos hicimos un bocadillo) todos los niños nos rodearon. Fuimos incapaces de abrir la boca y, finalmente, les dimos los bocadillos».

Viaje desde Granada a Togo con la Fundación Takeli

Un niño, tras encontrar las gafas ‘nuevas’ que había perdido

La rutina diaria de la expedición consistía en visitar distintos poblados de la zona para hacer el reparto de material, organizar juegos con los niños, pasar consulta (los médicos) y ayudar en lo que fuera necesario. «Para la gente de Bondjonde, Ramón Takeli (Raymond Takeli) es una persona importantísima, porque consiguió salir de la pobreza, viajar a Europa, estudiar, ser profesor y crear una fundación que a lo largo de los años ha construido escuelas, pozos, dispensarios, y ha luchado por conseguir que los niños vayan al colegio», detalla Blanca.

De hecho, Bondjonde es la única localidad del país en la cual la matrícula está totalmente subvencionada y todos los niños pueden acceder a la educación básica. Desde 2005, año en que se creó esta pequeña ONG en Padul, hasta hoy, son muchos los proyectos que se han llevado a cabo en Togo. Y cada año un grupo de socios viaja a este país para llevar material y conocer de cerca la realidad togolesa.

Cómo se puede ayudar

En el Centro Cívico de la Chana se instaló a principios de verano un punto de recogida de ropa, material escolar y medicamentos. La recaudación iría a parar a una nave cedida por Molina Olea para pasar después a un contenedor que tenía prevista su salida rumbo a Togo el 28 de junio. Pero, como explica Blanca Cordón, «no había suficiente material para llenarlo del todo y, como el envío es muy costoso, aún se está recogiendo material para poder enviarlo cuando se llene, en Navidad o Semana Santa».

Con las lluvias de finales de septiembre, la nave donde se almacena el material se inundó parcialmente y parte de la recolecta, especialmente los medicamentos, ha tenido que ser desechada. Ahora hay que acondicionar nuevamente las cajas, tirar lo que no sirva y lavar la ropa que se haya mojado.

Quien así lo desee, aún puede colaborar. Sólo tiene que llevar a la Chana ropa (de verano o entretiempo), juguetes, sábanas, toallas, colchones, material escolar de todo tipo o medicamentos. También es posible apadrinar niños (por 15 o 20 euros anuales, «que allí es mucho»), a través de la web de la fundación, hacerse socio o hacer alguna donación económica.

(12-10-2012)

Comentarios en este artículo

  1. Muchas gracias Rocio, me has emocionado con tu reportaje, has hecho que vuelva a vivirlo todo.
    Muchas gracias amiga.

    Blanca Cordón Martin
  2. Es muy emocionate ver que hay personas que son capaces de cambiar sus vacaciones por participar en este tipo de expediciones, que en definitiva no es otra cosa que hacer felices a seres que lo necesitan y que no tienen ni lo más elemental…. Mi enhorabuena a todas las personas que partisteis en la expedición y cumplisteis con vuestro objetivo.

    Maria Jose
  3. Bodjondé es un poblado maravilloso con gente muy acogedora..

    Carlos J.

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