El ‘milagro’ llega de las alturas

La visita al campanario de la iglesia de San Nicolás, en el corazón del Albaicín, se ha convertido en un atractivo más para visitantes y vecinos del barrio. El párroco, con ayuda de la Asociación Amigos de San Nicolás, cobra dos euros por persona para tratar de recaudar dinero con el que rehabilitar el templo.

Alhambra

Vista de la Alhambra desde el campanario de la Iglesia de San Nicolás.

Una mujer de mediana edad atiende las explicaciones del párroco de la iglesia de San Nicolás a cerca del día que con pesar tomó la decisión de suspender los oficios religiosos en el templo. “Fue un domingo de hace dos años. Se cayó un trozo de la cubierta en plena misa. En ese momento había unos treinta fieles y gracias a Dios no pasó nada”, relata Javier Alaminos, el cura de las iglesias del Albaicín que aún están en pie. Sonríe cuando la mujer exclama que podía haberse convertido en una “misa de difuntos”, y vuelve a agradecerle a la divina providencia que intercediera para evitar una desgracia.

Hoy le acompaña Pedro, un vecino mayor del barrio del Albaicín que forma parte de la Asociación Amigos de San Nicolás, el colectivo de voluntarios que con distintas iniciativas está participando en la rehabilitación de esta iglesia del siglo XVI. Detrás de una mesa  situada en el interior del templo, invitan a los vecinos y turistas a contemplar desde el campanario -previo pago de dos euros– las vistas privilegiadas de la Alhambra, el valle del río Darro donde se enclava el Sacromonte, o la trama urbana de esa parte de la ciudad que amenaza con invadir más la vega.

La oportunidad de disfrutar de la panorámica no siempre se presenta. Despierta interés no sólo en los turistas que aterrizan en el popular mirador de San Nicolás, también entre muchos vecinos a los que les seduce la idea de conocer otras perspectivas de la ciudad.

En el reverso de la entrada y en un panel a pie de campanario se advierte de que la escalera de subida a la torre no cumple en su totalidad las exigencias en lo concerniente a seguridad y accesibilidad, por lo que se recomienda la máxima atención a las señales. Es una estrecha escalera de hierro que se enrosca a cada paso, pero que da sensación de firmeza y no de peligro. Una vez en el campanario, las vistas del paisaje son fascinantes. Es tiempo para la contemplación, la meditación o el regocijo que cada cual trata de grabar en la memoria o inmortalizar en una o varias instantáneas.

La iglesia de San Nicolás fue construida en 1525 sobre una mezquita y, a lo largo de su historia, ha atravesado por varias vicisitudes: desde incendios por la caída de rayos a la quema por parte de anarquistas. En la nave central, de planta rectangular, con capillas a los laterales, se han apilado los bancos de madera sin demasiados reparos.

La imagen del interior no es precisamente cautivadora. El propio párroco no se recata a la hora de calificar de “vergüenza” su estado. Y eso que ha mejorado gracias a un préstamo de 80.000 euros que, según el sacerdote, avaló el Arzobispado de Granada, además de una ayuda económica del Ayuntamiento a través de la Fundación Albaicín. Dio para desmontar la teja y la armadura deteriorada, instalar una cubierta provisional de placa ondulada, quitar las humedades provocadas por la fuente, cuyo pilar ha desaparecido, y adecentar algunas partes de la fachada.

Una máquina de refrescos en la Iglesia, todo un signo de modernidad

De las palabras del párroco se desprende cierto enojo con la Delegación de Cultura de la Junta de Andalucía por el retraso en la aprobación del  proyecto de rehabilitación integral de la iglesia. Dice contar con el “entusiasmo” de la Curia y de la ayuda desinteresada de un vecino, dispuesto a sufragar buena parte de la reforma; pero teme que la crisis y el exceso de celo de la Comisión de Patrimonio de la Junta de Andalucía ahuyenten a los benefactores.

El sacerdote agradece la labor del voluntariado. Desde hace algún tiempo, la Asociación Amigos de San Nicolás se encarga de organizar actividades como la última gala de poesía y flamenco que promovió el periodista recién fallecido Enrique Seijas, del que el párroco guarda un excelente recuerdo por “su entrega y su capacidad para contagiar al grupo de amigos de San Nicolás”.

A la salida, junto a una mesa donde se venden acuarelas de paisajes granadinos que han sido donadas por un vecino, se ha colocado un cepillo en el centro para que cada cual deposite, si lo desea, una limosna. En uno de los laterales llama la atención el luminoso de una máquina de refrescos, el único signo de modernidad dentro del templo.

 

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(1-8-2012)

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